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¿Separación de poderes?

Me enerva esa gran mentira en la que se basa la democracia, y que no se da en ninguno de los países en que pretenden que ése es el modelo. Pero, como nos toca ir de lo local a lo global, más me revienta aquí. ¿Puede caber una división de poderes tal en que uno y otros no están entremezclados por intereses más o menos espurios? ¿Por procedencia de clase de las personas que los componen? ¿Por ideología? ¿Por género?...

Pues no hay más que ver las sentencias que nos agitan el día a día para comprobar que eso no es cierto en los tribunales del Estado español. Ahí tenemos los últimos juicios políticos -18/98; Jarrai, Haika, Segi; Iñaki de Juana, o nuestra gente joven- para concluir que no es así. Ahora, cae la última del Supremo. Este, con absoluto menosprecio de las normas, sentencia que la celebración del Alarde de Hondarribia en 2001 por parte de colectivos privados no incurre en «discriminación por razón de sexo». El Supremo español explica que no hay discriminación porque el Alarde «es una actividad privada», que «no impide a quien lo desee» organizar otros desfiles.

No me cuesta imaginar al alcalde, Borja Jáuregui, a quien le gusta autocalificarse de jurista, descorchando champán -nada de cava ¡que para algo están en la muga!- celebrando la sentencia. Aun sabiendo que atenta contra la Constitución, el Estatuto de Autonomía, la Ley de del Estado español sobre espectáculos públicos y actividades recreativas, contra la de la CAPV... por no mencionar la Ley de Igualdad entre Hombres y Mujeres, que ésta se la trae al pairo hasta a quien más la ensalzo, léase lehendakari. ¡Vergüenza me da que sea el PP quien critique que esa Ley no se haya desarrollado!

No creo en la separación de poderes -legislativo, ejecutivo y judicial- porque los intereses comunes son demasiados. Pero, además, porque creo que el componente ideológico y de género está ineludiblemente presente en los hombres y mujeres -pocas- que están al más alto nivel en los mismos. Miremos el judicial. En cuanto a los condicionantes ideológicos no hay más que ver las batallitas entre progres y conservadores -más eufemismos- para acaparar poltronas. Entre los de género, no necesariamente de sexo, ver cómo aplican el principio de igualdad de su sacrosanta Constitución. Y digo que no es cuestión de sexo, porque quizás nos encontremos con jueces que están más allá de estereotipos de género que las mujeres que están ahí. A éstas les ha costado mucho llegar y, demasiadas veces, les cuesta reconocer que no es sólo debido a sus méritos, sino que son deudoras de todas las que han peleado por ellas.

En fin. Hoy pensábamos hablar de economía: paro, FSM, Davos... y, en su lugar, tendremos que concluir que lo que interesa en los Alardes es la economía procesal: dejémonos de recurrir a esa Justicia que no existe y sigamos año tras año reivindicando lo nuestro. El derecho a participar en igualdad de condiciones mujeres y hombres en los Alardes de Irun y Hondarribia.

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