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Mikel CHAMIZO

Rendering Schubert

La noche del lunes deparó a los melómanos donostiarras una velada excepcional, y no sólo por la calidad de las interpretaciones que escuchamos, sino por las propias obras de las que pudimos disfrutar. El que firma, al menos, jamás pensó que podría llegar a escuchar «Rendering» en Donostia, y menos aún en una versión con dos orquestas.

«Rendering» toma como base los fragmentos que se conservan de una sinfonía inacabada de Schubert, pero allí donde la música original está incompleta, Berio, en vez de recrearla siguiendo el estilo de la época, crea una especie de nebulosa onírica formada por los propios temas y ritmos que hemos oído en el original schubertiano. Como si un pintor posase su dedo sobre una porción del óleo todavía fresco y lo deslizase hacia una zona blanca del lienzo. El efecto es tan fascinante como desconcertante, y se trata desde luego de una de esas obras contemporáneas que `molestan'.

Aunque una sola orquesta es suficiente para interpretar «Rendering», la apuesta de Brüggen fue más allá al contar con la suya propia, de instrumentos originales, para la parte de Schubert, y una orquesta moderna, formada por dos grupos especializados en música contemporánea, para las zonas de Berio. El efecto fue magistral, proyectando toda la ambivalencia de esta pieza que plantea al intelecto del oyente incómodas cuestiones sobre la función de la música en nuestra época.

La primera parte del concierto estuvo copada por una sobresaliente «Sinfonía Inacabada» de Schubert, renacida bajo la mirada siempre reveladora de Brüggen, y una maravillosa versión de «Calmo» por parte de los ensembles Asko y Schönberg, con una mezzo muy notable en el papel solista. Y es que se trató, en todos los aspectos posibles, de un concierto excepcional.

CRíTICA
clásica

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