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Martin Garitano Periodista

Absurdo

La política española se parece cada día más a los diálogos absurdos de los hermanos Marx. Pero sin el punto de genialidad que sólo podían aportar los irrepetibles cómicos.

Así, Chico Rajoy acusa a Groucho Zapatero de haber sido insoportablemente magnánimo con Iñaki De Juana -al borde de la muerte por reivindicar la libertad de expresión, no lo olviden- y Groucho Zapatero replica a su contraparte que, en realidad, fue el Gobierno de Harpo Aznar el que mostró una generosidad sin límites con los presos políticos vascos. Para coronar las más altas cimas del absurdo -partiendo de la nada, por seguir parafraseando al verdadero Groucho- el del PP desempolva el lazo azul y el del PSOE se apresta a ponérselo y anular así el sentido que el primero quisiera darle ahora.

La comedia bufa tiene como escenario de fondo el proceso que pudiera traer normalidad política, democracia y paz, a Euskal Herria y también a España. Y eso es lo que convierte la imitación de los Marx en una tragedia.

Parten de la nada quienes no consiguieron avanzar un milímetro en el intento del 98 y prácticamente de la nada los que hicieron encallar el proceso de 2006. Y así, con el guión de «Una noche en la ópera», repiten a turnos el mismo argumento. Hollarán por fin la cumbre del despropósito repitiendo que la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte... y así hasta el infinito.

La cuestión ahora está en dilucidar si Zapatero ha entrado al trapo como un mihura por convicción o por razón de necesidad. Se trata de saber si, en efecto, va a intentar superar en crueldad a Aznar en lo que a los presos se refiere o si lo que en realidad necesita es oxígeno para tratar de reactivar el proceso sin la presión asfixiante de su contrincante.

Si se tratara de lo primero, el panorama sería ciertamente sombrío. Para los presos y para todos los demás. Pero si se tratara de lo segundo, estaríamos ante un error de cálculo de los que hacen historia. Si Zapatero cree que jugando a ser y parecer más duro, más correoso que los neofascistas del PP gana algo, se equivoca de parte a parte. Si olvida que entre la copia y el original, la inmensa mayoría opta por el genuino, es que ha perdido la perspectiva mínima para afrontar un proceso de soluciones. Esperemos que sólo se trate de una representación teatral un tanto chusca y alguien, con más sentido común, le anime a dar pasos decididos y valientes. La verdad es que no tiene otra.

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