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Carlo Frabetti Matemático y escritor

La otra media verdad

La otra media verdad es que no sólo trece años son muchos, sino que tres también lo son, y dos, y uno, y hasta un solo día de arresto sería inadmisible en este caso

¿Dijiste media verdad?

Dirán que mientes dos veces

si dices la otra mitad.

Antonio Machado

Desde el punto de vista de la mera lógica formal, resulta inconcebible que alrededor de un mismo hecho objetivo y con todos los datos sobre la mesa, se puedan articular dos discursos éticos, jurídicos y políticos antagónicos a partir de la misma Constitución y en el marco de un mismo Estado de Derecho. Y, sin embargo, eso es precisamente lo que ha sucedido con el caso De Juana, convertido por la derecha desmelenada y la seudoizquierda vergonzante en un bochornoso espectáculo circense (o más concretamente en un combate de catch, esa periclitada modalidad de lucha libre en la que casi todo era tongo pero de vez en cuando se hacían daño de verdad).

Los hechos objetivos son de sobra conocidos, pues los medios de comunicación los han aireado hasta la saciedad en las últimas semanas: tras cumplir la pena que le había sido impuesta por homicidio, y para evitar que quedara en libertad tras «sólo» dieciocho años de reclusión, de Juana Chaos fue condenado a trece años más de cárcel por un par de artículos de opinión publicados en el diario GARA. Esta aberración jurídica escandalizó incluso a algunos letrados conservadores (del mismo modo y por la misma razón que a mí, aunque creo que Aznar debería estar en la cárcel, me escandalizaría que lo encerraran por sus opiniones), y la única manera de que una sociedad supuestamente democrática se hubiera tragado una maniobra tan burda habría sido conseguir que, como de costumbre, la gente mirara hacia otro lado. Pero ni la izquierda abertzale ni el propio afectado estaban dispuestos a permitirlo, y la huelga de hambre que realizó Iñaki De Juana obligó a la opinión pública internacional a mirar hacia donde debía y a preguntarse cómo era posible que, en el marco de un supuesto Estado de Derecho, se viera en esa situación límite una persona que ya había cumplido su condena.

Y entonces el Gobierno del PSOE, fiel a una estrategia de la ambigüedad que hasta el atentado de Barajas no le había dado mal resultado, decidió decir media verdad a través de sus marionetas jurídicas: que De Juana ya había cumplido su condena de acuerdo con la ley, y que trece años más de cárcel por un par de artículos de opinión eran muchos años, por lo que había que reducirlos a tres. La otra media verdad es que no sólo trece años son muchos, sino que tres también lo son, y dos, y uno, y hasta un solo día de arresto sería inadmisible en este caso (por la misma regla de tres, habría que meter en la cárcel a casi todos los colaboradores de GARA, por no hablar de «Rebelión», «Insurgente», «La Haine», «Nodo 50» y otros medios alternativos). Y al no decir esa otra media verdad, al no admitir simple y llanamente que De Juana, de acuerdo con la ley, debería estar en la calle (y sin la lesión de válvula mitral ni los daños intestinales que le ha causado la huelga de hambre), el Gobierno le ha servido en bandeja a la derechona vociferante unos argumentos que sólo se pueden rebatir con la debida contundencia desde la verdad completa.

Poncio Pilatos sabe que Jesús es inocente, pero lo manda flagelar y coronar de espinas para aplacar a las multitudes sedientas de sangre. Con lo cual consigue el efecto contrario, porque la terrible imagen pública del Ecce Homo sólo es asumible si el reo merece el castigo. Hoy como ayer, el razonamiento implícito (tal vez inconsciente) de quienes claman venganza es: si se le ha infligido tanto sufrimiento, tiene que ser culpable, y si es culpable hay que seguir infligiéndoselo hasta el final.

Que nadie se rasgue las vestiduras: no estoy comparando a Iñaki de Juana con Jesucristo, sino, en todo caso, a Zapatero con Pilatos. Porque entre un gobernante que, a sabiendas de que comete una injusticia, clava a una cruz a un inocente, y otro gobernante que, incapaz de afrontar la verdad (toda la verdad y nada más que la verdad), ata a una cama de hospital a quien ya ha cumplido su condena (y por tanto es inocente ante la ley), la diferencia es sólo de escenografía (o de talante, si se prefiere).

Si De Juana se ha salvado de una muerte atroz, es porque sus compañeros de lucha son más fuertes e inteligentes (y tienen más respaldo social) que los de Jesús, y han obligado al Gobierno a decir al menos media verdad. Cuando no tenga más remedio que decir (de palabra o de hecho) la otra media, dirán que miente otra vez.

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