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Glasgow Rrangers, sólo para gente protestante

El Glasgow Rangers es mucho más que un club de fútbol. Su repercusión va más allá, ya que se erige en el representante de la comunidad protestante en Escocia y también en el norte de Irlanda, donde tiene un buen número de seguidores dentro de las filas unionistas.

Manex ALTUNA

Escocia es un país marcado por la dualidad. Los ejemplos de esos contrastes son numerosos y abarcan distintos ámbitos. Desde la política, donde la población divide su lealtad en proporciones no muy desequilibradas entre la Reina de Inglaterra y el sueño de una patria libre, hasta la religión -protestantes y católicos-. Sin olvidar al uso de las lenguas, ya que el gaélico lucha por sobrevivir ante el idioma de sus vecinos del sur. Sobre los terrenos de juego, los dos rostros de Escocia encuentran su traducción en los dos equipos de Glasgow: Rangers y Celtic. Su historia y lo que representa el rival de esta noche de Osasuna en la Copa de la UEFA no se puede entender si no se tiene en cuenta su rivalidad con sus vecinos verdiblancos.

El inicio de su enemistad se remonta al siglo XVI, cuando la reforma protestante se impuso con más ferocidad en Escocia que en el resto de Europa. Los discípulos de John Knox no dudaron en recurrir a la limpieza étnica para hacer desaparecer la mayoría de las referencias católicas de la sociedad. Tres siglos después, sin embargo, los católicos empezaron a reaparecer de manera significativa. Con la plaga de la patata, la vida en la isla de Irlanda se hizo insostenible y miles de personas huyeron a Glasgow. Eran los inmigrantes más pobres, que no pudieron permitirse un pasaje a Boston o Nueva York. Excluidos del resto de la sociedad, no tuvieron más remedio que mantenerse unidos y crear sus propias empresas y colegios. Incluso, un equipo de fútbol como el que formó en 1888 el padre Walfrid.

El Celtic enarboló las esperanzas y el orgullo de la abundante colonia irlandesa, mayoritariamente católica. Como jugaba con el objetivo de demostrar que la inferioridad católica era un mito, su motivación le llevó a conquistar cuatro de los seis torneos disputados. Como reacción a su cada vez más poderoso vecino, el Rangers se erigió en el símbolo de la Escocia protestante y de la clase dirigente del país cuando comenzó a cosechar victorias frente al Celtic, a pesar de que inició su andadura en 1873 sin aspiraciones religiosas ni políticas entre aficionados al remo, siendo el equipo preferido de los estibadores del puerto.

Sin embargo, con el transcurso de los años el Rangers aceptó convertirse en escenario de la estricta política protestante enviando equipos a Belfast para participar en partidos benéficos en los que las ganancias iban a parar a la orden de Orange y sus jugadores se dejaban fotografiar con paramilitares unionistas. La historia oficial del club describe sin rodeos su naturaleza: «Un club protestante para gente protestante».

En los últimos años los «gers» han comenzado a abrir las puertas a su filosofía y aparcar la discriminación religiosa. Pero su directiva tampoco es que se esfuerce demasiado por desalentar el fanatismo y sigue poniendo por los altavoces de Ibrox Parkcanciones que provocan consignas anticatólicas como el «Simply the Best» de Tina Turner que culmina la afición con un «Mierda al Papa».

Los aficionados del Rangers tampoco pretenden abandonar sus orígenes y suelen lucir camisetas naranjas y alzan estandartes del mismo color que conmemoran la instauración como rey de Guillermo de Orange o «King Billy», como lo llaman, tras la derrota y expulsión del católico Jacobo II en 1688. Otro de sus cánticos favoritos es cuando corean «hola, hola, somos los chicos de Billy», en referencia a una banda que acosó a los católicos de Glasgow en el decenio de 1920 o el Rule Britannia, el himno del imperio.

OLD FIRM: «LA VIEJA EMPRESA»

El compromiso europeo ante Osasuna es una cita importante para el Rangers, pero no la única. Entre medias, ha tenido que verse las caras con su principal rival, el Celtic. El partido, disputado el pasado fin de semana en el campo de estos últimos, Park Head, finalizó con 0-1. Un resultado que, a efectos clasificatorios, carece de transcendencia. Los verdiblancos dominan la Liga con claridad y en las próximas jornadas pueden alzarse con el título. Según cuentan, en ningún lugar del mundo se estremece tanto una ciudad por un derbi. La rivalidad brota desde hace más de un siglo y continúa con la misma fuerza entre los dos equipos más potentes de la Liga escocesa y que han intentado pasar a disputar la Liga inglesa debido a su insultante dominio.

El primer enfrentamiento data de un 28 de mayo de 1888, día en que también comenzó a escribirse la historia del Celtic. Los «bhoys» verdiblancos se impusieron con un contundente 5-2. Los primeros incidentes se produjeron dos décadas después. Los dos equipos se encontraron en la final de Copa de 1909. El partido terminó con empate y se convocó otro encuentro para desnivelar la balanza. Más de 60.000 espectadores acudieron, una semana después, a Hampden Park y cuando la segunda final estaba a punto de finalizar de nuevo equilibrada, en las gradas se propagó el rumor de que las directivas habían acordado empatar para realizar un lucrativo tercer encuentro.

Los enfurecidos seguidores de los dos conjuntos saltaron al campo y comenzaron a quemar las taquillas y atacar a la policía. El partido fue suspendido y la Copa de ese año se quedó sin campeón. Aquella final sirvió para bautizar los duelos entre Celtic y Rangers como Old Firm (La Vieja Empresa). Un calificativo que refleja la extendida opinión de que ambos conjuntos se benefician económicamente de su rivalidad.

El derbi de Glasgow transcurrió con relativa normalidad en los primeros años, pero el escenario cambió radicalmente de decorado en 1912 cuando Harland and Wolf, un astillero que tenía entre sus preceptos el no contratar a católicos, se trasladó de la irlandesa Belfast a la ciudad escocesa. La medida sacó a relucir el enfrentamiento religioso, que se acentuó de manera definitiva cuando, en 1921, el Estado Libre de Irlanda accedió a la independencia tras más de siete siglos de dominación británica. En la década de los 70, el conflicto político del norte de Irlanda entró de lleno en el derbi. Las canciones entonadas por las hinchadas subieron de tono, incluyendo amenazas, vejaciones e insultos graves. De aquellos años provienen las alusiones al IRA que realizan los seguidores del Celtic en sus lemas, mientras algunos sectores de Ibrox responden con la canción: «Estamos hundidos en sangre feniana -en alusión al Sinn Féin, partido republicano irlandés- hasta las rodillas, rendíos o moriréis».

Los cánticos no son la única relación con el país vecino. En Belfast se vive el derbi con la misma pasión que en Glasgow. Los barrios republicanos están repletos de banderas y murales del Celtic, al igual que los unionistas del Rangers. Incluso, miles de aficionados se desplazan cada semana de una isla a la otra para ver a sus equipos. La razón fundamental es que no tienen nada comparable en casa. En su día, existieron los duelos entre Belfast Celtic y Linfield, pero los primeros tuvieron que abandonar la competición por miedo a que la policía protestante no les protegiera en caso de que fueran agredidos por los aficionados rivales.

Las fobias que se profesan las dos aficiones han provocado numerosos incidentes luctuosos. Por ejemplo, en 1971, una avalancha en el estadio del Rangers se saldó con 66 muertos, y en 1980 se prohibió la venta de alcohol en los estadios debido a los altercados. En los últimos años el Gobierno escocés ha tomado cartas en el asunto, pero continúan produciéndose disturbios y peleas. Desde hace una década, los cuatro Old Firm de la Liga -la Scottish Premiership tiene cuatro vueltas, ya que tan sólo compiten doce equipos- se disputan durante los mediodías dominicales para evitar que acudan personas en estado de embriaguez. Sin embargo, la rivalidad y el simbolismo no cesan. Como los seguidores del Celtic comenzaron a portar banderas palestinas, la respuesta del Rangers fue sacar las del Estado de Israel.

Maurice Johnston, el primer católico que rompió la política de exclusión del club

Mientras el Celtic siempre ha mostrado su orgullo por no haber sido excluyente en sus fichajes, el Rangers estableció una política de «sólo protestantes» que, en el periodo en torno a la Primera Guerra Mundial, iba desde los jugadores hasta el conserje.

No obstante, ante la preocupación de la FIFA y el sometimiento de los medios de comunicación, representantes del club escocés declararon públicamente en 1976 que ficharían a un futbolista católico «en cuanto apareciese uno bueno». Pasaron trece años cuando la directiva del Rangers se atrevió a dar el paso y fichó al delantero de origen irlandés Maurice Johnston que, tras militar en Celtic y Nantes, pasó al eterno rival. La decisión no fue aceptada por algunos hinchas del equipo qu,e a modo de protesta, quemaron sus bufandas y sus abonos en el exterior de Ibrox Park.

Johnston vivió su particular infierno durante su estancia en el Rangers, ya que unos le rechazaron por su pasado y sus raíces mientras que los otros le acusaban de traidor. Cuando vio peligrar su integridad física decidió trasladarse a Edimburgo para finalmente optar por exiliarse a Estados Unidos.

En la actualidad, la tensión ha descendido y la plantilla del equipo escocés está compuesta por jugadores de todo tipo y condición. No sólo eso, a principios de temporada el club contrató al francés Paul Le Guen, que hizo historia convirtiéndose en el primer técnico católico que dirigía al equipo. Apenas se crearon polémicas, ya que a día de hoy la afición tiene asumido que si quiere competir a primer nivel necesita abandonar la política de exclusión que le ha caracterizado. M.ALTUNA

RIVALIDAD

La historia y lo que representa el Rangers no se puede entender sin tener en cuenta la rivalidad con sus vecinos del Celtic. Los dos equipos representan la dualidad de Escocia.

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