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Iñaki Soto Licenciado en Filosofía

Bourne contra los mitos de Pichi

Se acerca agosto y Zarautz, el pueblo en el que vivo, se llena de gente que viene o bien a pasar el mes pagando entre tres familias la derrama del trillón de euros que vale el alquiler de un piso, o bien a amortizar su segunda, tercera o cuarta vivienda. Entre estos segundos se halla un nutrido grupo de «madrileños», en sentido amplio, con los que suelo cruzarme en el malecón. Se trata de personas que combinan un look pinochetista con el estilo de «pichi costeño» -el chulo que castiga pero con bermudas-. Mientras degustan sus tostadas con café con leche en las terrazas, muestran orgullosos las portadas de sus periódicos, madrileños en sentido estricto, en las que se puede leer cómo en el «País Vasco» no hay libertad, se discrimina a los castellano-parlantes, es una dictadura nacionalista... Titulares que cabalgan entre el tópico y la mentira fehaciente, pero que no dudo que sus ávidos lectores defenderán como verdades supremas al «volver a casa».

Para abstraerme de la rabia que me da tanta falsedad, suelo imaginar que me desplazo hasta al lado de uno de ellos, le saludo cortésmente, enrollo su periódico y le doy una colleja con él. Algo suave, sin ánimo de hacer daño o de agredir. Un toque que sólo duela en el orgullo. Algo humillante, no lacerante. A veces mi ensoñación se para ahí, pero en otras ocasiones el sujeto en cuestión coge mi periódico -éste que tienes entre manos- y me devuelve el mandoble. Con una flexibilidad asombrosa para una persona de su edad, contraataca, y nos enzarzamos en una lucha sin cuartel, similar a esas en las que James Bourne, con una revista enrollada haciendo las veces de nunchaku, se enfrenta a sus enemigos. El viejo se cala su gorra y con un dedo se coloca sus gafas de sol en gesto desafiante. Y comienza una pelea digna del mencionado Bourne. En realidad, en ese sueño sólo pretendo dar una base empírica real a sus teorías, algo que les sirva como anécdota con la que ilustrar sus devaneos. En definitiva, ayudarles a desmontar sus mitos. Devolverles el favor.

Finalmente despierto y continúo mi paseo, mucho más relajado. Leo una pancarta que reza «Tourist, remember, you are in the Basque Country». No creo que Pichi se dé por aludido.

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