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Patxi Ventura Sanjuan en nombre de sus compañeros de EKA

Jose Angel, buen navarro, carlista ejemplar, gran persona

Nuestro secretario general se nos fue anteayer. Un amigo y compañero excepcional, con el que hemos tenido la suerte de compartir toda una vida de lucha democrática en el Partido Carlista de Euskal Herria-EKA, que él ha liderado con entrega total, en momentos muy difíciles, con lealtad, tesón, coraje y muchos sacrificios, en un mundo injusto y desigual que con pocas excepciones se empeña en silenciar a quienes lo denunciamos.

Siempre disponible para todos los que le hemos necesitado, a cualquier hora, todos los días, todos los años; con todos sus recursos; como persona, como profesional y como haya hecho falta; siempre presto al diálogo y a buscar soluciones; siempre con entusiasmo y firmeza, manteniendo como una roca, y a pesar de todas las desigualdades, su fe en el respeto a los Derechos Humanos y a la verdadera democracia, la que se ejercita de abajo hacia arriba de forma participativa y autogestionaria y buscando constantemente la libertad, la justicia y la paz para todos.

Comprometido luchador contra la dictadura, consejero foral, defensor incansable, desde su querida Tudela, de la reintegración foral plena del Reino de Navarra y de todos los herrialdes de Euskalerria; de nuestras tradiciones, de nuestra cultura, del euskera; de la autodeterminación y de las soluciones federativas para convivir desde la voluntariedad y el respeto mutuo, entre nosotros y con todas las Españas.

Humilde cristiano y profundo humanista, trabajador en las comunidades de base, renunció a todo, -y pudo haber sido mucho- por su compromiso con sus ideales, con las libertades, con nuestro partido y con Nafarroa toda. Hasta sus últimos instantes y cuando ya no podía hablar ha estado trabajando en su militancia.

Su desaparición constituye un reto no sólo para Nafarroa y los carlistas de Nafarroa, sino para todo el carlismo. Un reto y también un ejemplo muy difícil de seguir, pero superarlo es, sin duda, el mejor homenaje que podemos hacerle.

Dejó dicho que no quería flores. Sólo nos quedan las oraciones, a los creyentes, y el admirativo recuerdo a quienes no lo sean.

Desde aquí mandamos un fuerte abrazo de pésame y solidaridad a su abnegada familia, que ha tenido la suerte de compartir su vida, y que junto a nosotros lo honrarán siguiendo su ejemplo de honestidad que tan bien nos ha enseñado a todos.

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