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Crónica | El fantasma del fascismo en Europa

La Internacional Fascista se quedó aislada en Colonia

En pleno clima de fobia antimusulmana, la ultraderecha de Colonia quiso aprovechar la polémica en torno al proyecto de construcción de una mezquita para congregar una cumbre internacional neofascista. Se lo impidió la resolución de un muro antifascista y de la gran parte de los vecinos, que hicieron el vacío a estos visitantes no deseados.

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Ingo NIEBEL

Colonia, una ciudad de un millón de habitantes a orillas del Rin, no sólo es conocida por albergar las reliquias de los Tres Reyes Magos sino también por el carnaval y su hospitalidad. En sus típicas tascas, el camarero sirve automáticamente una cerveza siempre que ve el vaso vacío hasta que el cliente le dice expresamente que no quiere beber más.

Ayer ocurrió justo lo contrario: algunos visitantes de Colonia no encontraban sitio en los bares, ni siquiera recibían un trago de Kölsch (cerveza local) y mucho menos encontraban un taxi que les podía sacar de este lugar cuyos habitantes mostraban una inusual hostilidad.

El rechazo social se dirigió contra los neofascistas locales y sus correligionarios nacionales e internacionales que pretendían celebrar un «congreso anti-islámico» en este lugar emblemático. Desde las últimas elecciones municipales, la ultraderecha cuenta con dos miembros en el Ayuntamiento de Colonia. Pertenecen al grupo «Pro Köln», cuyos líderes, Rouhs y Beisicht, intentan sin éxito consolidarse como fuerza política desde la década de los ochenta.

Ante el auge que el neonazi Partido Nacionaldemócrata de Alemania (NPD) está viviendo en el este alemán, los dos neofascistas optaron por instrumentalizar la construcción de una mezquita en un barrio de Colonia para aunar fuerzas. La ciudad cuenta con un considerable número de inmigrantes, de origen turco en su mayoría. Desde hace varios años esa minoría religiosa entre cristianos católicos y protestantes quiere sustituir las múltiples mezquitas que existen en varios patios traseros, algunas incluso en antiguos cines, por un edificio digno. Debido a la fobia antimusulmana desatada tras el 11-S el proyecto no fue debatido con la debida objetividad. En ese contexto el conocido autor y periodista Ralph Giordano, de orígen judio y residente en Colonia, arremetió desde las páginas del diario liberal «Kölner Stadt-Anzeiger» contra el islam como religión en general y la mezquita en particular. Desde entonces «Pro Köln» promovió la celebración de un congreso antiislámico en la ciudad. Para tal evento invitó al derechista flamenco Vlaams Belang, al Frente Nacional galo y al Partido Liberal de Austria (FPÖ). Los organizadores prometieron la llegada de 1500 participantes. Una variopinta coordinación antifascista, que abarcaba todo el espectro sociopolítico desde la militante izquierda antifascistas hasta grupos cristianos y sindicatos, se movilizó para neutralizar el congreso neofascista.

Un muro antifascista

A la una del mediodía del sábado la coalición antifascista había logrado su objetivo: 150 fachas se hallaban aislados en el aeropuerto de Colonia porque no había ningún tren regional que les trajera al centro. La razón era simple. grupos de antifascistas estaban bloqueando las vías del tren. En el centro de la ciudad sólo una docena de fascistas había logrado llegar a la plaza donde iba a tener lugar el mitín central porque la coalición antifascista había cortado el acceso. Dos de ellos intentaban saltar el cerco pero se encontraron con los antifas militantes que con puñetazos y botellazos no les dejaron pasar.

Llegó la intervención policial, con el objetivo de «evitar males mayores». La intervención causó enfrentamientos entre los agentes y un sector de la coalición antifascista.

Mientras tanto, los demás manifestantes hicieron que otro grupo de destacados ultras tuvieran que pasar más de cuatro horas en un barco en medio del Rhin dado que habían tomado todos los muelles.

Desesperada, la internacional fascista tuvo que abandonar Colonia porque no se les admitía en ningún restaurante y hasta los taxistas se negaron a llevarlos. Así, la resistencia cívica venció ayer a la intolerancia racista. Por ahora.

 

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