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Martin Garitano Periodista

El palmarés de los jueces

Los jueces españoles andan a la gresca. Por ocupar cargos jugosos, se entiende. Ya han nombrado Consejo General del Poder Judicial con el beato Carlos Dívar a la cabeza, uno de los jueces que más vascos torturados ha tenido frente a frente en la Audiencia Nacional y a los que enviaba a prisión con un piadoso: «Que Dios le acompañe». Luego la denuncia por malos tratos se perdía, imagino, entre estampitas de santos y vírgenes.

Ahora se trata de componer el Tribunal Constitucional y los senadores que elegirán a los nuevos magistrados (cosas de la independencia del Poder Judicial) tienen que elegir entre dos postulantes: Enrique López y Juan José Hernando. Del primero es bien conocida su frenética actividad pública en defensa de cualquier atropello a los derechos civiles y políticos en Euskal Herria. Del segundo tampoco pueden encontrarse mejores referencias.

Dos jueces enzarzados en una trifulca por la presencia en el más alto tribunal español. Y si López exhibe como mérito su participación en conferencias organizadas por el PP o sus artículos incendiarios en «Abc» y «La Razón», Juan José Hernando tiene a gala haber presidido el tribunal que en unas escasas horas anuló centenares de listas electorales abertzales y así lo consigna en su expediente. Con un añadido de última hora: «En el día de la fecha se ha producido la comunicación a las partes de la ilegalización de ANV».

Así pintan las cosas para los vascos en el peldaño más alto de la Justicia española. No se trata de acreditar mejor preparación o experiencia más fructífera, sino de exhibir un expediente pletórico de represión contra los vascos irredentos. A más palos, mayor premio. Queda claro cual es el criterio sobre el que la Justicia en España fundamenta el escalafón: la conversión de la toga en coraza de legionario romano contra los vascones.

No cabe, además, extrañarse. Baste recordar que el ya denostado Baltasar Garzón Real -ahora muñeca rota- ya aspiró al premio Nobel de la Paz después de haber cerrado dos periódicos, una emisora de radio y una revista. Ése era su palmarés. Menos mal que no le hicieron caso en Suecia.

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