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José Luis Herrero y Antton Azkargorta Profesores despedidos de la UPV

Un nuevo curso

«Bolonia» es para nosotros una concepción que expresa un sentido de la dimensión de una persona y del conocimiento de carácter utilitarista, pragmático y codificado del cual deriva un sistema de valores científicos, educativos y culturales dominados por la prevalencia del interés económico y el sentido productivista de la vida

Dos de octubre. Ceremonia de inauguración del nuevo curso de la UPV en Gasteiz. Ambiente desangelado, con escasa presencia de universitarios, fuertes medidas de seguridad y prohibición de concentrarse a los pocos estudiantes que se acercaron a los aledaños de la facultad de Letras.

De todas las intervenciones, la que más han destacado los medios de comunicación ha sido la del rector en funciones, Juan Ignacio Pérez. Para el rector, la universidad y sus integrantes pueden ser medidos, evaluados, comparados y calificados según unos supuestos «criterios de investigación internacionales» aplicables en cualquier lugar. Como esas normas de calidad utilizadas en el mundo de la producción y comercio para mercancías y sistemas.

También denuncia la «politización» de la universidad, como si esta institución pudiese permanecer impermeable a los conflictos políticos y sociales de su entorno en virtud de un supuesto conocimiento científico neutro «patrimonio de la humanidad» que uniría a las personas por encima de diferencias ideológicas, concepciones políticas, sentimientos identitarios nacionales e incluso puntos de vista divergentes sobre el propio papel que debe cumplir la universidad en su relación con el mundo.

En cuanto al comportamiento cainita que atribuye acertadamente a los grupos corporativistas universitarios, ¿no estará inducido entre otras razones por el propio clima de competitividad promovido por las autoridades de la UPV en consonancia con la introducción en su seno de los valores mercantilistas de carácter liberal fervientemente defendidos por los actuales mandatarios políticos y universitarios?

En fin, considerar al particularismo anglosajón, generalizado al resto del mundo a través de las diversas practicas imperialistas, como emblema del universalismo y a la defensa del euskara, símbolo de la resistencia a la asimilación cultural de un pueblo singular en su lucha por su propia identidad, como actitud «localista» de carácter regresivo, hará sin duda las delicias de los neoliberales de toda condición.

Este inicio del curso presenta un interés añadido, por la elección del nuevo rector en diciembre. Se prevé un duelo entre dos candidaturas. De una parte, el bloque corporativo españolista, aglutinado alrededor de Marisol Esteban y, de otra, el agrupado en torno al equipo rectoral en funciones, con Iñaki Goirizelaia -brazo derecho de Pérez- como su candidato. Ambos están poniendo un gran interés en desmarcarse del binomio nacionalista-no nacionalista y presentan programas que en lo sustancial convergen: despolitización de la universidad; apoyo a «Bolonia»; crítica del «localismo» y aceptación de los proyectos de infraestructura para la UPV. Es decir, defensa de un mismo modelo. En una significativa coincidencia. Sería una pena que faltase a la cita un proyecto de contenido nacional que contemple la democratización real de la UPV, su funcionamiento autónomo con respecto a los poderes políticos y económicos, y que intente combatir y superar la deriva mercantilista en la que se encuentra inmersa.

El próximo curso académico verá también la progresiva transformación de los contratos administrativos en contratos laborales permanentes y la creación de plazas para futuros profesores propios en cumplimiento de la ley «Iztueta». Nos alegramos del comienzo de la aplicación, aunque con retraso, de esta ley que dará estabilidad al profesorado, mejorará sus condiciones laborales, la representación e introducirá categorías nuevas diferentes de las funcionariales españolas. Aumentando la capacidad de la comunidad autónoma y la propia UPV de desarrollar un marco propio de relaciones laborales.

Sin embargo, la forma en la que se están llevando a cabo estas transformaciones, individualmente, gota a gota, no conduce más que a la dispersión de ese profesorado y a la dificultad de constituirse como un colectivo con identidad propia. De seguir así, el profesor contratado puede convertirse en una mera figura jurídica, sin contenido referencial alguno, una modalidad más enclavada en el espacio de la universidad española en Euskal Herria.

Pero hay un aspecto que toda alternativa de cambio universitario tiene que abordar. Es lo que designamos genéricamente como «Bolonia». «Bolonia» es para nosotros una concepción que expresa un sentido de la dimensión de una persona y del conocimiento de carácter utilitarista, pragmático y codificado del cual deriva un sistema de valores científicos, educativos y culturales dominados por la prevalencia del interés económico y el sentido productivista de la vida. Lo que lleva a su subordinación a los requerimientos de los grupos económicos y a la exaltación y traslación a diferentes esferas del mundo del pensamiento -entre ellas las universitarias- de los postulados mercantiles que rigen las actividades de producción e intercambio de mercancías. Lo que representa una ruptura con los principios clásicos del papel del saber general y de la propia universidad.

Principios que se asentaban en la utilidad del pensamiento en sí mismo, la potencia de la idea, el conocimiento como faceta humana intangible, gratuita y necesaria para el desarrollo humano, y el crecimien- to personal y la búsqueda de la verdad como la actividad más exigente, noble y desinteresada del espíritu humano, que constituyen prerrequisitos ineludibles para la auténtica creación e innovación general y científica, incluso para el propio desarrollo tecnológico.

Por si no estuviera bastante claro, la crisis actual está desvelando la endeblez de este andamiaje ideológico neoliberal.

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