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La financiación de la lucha contra el cambio climático centra los debates

La ayuda a los países menos desarrollados, sin la que difícilmente un acuerdo contra el cambio climático resultaría creíble, es uno de las cuestiones más espinosas a debate en la cumbre de Copenhague. La UE tenía previsto aprobar una ayuda de 6.000 millones de euros para el próximo trienio, que fue criticada por «insuficiente». Mientras, China y EEUU, los más contaminantes, volvieron a enfrentarse por fórmula de financiación de la lucha contra el calentamiento global.

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Sin dinero no hay acuerdo. La financiación de la lucha contra el cambio climático, insuficiente según los países en vías de desarrollo, está centrando los debates en la cumbre de Copenhague, donde EEUU y China, los dos principales contaminantes del planeta, expresaron su oposición a esa ayuda.

Grupos de países mueven sus peones y esbozan propuestas de ayuda con el objetivo de diseñar los contornos de un acuerdo mundial sobre el clima antes de la llegada inminente de ministros y jefes de estado en los próximos días, entre ellos, los presidentes de EEUU, Barack Obama, y de Rusia, Dmitri Medvedev.

Ayer mismo en Bruselas, los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea (UE) se reunieron en consejo para tratar de fijar una posición común sobre el clima, confiando en que su gesto sirva de ejemplo al resto de potencias que negocian un acuerdo en Copenhague.

La crisis económica y la penuria que atraviesan las arcas públicas de los estados de la UE harán difícil arrancar compromi- sos cuantiosos en esta cumbre de dos días. Mientras se estima que los países pobres necesitan hasta 21.000 millones de euros para los próximos tres años, para luchar contra el cambio climático y para adaptarse a sus efectos, la UE podría aportar casi un tercio, es decir, unos 6.000 millones de euros. Una tercera parte de esos seis mil millones parecía asegurada antes de la apertura de la cumbre.

Los países ricos y, por ende, los más contaminantes están llamados a responsabilizarse de esa ayuda llamada de desembolso inmediato, para el periodo 2010-2012. Para más adelante se dejaría la creación de un fondo permanente mucho más cuantioso, abastecido con recursos públicos y privados.

Con la convicción de que un primer gesto de la UE alentará a otras potencias como EEUU y Japón a seguir el ejemplo, los Veintisiete, aunque con cuentagotas, empezaron a anunciar sus contribuciones. Así, la Presidencia sueca pretende alcanzar la cifra global de unos 2.000 millones de euros anuales.

«Estamos muy preocupados», señaló el embajador brasileño para el clima, Sergio Serra. «Esas cifras para el corto plazo son bienvenidas, pero claramente insuficientes: todos los países en vías de desarrollo están a la espera de los compromisos de cara a 2020», manifestó.

«No hay dinero, no hay acuerdo», auguró.

China y EEUU seguían monopolizando ayer los debates en Copenhague. Ambos estados seguían enfrentándose por la responsabilidad y deberes de cada uno en el calentamiento global.

Ni un centavo

Asumiendo la posición de portavoz de los países en desarrollo, China reiteró firmemente su opinión de que la indispensable ayuda financiera de los países industrializados es una «responsabilidad histórica».

«La garantía de apoyo financiero a los países en desarrollo por los países industrializados no es un acto de caridad o filantropía de los ricos», insistió Yu Qiongtai, representante especial para el clima del Ministerio chino de Relaciones Exteriores.

Pero EEUU ha rechazado dar un centavo del dinero de sus contribuyentes para financiar el recorte de sus emisiones.

Su enviado especial para el clima, Todd Stern, dejó claro ayer el rechazo de su país a cualquier idea de «reparación». «Reconocemos plenamente nuestra responsabilidad histórica en la contaminación del atmósfera, pero rechazo categóricamente que cualquier sugerencia de culpa o reparación», afirmó.

La víspera, al llegar a Copenhague, comentó que es China el país cuyas emisiones están aumentando de manera radical y el que más contamina del mundo, y pronosticó que no se podrá tener el recorte global de las emisiones que se necesita su China no se convierte en un agente principal de esas medidas.

Y el jefe negociador de EEUU, Jonathan Pershing, indicó claramente a France Presse que la ayuda financiera a China no es una «prioridad», en relación con las necesidades «de los países más pobres y afectados».

En Bruselas, además de la financiación, otro de los asuntos que estará sobre la mesa de la cumbre europea es la posibilidad de que la UE eleve su objetivo de reducción de emisiones de dióxido de carbono para 2020, del 20% al 30%, con respecto a los niveles de 1990. Según los científicos, para limitar el cambio climático a un aumento de 2 grados centígrados, los países desarrollados deberían reducir sus emisiones en 2020 entre del 25% al 40% respecto a 1990.

Por el momento, las propuestas de estos estados, incluido EEUU, llegan a una media de 13,3%. Como mucho, alcanzarían el 17,8%, en el caso de que la UE elevara sus esfuerzos al 30%.

El ministro brasileño de Exteriores, Celso Amorim, criticó ayer que EEUU quiera ser tratado como un país en desarrollo a la hora de negociar una reducción de las emisiones como parte del acuerdo global auspiciado por la ONU y advirtió del riesgo de que otros estados, como Japón, Canadá, Australia y Europa, pretendan «subirse al carro.

Los países en vías de desarrollo consideran que el compromiso de Washington de reducir un 17% sus emisiones en 2020 respecto a 2005, que equivaldría a una reducción del 3% respecto a 1990, es insuficiente.

El hambre, primera víctima

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) instó ayer a los estados reunidos en Copenhague a situar la lucha contra la pobreza en el centro de las negociaciones porque «el hambre es la primera víctima del cambio climático». «Es urgente que la comunidad internacional se comprometa para que los países más vulnerables puedan emprender estrategias de seguridad alimentaria», afirmó su director, Jacques Diouf.

Según la ONU, la población mundial pasará de los 6.700 millones de personas actuales a los 9.100 en 2050, lo que acarreará una grave escasez de alimentos y una mayor competitividad por los recursos naturales.

Roces en el primer Consejo Europeo con el Tratado de Lisboa en vigor

Las fricciones empañaron el inicio de del primer Consejo Europeo tras la entrada en vigor del Tratado de Lisboa y en el que la Presidencia sueca dará el relevo a la española, que empieza a trabajar el 1 de enero de 2010.

Algunos ministros de Relaciones Exteriores europeos expresaron su enfado al enterarse de que serían excluidos de la cumbre de dos días, señaló la Presidencia sueca. El Tratado de Lisboa, que entró en vigor el 1 de diciembre, rompe con la tradición de que los cancilleres acompañen a los jefes de Estado y de Gobierno en las reuniones del Consejo Europeo, que se celebrarán cada cuatro meses, y participen en una cena de trabajo separada.

El ministro sueco de Exteriores, Carl Bildt, consideró positivo el cambio, pero admitió que «no puedo decir que cada uno de los ministros de Exteriores opine lo mismo, por expresarlo en los términos más moderados posibles». Reconoció que algunos de los cancilleres comunitarios criticaron la decisión de la Presidencia sueca de no invitarles y señalaron, incluso, que el Consejo «no podría pronunciarse sobre asuntos exteriores».

Al margen de polémicas, la cumbre europea arrancó con la intención de influir sobre la conferencia del clima de Copenhague, pero centrada, al menos durante la jornada de ayer, en la situación económica y financiera. Durante la cena estaba previsto el debate sobre la financiación para combatir el cambio climático. Además, los 27 debían ratificar el acuerdo para reforzar el sistema europeo de supervisión bancaria alcanzado por sus ministros de Economía con el objetivo de prevenir futuras crisis. GARA

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