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Miguel Romero (2009/12/14)

La pobreza rentable

(...) El discurso dominante en las ONG sitúa el problema en que la voluntad política para luchar contra la pobreza es «insuficiente»; en consecuencia, el objetivo de la `sociedad civil' debería ser presionar sobre los gobiernos para incrementarla. Es una propuesta tan inútil como desorientadora. La cuestión central está en que, para sus agentes fundamentales de la `voluntad política' -los gobiernos de los países del Centro, el sistema de la ONU, incluyendo particularmente al FMI y al Banco Mundial...- el objetivo no es «erradicar la pobreza», sino gestionarla de acuerdo con los principios del mercado, es decir, rentabilizarla.

Por tanto, no se trata de convencer a quienes hacen y dirigen las `reglas del juego' para que las mejoren, sino de cambiar radicalmente de reglas y de `juego'. Y para eso, no vale el lobby de despacho, en el que normalmente influye más el que se sienta en la silla más grande, sino promover movimientos sociales críticos, autónomos de los poderes establecidos y, por esa razón, capaces de crear alternativas. (...)

El mercado no excluye a nada ni nadie potencialmente rentable. Y las personas pobres, más de la mitad de la población mundial, lo son en grado sumo. Trabajan en condiciones indignas, pero muy productivas para las empresas que los emplean cuando y como quieren, y por salarios miserables. Se les despoja a conveniencia de sus tierras, al servicio, por ejemplo, de la compra a precio de saldo de tierras cultivables africanas por corporaciones y fondos de inversión que practican, parafraseando a David Harvey, el «imperialismo por desposesión». Se les introduce en los circuitos de consumo solvente, por ejemplo, por medio del astuto proyecto del gobierno brasileño de regalar móviles a los once millones de beneficiarios del programa asistencial Bolsa Familia, con un saldo de siete reales (2,7 euros) mensuales. «El Gobierno asegura que, con este plan, las operadoras lograrían expandir el sistema de telefonía móvil, que ya ha llegado cerca del límite. Las empresas basan sus expectativas de beneficio en que las familias acabarán superando el consumo de siete reales al mes, pudiendo llegar hasta los 12, casi cinco euros» (El País, 11/11/2009). Y en fin, la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), destinada teóricamente a las personas pobres, movilizó el año 2008 unos 80.000 millones de euros de fondos públicos. Obviamente, el mercado orienta estos fondos hacia el beneficio de las corporaciones transnacionales con inversiones y negocios en los países del Sur.

(...) la capacidad de acabar con la pobreza no depende de avances tecnológicos o del volumen del PIB mundial. La historia de nuestra época puede leerse como una sucesión de luchas emancipatorias contra el capitalismo y el colonialismo de generaciones de las gentes `de abajo', que quisieron y pudieron acabar con la explotación, y por tanto, con la pobreza, pero fueron derrotadas. (...) ¿Para cuando una «Alianza contra la Riqueza»?

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