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Paliza del Baskonia al Real Madrid

El patio de Zurbano es particular

Los azulgrana basaron su triunfo sobre el triple, donde logró un 60% de acierto, y el rebote, donde atrapó diez rechaces más.

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C. LABORAL BASKONIA 80
REAL MADRID 62

Koldo AKORDARREMENTERIA I

Porque la diferencia reside en los pequeños detalles, y porque la victoria contra el enemigo favorito siempre sabe mejor, el Baskonia recuperó la fe y sus signos de identidad, con una victoria de ésas que armaría de moral al más pesimista. El Madrid venía de ganar al todopoderoso Panathinaikos y sembrar el terror por Europa, mientras el Baskonia lograba esta semana un triunfo gris ante el Olimpia. A este equipo le gusta hacer rabiar a las casas de apuestas, y la afición disfruta como nunca.

Salir con toda la artillería se antojaba indispensable para hincar el diente al potente conjunto blanco y el Baskonia acribilló a triplazos al Madrid en los primeros minutos. El nulo acierto de los madrileños y la notoria agresividad de los baskonistas comenzó a marcar las primeras diferencias. La actitud que ambos mostraban en el rebote hizo el resto.

La fórmula del triple funcionaba, pero conocedor de que la pólvora puede agotarse en cualquier instante, Ivanovic insistía en explorar el imponente juego interior del Madrid. Con una jugada de libro en los últimos segundos, y usando a Teletovic de pívot, el primer asalto finalizó con un precioso 24-16.

El Madrid siguió dando palos de ciego en el segundo tiempo. Messina utilizó a casi todo el banquillo, en busca de la chispa que pudiera encender la lumbre de un equipo que, cuando empieza, no para. Por ello, y tras observar que los madrileños empezaban a jugar con mayor criterio, los gasteiztarras metieron el otro riñón en defensa. Micov -que jugaba su último partido a las órdenes de Ivanovic-, Barac y Marcelinho cumplieron a las mil maravillas el objetivo, con lo que la renta se mantuvo en torno a la decena de puntos.

La afición temía la previsible reacción que los equipos de esta talla siempre sacan, y bastaron tres chispazos, de los que antes no prendían en el Madrid, para que los de Messina se pusieran a tiro del Baskonia. No obstante, los gasteiztarras enmendaron sus errores, y al descanso se llegó con un todavía sabroso 35-28.

Intensidad en todas las facetas

El inicio del tercer cuarto fue de una intensidad extraordinaria. Con tres tapones y cinco puntos seguidos, los de Ivanovic volvieron a meter tierra de por medio. ¡Y cómo, además! La olla a presión en la que se quiso convertir el feudo baskonista empezaba a dar sus frutos, provocando que el Real Madrid marcara mínimos históricos al estar hasta cuatro minutos sin anotar.

Pablo Prigioni trataba de implantar algo de cordura en su equipo, y Kaukenas se convertía en la mano ejecutora de las ideas argentinas. Pero una gran canasta de Barac tras un tiro libre errado por San Emeterio dejó el marcador en 62-44. Aquello iba camino de saber a gloria.

La defensa del Madrid subió un grado, pero la herida estaba hecho. Messina lo veía claro, y estuvo sentado casi todo el último cuarto. Con 20 puntos de desventaja, el desapego del italiano se contagió a sus jugadores y, carentes de ninguna ambición, siguieron jugando ataques largos. El Baskonia continuó con seriedad, sin confianzas excesivas y con solidez para lograr un triunfo que pocos esperaban.

Ni el «Ikusi mendizaleak» libró a Prigioni

El conjunto madrileño rebosa calidad por todos los costados, pero ayer volvió a quedar patente que gran parte de los efectivos han sido pulidos -o cuanto menos perfeccionados- en la entidad gasteiztarra. Pero casi olvidadas las andanzas de aquel Jorge Garbajosa, o la espectacularidad de Travis Hansen, dos hombres centraron todas las miradas.

Pablo Prigioni y Sergi Vidal fueron objetivo de los aficionados gasteiztarras, no sólo por su reciente paso por el Baskonia, sino por la importancia de los roles que ambos jugadores desempeñaron.

La variedad cromática en cuanto a silbidos fue constante desde la presentación. El nombre de Prigioni fue respondido con una mezcla difícilmente analizable de silbidos y aplausos. Con el catalán no hubo dudas, y fue recibido con una calurosa ovación. Sin embargo, como la participación del ex ídolo local quedó relegada a un papel secundario, Prigioni volvió a virar en el eje de la opinión pública. No fue el mejor partido de su vida, pero al final se marchó con 8 puntos de valoración. Al argentino no le salvaron de alguna pitada ni los aplausos que dio al son de la canción favorita de su hija: «Ikusi mendizaleak».

El pabellón coreó en algún tramo aquello de «queremos la cabeza de Prigioni». Pero estaban abiertas todas las interpretaciones. Había quien defendía que era un canto a aquél que huyó a las filas del enemigo, y otros que decían que era una llamada para que vuelva el cerebro más operativo que ha tenido el Baskonia en años.

Tras el encuentro, Dusko Ivanovic compareció ante los medios satisfecho, como pocas veces. «Hemos tenido continuidad, y hemos defendido bien todo el partido. A pesar de lo que se diga, seguimos teniendo el objetivo de luchar en todas las competiciones. Habrá que ver hasta dónde se llega», declaró. K. A.

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