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Es momento de activar el poder del pueblo y las personas, sólo ellas pueden cambiar las cosas

El debate que está llevando a cabo la izquierda abertzale, estructurado en torno al documento «Clarificando la fase política y la estrategia» y que ha reunido a más de 7.600 participantes en 274 asambleas, sigue su curso natural por encima de los intentos del Estado español por paralizarlo y de la pretensión de ciertas fuerzas políticas y de sus medios afines por desvirtuarlo. Ese debate se ha dado en condiciones objetivas muy complicadas, derivadas de la ilegalización y de la escalada represiva vivida durante los últimos meses, lo que le otorga un mérito aún mayor. No se puede olvidar que el debate se activó después de una operación política y policial destinada precisamente a abortarlo.

GARA ha tenido acceso a las conclusiones preliminares que ha extraído la izquierda abertzale tras haberse desarrollado la parte central del proceso de debate y, a falta de conocer la resolución final, existen varios elementos reseñables. En primer lugar, cabe destacar que la militancia y la base social de la izquierda abertzale apoyan unánimemente la aclaración estratégica y el trabajo ideológico realizado por la dirección de Batasuna, así como los pasos concretos dados desde que se inició este debate, como por ejemplo la Declaración de Altsasu. A partir de ahí, las conclusiones preliminares profundizan en el análisis de la coyuntura, que sitúa el momento político como propicio para el cambio por haberse agotado el ciclo abierto con el Estatuto y el Amejoramiento y al estar la mayoría de la sociedad en favor de una resolución democrática del conflicto. Se subraya un enfoque general que prioriza la dimensión política y que debe servir para acumular fuerzas y activar a la sociedad, pilares de esta aclaración estratégica. También destaca la perspectiva gradual y dinámica destinada a crear nuevas condiciones, así como la caracterización de la negociación como herramienta sostenida en el tiempo y no como objetivo en sí mismo.

El cambio político y social que propugna la izquierda abertzale se vertebra en torno al proceso democrático, su apuesta estratégica. Según se formula en las conclusiones, el desarrollo de ese proceso generará «nuevas condiciones en la transición hasta el marco democrático».

Las conclusiones suponen un nuevo paso adelante, que viene a sumarse a anteriores iniciativas de la izquierda abertzale como las declaraciones de Anoeta y Altsasu o, todavía más cerca en el tiempo, el discurso de Arnaldo Otegi esta semana en la Audiencia Nacional.

Más allá de lecturas interesadas, es evidente que este nuevo paso no se sitúa en la línea marcada por el Estado español o por los partidos adscritos a la perspectiva «antiterrorista», sino en la dirección estratégica marcada por la izquierda abertzale desde sus orígenes: la consecución de la independencia y el socialismo a través de vías políticas y democráticas. Quienes, bien por mala voluntad, bien por intereses particulares o bien por manifiesta incapacidad pretendan situar este paso en términos de retroceso o incluso de rendición no sólo están cometiendo un grave error de análisis y una gran irresponsabilidad política. Están además perdiendo un tiempo precioso que más tarde tendrán que invertir en resituar sus estrategias de cara a nuevos escenarios. Si tienen un mínimo conocimiento de la realidad vasca deberían reflexionar al respecto, cuanto antes mejor.

Disidencia «interna», alternativa de poder real

La izquierda abertzale es la principal fuerza política en el Estado español -y, en otra medida, también en el Estado francés- que encarna una disidencia de izquierda democrática y radical. Pero dentro de Euskal Herria, en términos políticos y sociales, la izquierda abertzale es además una alternativa de poder real. Y eso provoca pánico en todo el sistema político que deviene de la transición española, incluida la parte del regionalismo vasco que ha medrado a su sombra.

Así se confirmó en el anterior proceso de negociación y si algo queda claro en este debate es que la izquierda abertzale ha aprendido la lección. No puede ni debe caer en la endogamia, pero necesita de un planteamiento endógeno, es decir, que libere sus propias fuerzas y potencialidades, sin renunciar a la colaboración en base a acuerdos pero basándose en sus propias fortalezas. En resumidas cuentas, nadie va a hacer el trabajo por ella, menos aún sus adversarios, pero no puede hacer todo el trabajo sola. Para ello es necesario activar a la sociedad. No existe la opción de un repliegue táctico, sólo se puede avanzar, aun conociendo el coste de hacerlo. De ahí que la dirección de la izquierda abertzale pida a sus militantes y a su base social «más trabajo y más lucha».

Esta semana ha fallecido otro «disidente», Howard Zinn, éste a escala mundial. Su amigo Noam Chomsky resumía en una entrevista a «La Jornada» la perspectiva de este intelectual y activista norteamericano. Según él, Zinn buscaba «sacar desde lo profundo a incontables personas desconocidas, cuyas acciones son las raíces de los grandes hechos que se registran en los libros de historia. Su visión era que si uno suprime las raíces, tal como se hace convencionalmente, no sólo fracasa en entender qué ocurrió, sino también anula el poder de las personas, ya que no se les permite alcanzar el entendimiento de que son ellas las que pueden cambiar las cosas». Pues bien, en alusión a la obra maestra de Zinn, se está empezando a escribir un nuevo capítulo de «La otra historia de Euskal Herria». Quien de verdad quiera cambiar las cosas debe ser consciente y aportar en ese sentido.

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