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Carlos Olalla actor

Dejemos hablar al silencio

El estanque del Parc de la Ciutadella de Barcelona fue escenario, hace unos años, de una iniciativa cargada de poesía, de magia... y de silencio. Un artista que se refugia en el anonimato y protege celosamente su identidad bajo el seudónimo de TRES fue el artífice de esa experiencia maravillosa a la que pudieron asistir unos cuantos centenares de privilegiados espectadores que, en respetuoso silencio, vieron a ocho barcas surcar el pequeño estanque entre la niebla. En la popa de cada una de ellas iba un remero, una sirena sentada en su proa y, en el centro, un músico tocando las notas más graves de un saxo. Aquel sonido, aquel evocador canto de las sirenas en la niebla, transfiguró por completo la luz y la magia del atardecer y aquel estanque se convirtió, por un momento, en la laguna Estigia. Lenta, muy lentamente, las ocho barcas recorrieron el estanque al son de aquellas melancólicas notas que, como fantasmas en la noche, pronto lo inundaron todo. De repente, quizá obedeciendo a una llamada ancestral sólo intuida, los saxos enmudecieron, los remos callaron... y habló el silencio. La inercia y el viento, ese viejo dios al que algunos llaman destino, empujaron las barcas hacia el centro del estanque. Un blanco manto de niebla y silencio cubrió las últimas luces del parque...

En un mundo en el que hemos ahogado el silencio y en el que, a diario, refugiamos nuestros miedos tras los ruidos más absurdos que nos permitan evitar pensar, presenciar una iniciativa como ésta es un extraño privilegio. ¿Cuántos podemos decir hoy que hemos podido escuchar el sonido del silencio? ¿Cuántos que hemos aprendido a callar y a escuchar? ¿Cuántos hemos podido oír la voz de los desaparecidos, el llanto de los ausentes?

La sociedad de la imagen, esa sociedad pasiva e inerte en la que nuestro papel parece limitarse a mover un dedo para cambiar el canal de la televisión, está acabando hoy con la sociedad de la palabra, aquella que exigía una actitud activa, la de ponernos frente a un libro y abstraernos por los bosques del pensamiento buscando respuestas... Hoy, cuando el ser humano parece haber perdido su capacidad de analizar, de relacionar conceptos, de elaborar opiniones e ideas propias, hoy más que nunca tenemos que gritar bien alto y bien claro que una palabra vale más que mil imágenes. El ruido y la imagen han ocupado el lugar de la palabra y del silencio: el pensamiento. No quieren dejarnos pensar. ¿Cómo pensar cuando nos han quitado la capacidad de analizar? ¿Cómo tener una opinión propia si nos impiden aprender a pensar? Las palabras pierden su sentido, pocos saben ya lo que verdaderamente significan y el silencio ya sólo está al alcance de los muertos.

La palabra y el silencio se hundieron para siempre en el océano de la ignorancia. Los grandes ideales generosos, altruistas y solidarios duermen en el eterno sueño del olvido. Hoy la ley está por encima de la justicia, los jueces del derecho, y el odio de la razón. Hoy palabras como libertad, democracia o derecho son utilizadas impunemente por quienes quieren quitarnos la libertad, la democracia y el derecho, argumentando cínicamente que nos los están quitando precisamente en nombre de la libertad, de la democracia y del derecho. Puede que sea la mayoría la que rige los destinos de nuestra sociedad, pero es tan fácil dominar y manipular hoy a esa mayoría... Los primeros pasos hace tiempo ya que se dieron: le quitaron la palabra y el silencio. La imagen y el ruido son las verdaderas armas de destrucción masiva que han empleado, emplean y emplearán contra nosotros que, ilusos, aún nos creemos libres porque nos dejan votar una vez cada cuatro años y porque podemos decir lo que queramos porque, nos dicen, tenemos libertad de expresión.

Pero ¿somos libres de elegir si nuestra elección se ha de limitar a la que los partidos proponen? ¿De verdad nos dejan decir lo que queremos? ¿Son realmente libres los medios de comunicación? ¿Acaso es información el continuo bombardeo de mentiras, descalificaciones e insultos con el que a diario somos agredidos por los medios de la extrema derecha de este país? ¿Dónde está el deber de informar de la prensa? ¿Qué queda de nuestro derecho a ser informados? ¿Qué queda del pluralismo informativo? Hoy son muchos los que no tienen opinión propia, demasiados los que repiten lo último que han oído, lo que más nos han repetido o que más alto nos han gritado...

Exijamos nuestro derecho a estar informados y no permitamos que nuestra voz acabe siendo lo que ellos quieren: el eco de la suya. No quieren que tengamos nuestra propia opinión. La libertad asusta al carcelero. Viendo la actuación de estos medios de comunicación y de estos jueces está claro que Franco lo dejó todo «atado y bien atado».

Hoy la manipulación informativa es tan burda que ofende a la inteligencia y a la razón, y no es sólo con el tema del franquismo, sino con todo aquello que implica la esencia de la democracia: la paz y el diálogo. ¿Nos han informado, acaso, de que un grupo formado por más de 20 expertos internacionales en resolución de conflictos, entre los que hay cuatro premios Nobel de la Paz, acaba de presentar en el Parlamento Europeo la Declaración de Bruselas, un manifiesto en el que apoyan expresamente las tesis no violentas de la izquierda abertzale para conseguir la paz en Euskadi, piden a ETA que abandone la violencia en un alto el fuego permanente y verificable, y al Gobierno español que esté a la altura de las circunstancias para conseguir, al fin, la paz en el último conflicto de Europa? ¿Nos han informado de que entre ese grupo de expertos se encuentra Raymond Kendall, el policía más laureado de Europa, máximo jefe de Interpol entre 1999 y 2007 y que, entre otras condecoraciones, cuenta con la Cruz al Mérito Policial de la Guardia Civil? ¿O que entre ellos también está Mary Robinson, la ex presidenta de Irlanda galardonada en 2006 con el premio Príncipe de Asturias precisamente por ofrecer «su voz, inconformista, valiente y de amplias resonancias a quienes no la tienen o apenas la pueden hacer valer»?

La respuesta, no me cabe duda, es no. Sin embargo todos hemos sido «debidamente» informados de que ETA, en su último comunicado, ha manifestado su voluntad de seguir adelante con la lucha armada cuando, en realidad, la novedad de ese comunicado precisamente radica en que ha declarado que valora positivamente esta implicación de la comunidad internacional y que próximamente estudiará las propuestas de paz y diálogo que propone la Declaración de Bruselas. Podemos estar ante una oportunidad histórica de alcanzar definitivamente la paz en Euskadi. Pero los medios de comunicación nos siguen vendiendo la idea de que el fin de ETA, su derrota final, está al alcance de la mano. Llevan más de 50 años diciéndonos lo mismo, haciéndole el juego a esa mano negra que no quiere la paz.

Los medios generalistas han ignorado la Declaración de Bruselas. Este apagón informativo de la realidad coincide con las maniobras de manipulación de los voceros de la extrema derecha que se han adueñado de la mayoría de periódicos y emisoras de radio de este país y que, hora a hora, van sembrando la semilla del odio, la intransigencia, el nacionalcatolicismo, el españolismo y la xenofobia. Ante esta situación no podemos permanecer de brazos cruzados. Hacerlo nos convertiría en cómplices pasivos de todo lo que está pasando.

Son más de cien mil los desaparecidos del franquismo que duermen en el silencio, que no el olvido. Pedir hoy, tras treinta y cinco años de «democracia», que se haga justicia con ellos está considerado como un crimen. No hay que reabrir las viejas heridas, nos dicen quienes, precisamente, siembran el odio y la discordia desde sus radios, sus diarios y sus televisiones. La TDT no ha traído el apagón analógico, sino el informativo, con la concesión de licencias a todos esos grupos de «comunicación» que odian y persiguen a todo aquel que no piense como ellos. Franco llegó al poder a través de una sublevación militar, pero Hitler lo hizo ganando unas elecciones. Lo tuvo muy fácil: fue el primero en descubrir el poder que tiene la prensa y en utilizarlo. Cuando exigimos que se abran las fosas, que se investiguen los crímenes del franquismo y que nuestros muertos recuperen su dignidad y su identidad no queremos abrir heridas, no buscamos revanchas ni venganza, ¡tan sólo exigimos justicia!, porque queremos poder sacar a nuestros muertos de las cunetas donde les enterraron, porque queremos que, desde su silencio, hablen y nos cuenten su verdad, porque queremos que sepan que no murieron en vano... Dejémosles hablar, dejemos hablar al silencio...

El viento ha amainado, las sirenas se han ido a dormir... en casa me esperan la soledad y un buen libro. Con suerte el vecino no hará mucho ruido. Quizá esta noche, ya de madrugada, cuando todos los demás hayan callado, escuche el sonido del silencio y pueda, por fin, dormir tranquilo...

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