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Maite SOROA | msoroa@gara.net

Otra de Formación del Espíritu Nacional

Ahora que Patxi López y Rodolfo Ares parecen decididos a obedecer -una vez más- a Antonio Basagoiti en lo de imponer en las escuelas el «Plan de Educación en el Constitucionalismo», surgen voces que les marcan de cerca para que ni se les ocurra flojear en el último minuto.

Ayer María Luisa García Franco -que antes pastó por «Abc» y ahora ejerce en «La Gaceta» del Grupo Intereconomía (o sea, a la derecha de Gengis Khan)- advertía a sus lectoras y lectores de que «hay quien cree todavía en el País Vasco que las víctimas son los presos que están lejos de casa». Pues sí señora, muchas lo pensamos así.

En tono burlón, la columnista se pretendía cachondear de casi ochocientos ciudadanos vascos: «No sólo el ex lehendakari Ibarretxe se acordaba de los `pobres' presos cada vez que hablaba de las víctimas, sino que hasta su predecesor, José Antonio Ardanza, a quien no puede reprochársele equidistancia, mostraba tal respeto hacia los asesinos que se dirigía a ellos, cuando les pedía públicamente que dejaran de matar, como `señores de ETA'».

A pesar de que no entiende absolutamente nada de lo que ha pasado y pasa en Euskal Herria, la periodista-ariete trata de explicárselo a los españoles: «Si las instituciones financiaron a los familiares de los terroristas para que los visitaran en prisión, si se permitió que el etarra Josu Ternera fuera miembro de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Vasco, si se instalaron capillas ardientes en los ayuntamientos en homenaje a los terroristas... no es de extrañar que la línea entre malos y buenos esté tan difuminada en el caso de los terroristas de ETA y sus víctimas como en una guerra en la que las armas las disparan desde los dos bandos». Es que, en realidad, sucede eso.

Y al final viene la advertencia a López: «El Ejecutivo de López, con el apoyo del PP, ha aprobado un Plan de Convivencia Democrática y Deslegitimación de la Violencia. Lo que puede ocurrir ahora es que para negociar el apoyo del PNV se introduzcan los matices que impidan trazar con claridad la línea entre asesinos y víctimas». Lo que en realidad quiere decir García Franco (¿de qué me suena el apellido?) es que hay que volver a implantar la Formación del Espíritu Nacional.

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