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Raimundo Fitero

Ropa interior rosa

El programa«Salvados» viajó al corazón de la infamia: Arizona. Allí, después de ver esa obra vergonzosa que es una frontera de seiscientos y pico de kilómetros vallada, vigilada por cazadores de emigrantes, nos proporcionó una de sus entregas más radicales. Caben pocas bromas estando en el despacho del sheriff Joe Arpaio, un tipo de origen italiano que se ha convertido en la máxima expresión de esa extrema derecha americana que actúa a cara descubierta, que gana elecciones, que siente al otro como un delincuente. Jordi Évole capeó el temporal, creó un estado de confianza, jugó con ese monstruo que sujeta su corbata con un pasador que es una pistola minúscula de oro, se permitió hacerle preguntas comprometidas y salió ileso del intento porque allí estaba un guardaespaldas dispuesto a todo, frente a las cámaras, y solamente se paró cuando Arpaio le concedió tres minutos más para compensar la pérdida de tiempo en la traducción.

El desierto, la frontera, los emigrantes, la lucha por la supervivencia y en medio una cárcel al aire libre, una especie de camping del horror, donde «El Follonero» entra acompañado por un carcelero que se va cabreando conforme se le hacen preguntas sencillas, llenas de lógica, pero que cuestionan la legalidad, o la mínima noción humanitaria de tener allí a los presos con traje a rayas, a pleno sol del desierto y con ropa interior rosa. Este detalle tan aparentemente irrelevante se convirtió tras las declaraciones del sheriff en una cuestión básica: es una manera de humillar, de castigar sicológicamente, y entre las argumentaciones dadas por Arpaio para justificar esta caprichosa medida estaban: Que según este monstruo, los calzoncillos blancos, los vendían; que el rosa es un color universal y que a él, personalmente, le parecía horrible, lo que se resume en un «porque a mí me da la gana».

Una realidad muy cruda, una barbaridad, un compendio de actitudes xenófobas, racistas, contra cualquier noción de la declaración de los derechos humanos, que ahí está, a la vista de todos, sin que nadie haga mucho. Se cuentan por cientos los muertos por violencia estructural a lo largo de esa frontera en lo que va de año.

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