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Asalto a la razón política en el Cáucaso Norte

Dabid LAZKANOITURBURU Periodista

El asalto al Parlamento de Grozni refleja fielmente el estado gangrenoso de un conflicto, el checheno, que marcó la actualidad informativa en el cambio de siglo.

El ataque no ha merecido la más mínima reacción -lo que ya es una reacción- del Kremlin y de la sociedad rusa. Lo que no se menciona, simplemente no existe.

Existir, existe. Pero el accionar suicida y cada vez más desesperado de la guerrilla -Dubrovka, Beslán...-, unido a su alineamiento cada vez más inequívoco con el islamismo permite pensar a Moscú que lo tiene bajo control, como un conflicto de baja intensidad que pica pero no duele.

Esta deriva responde, sin duda, a la estrategia del Kremlin. Putin se negó a cualquier tipo de negociación con el independentismo checheno, liquidando o forzando al exilio a sus interlocutores y dejando al enemigo una sola vía de escape, una vía-trampa: la religión.

Pero no bastaba con ello y el Kremlin delegó el poder directo en Chechenia permitiendo y financiando la creación de una satrapía local ante cuya corrupción y abierta y masiva utilización del terror palidecen hasta las mentes más insensibles.

La mezcla resulta explosiva. Putin cedió al poder a un loco al que se enfrentan, Corán en la mano, cientos de jóvenes forzados a la locura. Y que, obligados a renunciar a una vida digna, añoran ahora un Cáucaso Norte bajo el imperio de la Sharia o ley islámica. Y están decididos a lograrlo por las armas.

No es una guerra. Se parece bastante más a un estado de preguerra, de prepolítica. Es la derrota de la razón política. Independentista y, por tanto, razonable.

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