GARA > Idatzia > Ekonomia

«Las transnacionales han saqueado y siguen saqueando Bolivia»

p020_f01.jpg

Pablo Villegas
Investigador del CEDIB de Bolivia

Pablo Villegas pasó por Bilbo para reconocer con tristeza que en Bolivia las multinacionales siguen campando a sus anchas. El país andino es el segundo en recursos de América Latina, pero también es segundo, tras Haití, en pobreza. Cambiar de rumbo significa terminar con el poder transnacional.

Juanjo BASTERRA

Pablo Villegas es uno de los responsables del Centro de Documentación e Información de Bolivia (CEDIB) y experto en hidrocarburos, ya que trabaja en el área de recursos naturales de políticas petroleras y mineras. Participó hace unos días en el V Curso del Observatorio de Multinacionales de América Latina (OMAL) en Bilbo sobre «las claves del poder de las multinacionales en las nuevas realidades latinoamericanas». Considera que en el sector de hidrocarburos, Bolivia «deja hacer» a las multinacionales y recuerda que «tienen mucho poder». Critica que el Gobierno no informe con detalle de esa realidad al pueblo, una «sumisión» que responde a la presión que ejerce el poder económico capitalista en este momento.

¿En qué situación se encuentra Bolivia frente a la intrusión de las multinacionales?

La conclusión es que Bolivia es el país más obediente de América. Continúa entre los más pobres de América Latina, sólo por delante del más pobre: Haití. Pero ese es un país ocupado. Desde punto de vista personal, Bolivia está sometido a un régimen neocolonial. El sometimiento a un régimen tiene que ser a través de normas, pero allí se ha reformado el sistema legal boliviano por el influjo de las multinacionales y al hilo del neoliberalismo, en tal extensión y profundidad que no tiene antecedentes en la colonia.

¿A qué se refiere y a qué afecta esa reforma?

La reforma es tan profunda que llega a campos de la salud, aspectos sociales, laborales, económicos y de medio ambiente, y se refleja en la cooperación internacional. Legitima al neoliberalismo, que está detrás de todas las políticas económicas, de la ley de inversiones, de la leyes que tienen que ver con los recursos de explotación de Bolivia, de las laborales, de la actitud que el Estado debe tener cuando están en juego los intereses de las transnacionales y los del país. Esas leyes obligan al Estado boliviano a optar por los intereses de las transnacionales, porque hay un artículo que dice que el Estado boliviano hará todo lo posible por entregar a las transnacionales todas las licencias, patentes y permisos que necesiten para realizar sus actividades en suelo boliviano.

¿Se ha cedido a las transnacionales en este momento?

Cierto. Obligan al Estado a violar sus propias leyes, porque ponen la legislación internacional y los acuerdos firmados con las transnacionales por encima de cualquier ley boliviana. El problema es que si antes Bolivia tenía una disputa con Repsol, sucedía como en cualquier otro país: tenía que someterse a las leyes bolivianas. Pero con la nueva legislación, el problema con Repsol se convierte en un problema con el Estado español.

Como son, por otra parte, tratados de protección de inversiones, nadie va a definir ni aclarar cuál es la inversión que se ha efectuado. Pero en este tratado la definición de inversión no es la común del término, sino que se conceptúan como derechos los que han obtenido de explotar los derechos naturales. O sea, sin haber invertido un sólo centavo, por el sólo hecho de que el Estado boliviano decide entregar en concesión una determinada área para explotar los hidrocarburos, se considera ya una inversión de la compañía. Es decir, una propiedad pública pasa a ser propiedad de la empresa.Han sometido a Bolivia a un estado neocolonial.

¿Las multinacionales han saqueado Bolivia?

Han saqueado y están saqueando. Hablando del caso de los hidrocarburos, Bolivia es el segundo país en reservas de gas de Latinoamérica. Cuando llega la etapa del neoliberalismo, en 1996-97, las empresas extranjeras de hidrocarburos hacen contratos de explotación, pero no siguiendo la ley boliviana que dice que esos contratos tienen que ser reconocidos por el Parlamento. Son acuerdos con el Gobierno, sabiendo que la Constitución dice que tienen que ser aprobadas por el Congreso. Y estos contratos, desde el punto de vista legal, no existen. Así, cerca de una década han explotado recursos de gas y petróleo en Bolivia, entre ellos Repsol, sin ser legales. Es un robo. Es una apropiación indebida de bienes del Estado de Bolivia. No hay más que decir.

¿Cómo se cambia esa situación?

Lo que ocurre es lo siguiente: a raíz de una serie de levantamientos que ocurrieron en Octubre de 2003 se decide hacer una nueva Ley de Hidrocarburos, pero la demanda del pueblo -conocida como la «Agenda del 2003- fue nacionalizar los hidrocarburos, industrializar los hidrocarburos y hacer una asamblea constituyente. El congreso de la época, que era de corte neoliberal, de los viejos partidos políticos, decide hacer una nueva ley de hidrocarburos, y establece la realización de dos tipos de auditorías para saber qué había pasado con los recursos naturales. Es un derecho del pueblo boliviano, porque el pueblo boliviano ha muerto por ese derecho. El nuevo Gobierno realiza la primera auditoría. Pero el resultado de estas auditorías no se conoce más.

¿Usted sabe qué dicen?

La primera. Concluye que hay un fraude en reservas, en inversiones, en tecnología mal aplicada a los pozos, con daños a los pozos. Pero oficialmente nunca son reconocidos esos informes. Estas auditorías, como decimos, son fondeadas. La segunda auditoría se hace, pero no se sabe lo que ha pasado. Lo importante de esas auditorías, además del derecho del pueblo a conocer, eran los requisitos necesarios para establecer nuevos contratos con las empresas. El problema es que se hacen los nuevos contratos con las empresas sin utilizar las auditorías, porque dan un fraude masivo.

¿Se firmaron los contratos?

Los que hacen los nuevos contratos son los mismos que firmaron los antiguos. Ninguna empresa abandona el país. Todas ellas están con contratos. La realidad es que antes no tenían contratos y en una década se apropiaron de bienes que no eran suyos, luego han obtenido contratos que no eran suyos y sin ninguna penalidad por lo que ocurrió. Es sumamente ventajoso para las multinacionales.

¿Quiere decir que con el nuevo Gobierno de Evo Morales siguen teniendo el mismo o más poder que antes?

El problema es que hasta 1985 teníamos un régimen de varias empresas estatales que habían sido creadas, no solamente por la lucha del pueblo boliviano, sino que una de ellas surge de una guerra muy sangrienta contra Paraguay, provocada por dos empresas petroleras, una a cada lado de la frontera y que llevan a los dos pueblos más pobres a la guerra. De ahí surje otra empresa estatal que nacionaliza el petróleo que estaba en manos de la multinacional Standard Oil. Una nacionalización beneficiaba más a Bolivia y hasta 1985 en el área petrolera era la empresa estatal que tenía el 85 % de exploración, 85% de producción y 100% en todas las áreas de la cadena productiva petrolera. Ahora no hay exploración.

Quiero decir en términos estrictos, porque cuando se detecta una estructura petrolera, los pozos que exploran no son exploratorios, son de desarrollo de diferente minerología. La exploración no existe y cada vez tenemos menos reservas. En cuanto a la producción, antes el 85% era propia, y ahora el 82% viene de empresas extranjeras. Estas situaciones le dicen lo que ha cambiado. En cuanto a refinería, se han comprado las refinerías que el estado había vendido a Petrobas, la empresa estatal mixta de Brasil, a un precio superior al vendido y en un estado de deterioro superior al que estaba. Si tenemos el 100% es porque Petrobas se negó a ser socia.

Porque la política del estado boliviano era ser socia. Nunca hubo la intención de tener una empresa estatal monopólica. La política siempre fue de socios.

Si la producción llega en un 82% de las empresas extranjeras, ¿en qué situación se encuentra Bolivia?

La verdad es que con un 82% de producción que proviene de las transnacionales las posibilidades de tener una política de hidrocarburos propia e independiente es muy poca. Para estas empresas es muy fácil reducir la producción y estrangular al Estado. Eso es lo que ocurre.

Después de 1954 fuimos autosuficientes con los combustibles, pero ahora importamos cada vez más. Fíjese: importamos gasolina de Chile, que no es un país petrolero ni gasífero. Tiene algo en el sur, y nada más. Y también importamos diesel desde Colombia. Esa es la situación a la que nos han llevado y es una muestra de lo que ocurre a nivel real. No se ha retornado a la situación anterior al neoliberalismo.

¿No se puede o no se quiere?

Lo que se dice es que no se puede. El problema que hay que aclarar es cómo se ha hecho toda la nacionalización, o si quieres, en términos radicales: toda revolución plantea problemas de estrategia. Pero tratándose de estrategias, si no puedes hacer algo, dile la verdad al pueblo. Recordemos las auditorías, ¿por qué se ocultan? Porque se demuestra que hay fraude. Nos han robado y tenemos que llegar a acuerdos con las empresas por tal y cual. No debe ser así.

Neocolonial

«Bolivia es el segundo país de América Latina en recursos naturales, pero es el segundo mayor en pobreza, tras Haití. Han sometido a Bolivia a un estado neocolonial y las transnacionales tienen todo el poder»

PRESIÓN

«Siempre ha habido presión. Debes saber que cuando vas al mercado hay ladrones. Tienes que escoger entre la presión de las empresas y el pueblo boliviano que ha dado su vida por este país»

Sin producción

«No tenemos una empresa nacional que produzca hidrocarburos. Estamos a lo que nos manden las transnacionales y cada vez tenemos menos reservas»

«Nunca ha habido un contexto económico y político tan favorable para Bolivia, y lo debemos aprovechar»

El segundo país en recursos de hidrocarburos es el segundo más pobre de América Latina. ¿Cómo se le da la vuelta a esa situación?

Si me pongo en el lugar en el que se encontraba el Gobierno de Evo Morales en 2003 y en 2006, está claro que ha habido un problema de estrategia, porque tienes una gran cantidad de transnacionales con las que tienes que lidiar, y varias son de países vecinos, con dos grandes potencias Brasil y Argentina y, en cierto sentido, Chile, que tienen intereses expansivos sobre Bolivia. Esas oligarquías están marcadas por expandirse hacia Bolivia y y civilizar a Bolivia. Ante eso, por un lado puedes nacionalizar todo. No hablo de expropiar, porque nunca ha habido una expropiación neta. Siempre se han pagado indemnizaciones, es decir lo que estás haciendo es comprar mercado. O, por otro lado, puedes hacer como hizo Ecuador cuando el general Rodríguez Lara creó una empresa con producción propia. Eso no se ha hecho con la empresa estatal boliviana. Había en ese proceso una estrategia para nacionalizar ciertas empresas pero, sobre todo recuperar con la empresa estatal capacidad productiva propia. Si no tienes eso, no tienes nada. En Bolivia, en estos seis nuevos años la empresas estatal petrolera no perfora ni con el dedo. No produce nada, depende de la producción extranjera.

¿Ha habido temor del Ejecutivo boliviano a la presión procedente de las multinacionales y de los gobiernos donde tienen su origen?

Siempre ha habido presión. Tú, cuando vas al mercado, sabes que hay ladrones. Tienes que escoger entre la presión o el pueblo boliviano, que ha dado su vida por este país. Lo que hay que entender es que si no tienes una empresa estatal propia y eficaz, no puedes hacer nada.

¿Queda mucho por hacer?

Mucho. Debemos aprovechar el contexto histórico en el que estamos en Latinoamérica. Estamos rodeados de un movimiento social americano que respalda a Bolivia, que podría haber liderado, y de gobiernos en el mundo que han empezado a desprenderse de la órbita de Estados Unidos, como Rusia, China, Irán... además de Latinoamérica. Nunca ha habido para Bolivia un contexto económico y político tan favorable. Se está desperdiciando por el fantasma de la presión de las transnacionales. Digamos no. J. BASTERRA

Imprimatu 
Gehitu artikuloa: Delicious Zabaldu
Igo