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Herri Urrats, un esfuerzo colectivo en el que no hay cambio de turno

Este año los organizadores de Herri Urrats han empezado los preparativos de la fiesta con mucha antelación. Uno de los motivos principales para ello ha sido calentar motores con la vista puesta, prioritariamente, en un público -el de Hego Euskal Herria- cuya solidaridad sigue siendo esencial para la supervivencia de las ikastolas en Lapurdi, Nafarroa Beherea y Zuberoa.

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Arantxa MANTEROLA

Desde que arrancara en 1984, atraer a los euskalzales del resto de herrialdes al ya emblemático lago de Senpere es el leit motiv de este evento. Cómo hacerlo; qué espectáculos, juegos o iniciativas contratar; cuáles son los grupos de música y de animación de calle en boga; cómo equilibrar las danzas y músicas tradicionales con las nuevas coreografías y tendencias; integrar la presencia de otras culturas y, por supuesto, todo lo referido a la restauración, txoznas, higiene, seguridad... constituyen el eterno rompecabezas de cada cita anual.

Obviamente, todos estos trabajos preliminares y los del mismo día de la fiesta, así como de los siguientes, no son algo exclusivo de Herri Urrats. Las otras fiestas similares que se celebran en Euskal Herria también suelen conllevar no pocos quebraderos de cabeza para sus organizadores.

No obstante, una de las diferencias -y no nimia- respecto a ellas es que, en Herri Urrats, generaciones diferentes de voluntarios, madres y padres e, incluso, antiguos padres convertidos ya en abuelos, son solicitados todos los años para hacer frente a la macrofiesta.

En un Kilometroak o en un Ibilaldia, el evento suele requerir la participación, sobre todo, de la ikastola que ese año pretende recabar fondos para seguir consolidando un proyecto educativo en la lengua nacional y la de algunos de los centros más próximos a ella. Y, además, la fiesta tardará muchos años en volver a esa comarca.

Cada ikastola, su especialidad

En Herri Urrats, en cambio, no pasa el turno. Todas las ikastolas están inmersas, año va y año viene, en el esfuerzo colectivo. Cada una de ellas tiene asignado un espacio fijo y en él aporta su «especialidad», con la que también recauda fondos durante el resto del año. Por ejemplo, la ikastola Oihana de Baiona se ocupa de elaborar los talos, la de Urruña se hace cargo del bar, la de Bidarte pone un stand donde se venden las prendas de Herri Urrats de ese año, y las de Senpere y Azkaine se encargan de los aparcamientos.

Después de tan larga experiencia, el rodaje de las labores de organización está más que pulido. Pero siempre hay nuevas ikastolas que se estrenan según van creándose. Así, este año, a la de Lekorne se le ha asignado un espacio propio para vender patatas fritas. Siguiendo la tradición, conservará ese espacio y quehacer en futuros Herri Urrats.

Hoy, unos 150 padres y madres de alumnos y otros colaboradores se cargarán con el montaje de carpas y stands. Mañana, otros 1.800, junto a otros 200 antiguos padres y madres de alumnos, atenderán a los euskalzales que se acerquen al lago.

No fallan nunca

También hay grupos de algunos pueblos de Hego Euskal Herria que no fallan a la cita desde que se creó Herri Urrats. Es el caso del de Zugarramurdi, que, generación tras generación, prepara el zikiro que es servido por sendos grupos de Segura y Ordizia.

En los últimos años, el enorme trabajo de concienciación y reivindicación acometido por las propias ikastolas y por todo el movimiento euskalzale en general ha permitido grandes avances en la implicación social y, en particular, institucional. Los habitantes de Lapurdi, Nafarroa Beherea y Zuberoa saben que la salvaguarda y desarrollo del euskara corresponde, en prioridad, a sus instituciones públicas. El problema es que éstas, aunque van dando pasos obligadas por la presión permanente, tardan en asumir sus responsabilidades y lo hacen a regañadientes. Más aún si se trata de convencer a los administradores de París, que se contentan con declarar «patrimonio cultural» de la República las lenguas minorizadas, sin otorgarles un marco legal definitivo que, a buen seguro, ayudaría a salvarlas.

Las cosas están así. En 2011, Seaska sigue peleando porque el Estado cumpla con sus promesas y obligaciones. La semana pasada estaba en la calle reclamando los puestos docentes que el Ministerio de Educación se niega a financiar. Y, a pesar de todo, la única red educativa que ofrece un sistema de inmersión en euskara sigue creciendo.

Tras pasar varios días mirando las previsiones meteorológicas y conjurando para que un diluvio como el del año pasado no les chafe la fiesta, todo está preparado en Senpere para que un mundo convierta el lago en un mar. Mañana, padres y voluntarios de las ikastolas de Ipar Euskal Herria estarán presentes. Los euskalzales de todo el país, también.

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