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Un llamamiento a conservar la vieja fábrica buscándole un nuevo uso

Los expertos mantienen que en otros lugares nos llevan años de ventaja en la conservación de patrimonio industria. Sin embargo, en nuestro paisaje más cercano hay un importante conjunto de naves industriales en ruina o a la espera de derribo. Algunas voces, como la del arquitecto Iñaki Uriarte, reivindican su conservación y reutilización, por el valor que tienen, por su volumen, sus características arquitectónicas o por su arraigo y valor identitario.

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Nerea GOTI | BILBO

Viejas fábricas, talleres, almacenes abandonados, edificios de oficinas y otros elementos, huellas del pasado industrial, permanecen a la espera, la mayoría en trance de ser derribados. Por su estado de abandono, pueden parecer desechos edificatorios, pero hay otra forma de mirar esos inmuebles. «Por su valor como patrimonio, de memoria o por envergadura o características de su estructura, merecen una mirada compasiva y fruto de la misma, su reutilización», defiende el arquitecto Iñaki Uriarte.

Uriarte es una de esas voces que llama la atención sobre el valor que tienen esos restos del pasado industrial. «La arquitectura industrial, especialmente en las grandes ciudades muchas veces por su emplazamiento en las periferias a penas ordenadas o lugares de compleja accesibilidad, han sido lugares algo sabidos pero poco conocidos, de escasísimo interés público y consecuentemente apenas apreciados, su autoría es ignorada a pesar de que en ocasiones fuesen proyectados por prestigiosos técnicos», reflexionaba el técnico bilbaino en una alocución reciente sobre esta cuestión. Añadía que «naves o pabellones construidos con criterios de practicidad» dan lugar a «un lugar colosal, espacialmente impresionante, diáfano, sumamente expresivo, donde se muestra su sistema estructural», y describía algunas de sus características: «Altos pilares, grandes cerchas y austera belleza, creando amplísimos espacios de trabajo. En ocasiones, ventanales traslúcidos aportarán una tonalidad exterior recordando qué fase del día y qué parte del año es».

En los últimos tiempos, expertos en arquitectura han llamado la atención sobre el valor que guardan edificaciones industriales en desuso, subrayando precisamente que hay que poner en valor sus características arquitectónicas o su condición de elementos simbólicos de gran valor identitario.

De hecho, el arquitecto bilbaino atesora imágenes y documentación sobre un buen número de edificiaciones industriales que reúnen condiciones para su conservación, por sus características constructivas y por su valor identitario en el entorno.

«Aun no teniendo un importante valor patrimonial como arquitectura, sí lo tienen como edificio solvente, sólido y perfectamente capaz de admitir otros usos que pueden ser lo propios industriales, expositivos o de otra índole», afirma al respecto Uriarte. Destaca, por ejemplo, que una de sus características más llamativas es el tamaño, en el caso de superficies de hasta 330 metros. «Algunas son modelos irrepetibles. Hoy en día, por diversas circunstancias, apenas se construyen naves con esa geometría tan potente, en longitud, anchura y altura».

Mantiene, asimismo, que esas viejas fábricas constituyen retazos de memoria y de la identidad de muchos municipios. Astra y Gernika, la Basconia y Basauri, Babcock en Ezkerraldea, Porcelanas Bidasoa e Irun o Aceros de Llodio y Laudio, son sólo algunos ejemplos.

Dicen los expertos que en Euskal Herria estamos a años luz en materia de conservación y reutilización de esos espacios industriales en desuso, aunque se han dado algunos y hay actuaciones que gozan del merecido reconocimiento. Es el caso de Bergara, donde en la década de los 80, el arquitecto Ramón Garitano supo darle un uso de cancha deportiva a una nave del pabellón de chatarra de Unión Cerrajera, conservando elementos como el puente grúa, de forma que, «cuando uno entra se da cuenta de que está en una antigua fábrica».

Hay otros casos de reutilización, Uriarte señala como ejemplo una actuación de la iniciativa privada en la ribera de Erandio, donde una superficie comercial se ha asentado en el interior de lo que fue una fábrica. Esa firma «supo meterse en el interior sin tocar casi nada. Si un día ese supermercado no funciona, ahí puede haber un restaurante o una ikastola», mantiene Uriarte.

Cerámica de Laudio

Otro caso señalado es el edificio de Cerámica en Laudio, pionero en materia de reutilización de un edificio industrial. Se trata de una antigua fábrica de tejas de principios del siglo XX, ubicada además junto al apeadero de línea de ferrocarril de Renfe y anexa a un polígono industrial moderno, que se rehabilitó para albergar oficinas de uso para la propia industrialdea.

En Basauri están trabajando, asimismo, en un posible uso para algunas de las antiguas naves de la Basconia, a instancias del arquitecto municipal. Por otro lado, otras siguen «en situación de impass» como Porcelanas Bidasoa en Irun, Luzuriaga en Pasaia o Irimo en Urretxu. «No han tenido ninguna comprensión», a juicio de Uriarte, las naves de Babcock&Wilcox entre Trapagaran y Sestao ni Astilleros del Cadagua en Burceña, la asaltada Bilore en Zaldibia o Beyena y Schweppes en el alto de Kastrexana.

En Estados Unidos y algunos estados de Europa son conocidas las viviendas habilitadas en antiguos edificios industriales. Sin embargo, en el caso de la tipología de las grandes naves de la siderurgia que salpican nuestra geografía, los expertos consieran que no es posible. «La posibilidad de construir vivienda es más factible en edificios en altura pero, en el caso de las naves de la siderurgia, en horizontal, es inviable», explica Eugenio Villar, miembro de la Asociación Vasca de Patrimonio Industrial y Obra Pública.

«IRREPETIBLES»

Algunos edificios industriales fueron construidos por prestigiosos técnicos, otros presentan volúmenes extraordinarios o tienen alguna singularidad. El caso es que los técnicos subrayan que muchos son irrepetibles.

AVPIOP, 28 años fomentando una recuperación «lo más respetuosa posible»

«Velar por la conservación, investigación, inventariado y catalogación», difundir el patrimonio industrial y la obra pública y «potenciar que este patrimonio se revalorice y se reutilice», son los objetivos que dirigen la actividad de la Asociación Vasca de Patrimonio Industrial y Obra Pública en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, desde hace 28 años.

«Intentamos asesorar tanto a las instituciones como a las empresas intervinientes», explica Eugenio Villar, miembro de la asociación que trabaja en varios proyectos. «Tabakalera nos preocupa», reconoce, y añade que intentan «que la intervención sea lo más respetuosa posible». De hecho, subraya que ése es el eje que dirige su actuación una vez decidida la conservación. AVPIOP trabaja, por ejemplo, con el Ayuntamiento de Basauri en una posible rehabilitación de una de las antiguas naves de La Basconia. Otra intervención que considera de gran valor es la restauración del horno de calcinación de Ortuella, aunque está por decidirse el uso que se le va a dar.

En la extensa relación de intervenciones de AVPIOP figura también la protección de elementos como el cargadero de mineral de Orconera en Barakaldo. «Llevamos años detrás de él, es el único que queda de los casi 30 que llegó a haber», reconoce Villar, aunque no oculta su pesar ante lo que se está perdiendo con la desaparición, por ejemplo, de las naves de Babcock, del antiguo astillero del Kadagua o de la central eléctrica de Burtzeña. La sensibilidad hacia la conservación crece y la crisis ha paralizado iniciativas de especulación, pero muchas naves siguen en peligro y otras ya desparecieron en otros planes de regeneración. N.G.

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