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Consejo europeo en Bruselas

Los 27 dan la bienvenida con reservas a una poco entusiasmada Croacia

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Dabid LAZKANOITURBURU | DONOSTIA

Croacia firmó ayer el tratado de adhesión que le permitirá convertirse en julio de 2013 en miembro de la UE después de que los Veintisiete -con la sonada excepción del presidente francés, Sarkozy, quien «llegó tarde a la cita»- dieran el visto bueno al nuevo socio comunitario.

Se abre así un maratón de ratificaciones, tanto en Croacia -convocará un referéndum de ratificación a comienzos de 2012- como en los parlamentos de los países de la UE.

El presidente croata, Ivo Josipovic, destacó este final de las negociaciones como «un acontecimiento histórico» que comparó con la independencia del país en 1991. Tras Eslovenia en 2004, Croacia se convertirá en la segunda de las antiguas repúblicas yugoslavas en adherirse a la UE. «Se ha cumplido un viejo sueño», coincidió la primera ministra en funciones, Jadranka Kosora. El proceso comenzó tras la muerte en 1999 de Franjo Tudjman, sobre quien pesaban algo más que sospechas de crímenes de guerra. Las negociaciones arrancaron en 2005 y estuvieron marcadas por un diferendo territorial con Eslovenia.

El presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, dio una calurosa bienvenida a Croacia pero insistió en que «no estamos aún al final del camino». La UE ha decidido incluir en el tratado un mecanismo de vigilancia reforzada en materia judicial, de «libre competencia» y en la lucha contra la corrupción y el crimen organizado. Bruselas insiste en la necesidad de que Zagreb recorte su «generoso» sistema de ayudas sociales -una de las escasas herencias de la Yugoslavia titista-.

En caso de incumplimiento, Croacia se expondría a sanciones como la congelación de los fondos europeos. Unos fondos que serán del orden de 3.500 millones de euros anuales. La UE justifica estas reservas en la adhesión «precipitada» de Bulgaria y Rumanía en 2007.

Tampoco es que la población croata se muestre entusiasmada con la adhesión en plena crisis de la zona euro. «Habrá que ver con los años lo que nos aportará en términos de coste-beneficio», señala Sanja Mikacic, una profesora de Zagreb. Danijel Rehak, de Vukovar, apela a la historia, «Hasta el presente, ninguna unión ha sido favorable a los intereses de Croacia». Se refiere a su pasado en el seno de Yugoslavia y, antes, bajo el imperio austro-húngaro.

Dos son los grandes argumentos de los que se oponen a la adhesión. El primero prioriza los «intereses nacionales» y considera una traición la condena en la Haya al «héroe» de la independencia y criminal de guerra Ante Govina y la cooperación exigida por Bruselas a Zagreb en materia de justicia internacional. El segundo apela al momento. «Ya hemos visto lo que pasa en Grecia, España y Portugal», recuerdan. «La UE explota justo cuando nos invitan a entrar».

El ex presidente croata Stipe Mesic ha tenido que intervenir para asegurar que la adhesión blindará la paz en los Balcanes.

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