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Miguel Castells Artetxe Abogado

Al amigo que se fue

Artemio es un montón de cosas. Ahí va una de ellas: Artemio es un magnífico abogado. Abogado con pluma y con la palabra; que con ambas han defendido los grandes abogados las causas que asumieron

Artemio Zarco es muchas cosas. Tuvo una vida intensa y muy interesante. En varias ocasiones le insistí que escribiera sus memorias. Serían la memoria de su visión, con su humor, sobre los hechos personales y de los tiempos que vivió. Escribió mucho; pero era reacio a sus memorias y se fue sin dejárnoslas.

Artemio es un montón de cosas. Ahí va una de ellas: Artemio es un magnífico abogado. Abogado con la pluma y con la palabra; que con ambas han defendido los grandes abogados las causas que asumieron. Cicerón, por ejemplo, sólo pronunció los dos primeros discursos de los siete que constituyen las Verrinas. Los otros cinco no fueron objeto de expresión oral ante el Tribunal; pero escribió y se publicaron los siete.

El último artículo de Artemio publicado por GARA el 24 de diciembre es ejemplar como oratoria escrita de carácter forense. Forense, claro está, en la realidad social de los tiempos actuales. El artículo se titula «El caso Urdangarin». El artículo, con el humor inimitable de Artemio ataca una vez más a los poderosos, en defensa del pueblo sufriente. El artículo, cuya lectura o en su caso relectura recomiendo, no tiene desperdicio. Me permito transcribir la referencia al banquero:

«Cuenta Oscar Wilde que un importante banquero, queriendo lucir su ingenio ante los amigos que le acompañaban en el paseo, le dijo al mendigo que le extendía suplicante la mano: `Mírame a los ojos. Si aciertas cuál de los dos es de cristal, como premio te daré 10 guineas'. El mendigo le miró fijamente durante 15 segundos y al final sentenció: `el de cristal es el izquierdo'. `¡Formidable!', reconoció deportivamente el banquero: `¿Cómo lo has descubierto?'. El mendigo le contestó: `Es más humano que el otro. Me ha parecido ver en él un destello de piedad'».

He incluido la trascripción porque precisamente las entidades bancarias fueron parte destacada de los acusados a los que Artemio llevó con frecuencia al banquillo en unas ocasiones con la palabra y en otras muchas por escrito.

En el ámbito profesional, era pública fama la muy buena oratoria con la que Artemio defendía ante los Tribunales de Justicia. Recuerdo, como recientes, los comentarios laudatorios que mereció su informe en el Juicio Oral celebrado en el Juzgado de Primera Instancia nº 4 de Donostia en octubre del año pasado en un caso de quiebra. Después de aquella fecha volvió a vestir la toga ante Juzgados Civiles y de lo Penal. Todavía el día 2 del presente año 2012 Artemio anduvo por los Juzgados, recogiendo un expediente y haciendo fotocopias de un Juzgado de lo Penal. Pasó también por la Sala de Togas a darle un abrazo y desearle un buen año a Mari Jose, responsable de la misma. El siguiente día, martes, día 3, en el que Artemio se fue, estuvo en el despacho por la mañana y se propuso volver por la tarde; pero no pudo ser. Cincuenta y ocho años ejerciendo día a día la abogacía, arrostrando, caso tras caso, los rigores de la intemperie propia del ejercicio independiente y libre con el que Artemio desempeñó su profesión.

La última vez que anduvimos juntos Artemio y yo lo fue firmando una carta al director, para la cual luego Artemio redactó la entradilla a comienzos de diciembre pasado [en defensa de un amigo común que se fue]. Luego, el día 24 del mismo diciembre le llamé por teléfono, pero no había nadie en su casa. Le llamé para felicitarle por su artículo y para concretar el lugar y día de la comida o cena que teníamos pendiente. También pendía concretar los términos de la apuesta [ante la rapidez con la que se nos estaban yendo amigos comunes]: quién se iba a marchar antes si él o yo. Ganó la apuesta.

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