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Hay debates importantes para poder avanzar hacia una alternativa política y social

El momento político vasco está caracterizado por una dinámica que no cesa. Transcurre a una velocidad que, con sus altibajos, no se ve afectada por las maniobras de quienes quieren frenar o parar ese tren. La ansiedad existe, no hay duda, y todos la padecen. También los recelos. Pero, a pesar de todo, la dinámica del proceso de resolución es estable y fructífera. La visita de la Comisión Internacional de Verificación así lo ha confirmado al transmitir a la sociedad vasca un mensaje muy positivo. Nadie se ha atrevido en esta ocasión a descalificar la labor realizada por la CIV.

Además, el contexto sociopolítico general resulta coherente con otros aspectos de la dinámica política vasca. Por ejemplo, Escocia, y la voluntad de su Gobierno de organizar un referéndum sobre la independencia, se ha convertido esta semana en tema de debate a nivel mundial. Resulta estrambótico que, según recogía la prensa inglesa, la reacción de las autoridades españolas a esa noticia haya sido más beligerante que la de los propios mandatarios británicos. Precisamente esta semana el exministro escocés de Industria, Energía y Turismo, Jim Mather, explicaba en Donostia la dimensión económica del proyecto independentista de su país, una vertiente del debate en favor de la soberanía que en Euskal Herria no se ha desarrollado tanto como en otras naciones sin estado, pero que cada vez está tomando mayor relevancia. Entre otras cuestiones, la crisis sistémica evidencia el valor de la soberanía, la necesidad de poder gestionar los recursos propios en favor de la ciudadanía, dentro de entidades políticas coherentes y consistentes.

Más allá del debate intrasindical

Volviendo a Euskal Herria, la cuestión socioeconómica ha vivido esta semana un debate «peculiar», por decirlo de alguna manera. ELA y LAB han hecho públicas sus desavenencias a través de GARA e Info7, provocando una escalada dialéctica que por el momento no ha ido a más pero que, vista en perspectiva, resulta desconcertante desde el punto de vista de izquierda y abertzale. Desde esa perspectiva, en la entrevista a Adolfo Txiki Muñoz que desencadenó la polémica entre las dos grandes centrales abertzales se decían cosas graves, probablemente más graves que las que generaron la respuesta de LAB. Por ejemplo, no deja de ser paradójico que ELA equipare a Rajoy y a las fuerzas políticas que, sin ir más lejos, han apoyado en Euskal Herria las dos últimas huelgas generales. Posicionarse por principios frente a Bildu por haber ganado las elecciones no es contrapoder, sino que conlleva debilitar potenciales alianzas, lo que puede suponer un reforzamiento de tus adversarios más reales y fieros.

Lógicamente, en su entrevista de hoy, Ainhoa Etxaide responde a ELA en términos sindicales, los que le son propios. Pero también apunta a que existe un debate pendiente, que va más allá de lo sindical, sobre cómo configurar una alternativa al modelo actual. Plantea, por ejemplo, la debilidad de las instituciones, pero también hay en el sindicalismo debates pendientes más allá de la lucha intrasindical. Por ejemplo, en el ámbito sociolaboral de Euskal Herria hay al menos tres sectores que hoy por hoy no son sujetos sindicales y que, sin embargo, son parte intrínseca e importante de la clase trabajadora vasca, tanto cualitativa como cuantitativamente. Por un lado están los cooperativistas, sujetos de un modelo que en todos los sentidos aporta riqueza al país y que, con todas sus virtudes y contradicciones, forman parte de la clase trabajadora. Por otro lado están los autónomos, pequeños comerciantes y empresarios, cuya pluralidad complica hacer valoraciones generales, pero que indudablemente aportan y que, en muchos casos, ni en términos de relaciones laborales ni incluso en términos de ingresos viven una situación tan diferente de la de muchos asalariados. Por último, pero muy importante, está esa masa de trabajadores precarios que sufre como casi ningún otro sector las consecuencias del modelo capitalista imperante. Estos últimos son objeto de la retórica sindical, pero a menudo quedan fuera de su radar y de su tabla reivindicativa por no suponer un sector muy relevante en la legítima batalla por cotas de poder entre centrales. Todo ello dejando de lado otros sectores como parados, personas a cargo del trabajo doméstico -sobre todo mujeres- y estudiantes. Esto, sin entrar en valoraciones sobre la lucha interclasista u otras cuestiones ideológicas tanto o más interesantes, es una realidad.

Los sindicatos vascos, y especialmente los que conforman la mayoría sindical, tienen una responsabilidad muy grande a la hora de configurar el futuro de este país, luchando y empujando para que vivamos en una sociedad cada vez más igualitaria y soberana. Pero para lograrlo deben superar ciertos parámetros. Del mismo modo, una perspectiva de izquierda en lo económico quedará coja si solo atiende a la perspectiva sindical tal y como está hoy formulada.

En este contexto, es una muy buena noticia que los partidos que forman Bildu más Aralar apoyen las movilizaciones que la maltrecha mayoría sindical ha convocado para las dos próximas semanas. A veces una práctica coherente puede desatascar debates ficticios.

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