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Antonio Alvarez-Solís | Periodista

El hidalgo y las migas

 

En un texto de algún clásico español que ahora no recuerdo se describía a un arruinado hidalgo de Valladolid que disimulaba su hambre sacudiéndose en público cuatro migas de pan que le habían quedado en la barba. Valladolid era entonces el gran escaparate de la hispanidad, hecha siempre de apariencias. Ahora el alcalde de la ciudad castellana ha decidido reforzar esas apariencias dictando multas copiosas para los que frecuenten los paseos vallisoletanos vistiendo únicamente traje de baño y para quienes mendiguen en la vía pública. Dejo aparte que alguien medianamente sensato callejee por Valladolid en traje de baño. Pero hay gente para todo. Lo que me preocupa es la multa para los mendicantes que se fija en 750 euros y puede llegar a 1.500 si la petición se hace con coacción o acoso. ¿Qué pasa en Valladolid para que se llegue a estos extremos?

En primer lugar se debe advertir al alcalde, don Francisco Javier León de la Riva, que una petición de limosna con coacción es un atraco y esto pertenece ya al Código Penal. Por tanto, ahí ya no hay multa que valga. Pero si la limosna se solicita debidamente queda por resolver una contradicción flagrante: ¿cómo puede pagar un mendigo una multa de 750 euros? A mí me parece que el mendigo acabará en la cárcel municipal, donde al menos dormirá caliente y comerá algo, a menos que don Francisco Javier León de la Riva carezca de fondos, dada la situación, para abonar la dieta. En cualquier caso, esta ordenanza recuerda, por pasiva, la estampa del hidalgo sacudiéndose las migas de la barba por fingir un bienestar cotidiano ¿Pobres y en Valladolid? ¡Jamás!

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