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Añorga se transforma para dejar de ser oruga y convertirse en mariposa

El barrio donostiarra de Añorga vive un largo proceso de transformación. De soportar el tráfico de miles de vehículos pasará a convertirse en un boulevard con amplias aceras y bidegorris. Aunque ello no es óbice para que siempre haya aspectos que mejorar.

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Imanol INTZIARTE

Hace unos años, Añorga era la salida o entrada «natural» de Donostia por el sur. La carretera N-I partía en dos el barrio y miles de coches y vehículos pesados circulaban por ella. Para los vecinos, entrar o salir por lss diferentes accesos era una especie de ruleta rusa en la que no eran infrecuentes los accidentes. La construcción de la variante entre Lasarte y el Antiguo comenzó a cambiar ese paisaje. Fue solo el primer paso de una transformación que va quemando etapas.

La Asociación de Vecinos de Añorga Txiki es uno de los colectivos que trabaja para mejorar las condiciones de vida de los habitantes del barrio. En su coqueto local, donde se desarrollan diferentes actividades, atienden a GARA José Ignacio Zabala y Javier Beorlegui, dos de sus responsables. La conversación fluye a saltos de un tema a otro. Como en cualquier otro barrio, son muchos los temas que les ocupan y preocupan, numerosas las peticiones que trasladan a las instituciones aprovechando el altavoz de los medios.

Como hay que comenzar por algún lado, lo hacemos por la carretera y su futuro proyecto de boulevarización, que por fin permitirá convertir en una calle más de la ciudad lo que hasta ahora ha sido una ruta de alta densidad. El grueso de las obras está previsto que arranque en 2013, pero hasta entonces reclaman que se cierre la rotonda que hay a la altura de Añorga Txiki, es decir, que no se pueda pasar por la mitad y sea obligado rodear el obstáculo.

De este modo, alegan mientras ponen sobre la mesa cantidad de mapas, los vehículos se verían obligados a reducir su velocidad y se podría instalar un semáforo para peatones al pie del actual paso elevado, cuyo desnivel supone un esfuerzo añadido para las personas más mayores. Además, añaden, sería una modificación sin prácticamente coste presupuestario.

Mientras, lo más cercano en el tiempo será el final de las obras de canalización de la regata y el desdoblamiento de las vías de EuskoTren, que discurrirán por un túnel. El viejo trayecto ferroviario será ocupado por un bidegorri que se prolongará hasta Lasarte. Al otro lado de la carretera, un segundo carril para bicicletas llegará hasta la rotonda de Errekalde para posteriormente doblar hacia Galarreta y conectar con Hernani.

En cuanto a la regata, se derribará el edificio que hay junto a la entrada de Rezola. Sus habitantes serán realojados al otro lado de la carretera, en unas nuevas viviendas que se construirán en el solar que ocupaba la casa conocida como Apaiz Etxea, y que ya ha sido derruida. Además, se construirá un nuevo vial de servicio para la entrada y salida de los camiones de la cementera.

Zabala y Beorlegui, cuyos dedos han ido recorriendo sobre el papel todas estas modificaciones, no ocultan su satisfacción ante la nueva fisonomía que está adquiriendo esa parte del barrio, a lo que suman que Rezola ya no emite ese pegajoso polvo gris que antaño lo cubría todo.

Nueva estación de EuskoTren

Frente al local de la Asociación de Vecinos se alza la nueva estación de EuskoTren, todavía en obras. Su apertura permitirá una mejora en las comunicaciones. Pero toda cara tiene su cruz, y en este caso significa que muchas personas que viven fuera de Donostia aparcan aquí el coche -no hay OTA- para coger el transporte público y desplazarse hasta sus puestos de trabajo en la capital.

La conversación se salpimenta con los agravios que sufren las zonas del extrarradio respecto al centro, un clásico en cualquier ciudad que se precie. A modo de ejemplo, Javier Beorlegui compara las obras en la Plaza de Cataluña (Gros) con las de EuskoTren en Añorga Txiki. Apunta que en Gros un operario limpiaba las ruedas de los camiones con un chorro a presión cuando salían de las obras, para que el barro no manchase las calles, una norma que en este barrio «no se cumple». José Ignacio Zabala extiende esta situación a la limpieza en general y denuncia que los servicios se concentran en algunos lugares determinados y se olvidan otros. «Y no es una cuestión de dinero», sentencia.

Antes de poner fin a la conversación, se muestran ilusionados con el futuro parque infantil que se hará «en cuanto se aprueben los presupuestos» y recuerdan que ya hace seis años que pidieron un ascensor para salvar el desnivel entre las dos partes del barrio. Y es que esta pelea nunca cesa.

 

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