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«No tragamos con los recortes en Sanidad, está en juego el empleo y nuestro futuro»

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Maitane Castaño y Rocío Bravo
Iniciativa «Ez irentsi! ¡No Tragamos!»

Con el cambio del domingo al lunes, Maitane Castaño, de 22 años, y Rocío Bravo, de 21, acudieron al Hospital de Cruces a pasar dos días de ayuno en sus instalaciones. La Ertzaintza, tras la denuncia de la dirección, las expulsó. Hoy acudirán al Hospital de Basurto de «zombies» y con el grupo teatral Raspa.

Juanjo BASTERRA | BILBO

Maitane Castaño, estudiante de Auxiliar de Sanidad, y la empleada de pastelería Rocío Bravo se unieron a la iniciativa «Ez irentsi! ¡No Tragamos!» para llevar adelante un turno de ayuno de dos días en el Hospital de Cruces. A pesar de ser una protesta pacífica, la dirección hospitalaria las denunció y la Ertzaintza las desalojó. No se cansan. Hoy acudirán al Hospital de Basurto caracterizadas de «zombies» con el apoyo del grupo teatral Raspa, surgido del debate e intercambio de propuestas de esta iniciativa, que denuncia «el apoyo de los gobiernos a quienes nos han metido en la crisis económica».

¿Qué les animó a sumarse a esta iniciativa social?

MAITANE CASTAÑO: Es mi futuro. Es lo que estudio y es a lo que me quiero dedicar. En general, esta protesta es meternos en la piel de los usuarios, porque al final somos todos quienes estamos afectados por los recortes que nos han anunciado en Sanidad. Hacen recortes, pero en el fondo se encuentra la privatización de la Sanidad pública.

¿Que valoración hacen de estas doce primeras horas en ayuno?

ROCÍO BRAVO: Está teniendo más repercusión de la que nos pensábamos al principio y seguro que se difunde. El personal del hospital nos ha apoyado mucho. Los pacientes y los familiares, también. Entramos ayer a las 12:00 y hemos hecho carteles. Estuvimos dibujando y haciendo unos vídeos. El personal hospitalario nos dejó rotuladores, etc. Luego nos sorprendieron los vigilantes de seguridad que nos dijeron que si no nos íbamos tendrían que llamar a una patrulla de la Ertzaintza. Así fue. Un ertzaina nos dijo a ver si nos creíamos que aquello era un hotel.

M.C.: Ante esa denuncia, tenemos posibilidad de tener una multa administrativa por entrar en el hospital que la comunicamos en recepción.

¿Qué contaron a los pacientes, a familiares y al personal sanitario sobre esta novedosa iniciativa?

R.B.: Que no tragamos con los recortes del personal sanitario, con la rebaja de los presupuestos, que con la salud no se juega. Tanto para los profesionales como usuarios.

M.C.: Hay que cambiar para que sea una Sanidad para todos y no se mueva solo por el dinero, como está ocurriendo en la actualidad con los recortes.

¿Creen que va a peor?

R.B.: Sí, Para cambiar tenemos que empezar por nosotros mismos. Si no te declaras inconformista, no avanzamos. Porque la gente se conforma y se amolda. «Ez irentsi!-¡No tragamos!» Es precisamente un grito a no amoldarnos a esa situación, sino a exigir nuestros derechos, los derechos de la mayoría de la sociedad.

¿Tenemos que despertar ese espíritu de rebeldía que todos llevamos dentro?

R.B.: Sí. La Ertzaintza nos dijo que ese sitio no era el lugar adecuado para hacer la protesta. Nos dijo que acudiéramos a la Gran Vía. Les respondimos que estamos siempre en la Gran Vía.

M.C.: Tenemos que manifestarnos en los lugares en los que se aplican los recortes. Si es en Sanidad, en los hospitales o centros de salud; si es en Educación, en un instituto, un colegio o la Universidad. Ellos [por la Ertzaintza] nos quieren juntos para controlarnos.

¿La gente que decía?

R.B.: Preguntaban. La gente tiene muchos problemas.

Y ¿si privatizan la sanidad...?

R.B.: Será el genocidio.

M.C.: Habrá que idear consultorios gratuitos, porque muchísima gente no se podría permitir una sanidad privada. Hacerlas del pueblo para el pueblo, pasar de los poderosos. En tiempos de crisis hay que crear.

Es una idea interesante.

M.C.: Es un proyecto que le ando dando vueltas. Quiero conseguir que me cedan un local, que la gente se una, porque será cada vez más la gente que no pueda acceder a la sanidad pública, porque no tiene dinero o porque le han puesto tantas barreras que no lo podrá tener.

¿También ese modelo serviría para la Enseñanza?

R. B.: Es así. Fíjate, nos dicen que un parto cuesta 6.000 euros. Si se privatiza la Sanidad ¿quién va a tener hijos?

M.C.: Al igual que con los ambulatorios gratuitos, con la Enseñanza habrá que hacer algo parecido. Es decir, sería tomar nosotros las decisiones, para decirles a quienes tienen el poder que nos da igual lo que nos intenten imponer, porque vamos a conseguir alternativas.

¿Habría que dejar de pagar impuestos?

M.C.: Poco a poco. Habría que expropiar los impuestos, expropiar los beneficios a los bancos y, poco a poco, ir creando proyectos de base para el pueblo.

R. B.: La sanidad la están convirtiendo en una empresa y se va a ir a la quiebra. Se van a enriquecer tres, pero se acabará para el resto cuando estalle el negocio.

M.C.: Cuanta menos gente pueda permitirse una sanidad privada, que es un negocio más, menos trabajo habrá; al final, tendrán que acudir a lo público.

 

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