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Japón apaga su último reactor nuclear a la espera de otro modelo energético

El último reactor nuclear activo en Japón dejó de producir electricidad ayer, algo más de un año después del accidente de Fukushima que forzó a las autoridades no solo a adoptar nuevas precauciones en torno a la energía nuclear, sino a replantear toda su política energética para las próximas décadas. El Gobierno quiere volver a poner en funcionamiento los reactores que superen las pruebas de seguridad, pero deberá superar el creciente rechazo a la energía atómica.

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Ninguno de los 50 reactores nucleares con que cuenta Japón está ya en servicio. El último en en activo, el Tomari 3 (norte), entró ayer en un proceso de parada para su mantenimiento. La producción de electricidad se paró y el proceso de «parada a frío» del reactor estaba previsto que concluyera hoy. Otros reactores, detenidos también para mantenimiento obligatorio después de 13 meses de funcionamiento sin interrupción, no han podido ser puestos de nuevo en marcha, ya que las autoridades quieren hacerles pasar antes por pruebas de resistencia y obtener el aval de las autoridades locales. En el momento del accidente de Fukushima, el 11 de marzo de 2011, tras el seísmo y tsunami que devastaron el noreste del archipiélago, había 37 reactores en funcionamiento, y el resto se encontraba inactivo por razones de mantenimiento.

No obstante, el Gobierno japonés apuesta por la continuidad de los reactores que superen los exámenes de resistencia a las catástrofes y respondan a la nueva normativa, pero los electos locales, cuyo acuerdo es necesario para volver a activarlos, dudan de asumir esta responsabilidad ante la creciente desconfianza de la ciudadanía.

Las industrias también presionan para reiniciar la producción nuclear, amenazando con deslocalizar sus centros productivos al extranjero. Para compensar la ausencia de energía nuclear, las compañías eléctricas impulsado la actividad de las centrales térmicas, a la vez que exigen a las empresas y los particulares que reduzcan el consumo.

Temores

Pese a la bajada de la producción, no se ha producido ninguna interrupción masiva del suministro eléctrico, aunque estas podrían llegar con el aumento de la demanda en verano.

La supresión de la producción nuclear hace que los clientes limiten su actividad y teman un aumento de las tarifas; las empresas ven dispararse su factura de hidrocarburos y puede aumentar la emisión de CO2, pero el Gobierno es consciente de que la política energética anterior está caduca.

Esta política preveía un aumento de la parte nuclear de la producción hasta el 50% en 2030, frente al 30% que suponía antes del accidente de Fukushima, pero los japoneses ya ven inaceptable este incremento. El primer ministro en el momento del accidente, Naoto Kan, apostó simplemente por el abandono de la energía atómica. Su sucesor, Yoshihiko Noda, ha propuesto una reducción de la cuota nuclear, sobre todo por la no sustitución de los reactores que lleguen al final de su vida útil.

«La situación sobre la producción de electricidad es seria pero no podemos sacrificar la seguridad. Debemos hacer frente a la realidad con determinación», declaró el ministro de energía nuclear, Goshi Hosono. El Gobierno ha anunciado un nuevo plan energético para el verano.

Manifestación

Varios miles de personas se manifestaron ayer en Tokio con pancartas con lemas como «Adiós a la energía nuclear». «Debemos actuar ahora para que Fukushima sea el último accidente nuclear, no solo en Japón sino en el mundo», afirmó el dirigente del Partido socialdemócrata, Mizuho Fukushima.

Del 30% al 0%

Antes del accidente de Fukushima Japón obtenía cerca del 30% de su suministro de la energía nuclear. Hasta el momento, 19 centrales han obtenido resultados positivos en los test de resistencia, pero ahora deben superar el rechazo de la ciudadanía y las localidades próximas.

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