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ANÁLISIS | ANOETA DESPIDE EL SÁBADO AL ÚLTIMO REFERENTE DE ZUBIETA

El reconocimiento al capitán prima sobre la decepción por perderlo

Mikel Aranburu disputará el sábado su último partido como jugador de la Real y recibirá un merecido homenaje de la afición de Anoeta como reconocimiento a la trayectoria del último referente de Zubieta, que es muy superior a la decepción por perderlo antes de tiempo.

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Joseba ITURRIA

Aranburu vuelve a los entrenamientos con sus compañeros a las cuatro de la tarde a Zubieta para iniciar la semana más especial de su carrera que culminará con la disputa contra el Valencia el sábado en Anoeta (20.00) de su 427 y último partido oficial con el primer equipo de la Real y con el emotivo homenaje que le tributarán sus compañeros, su club y toda la familia realista.

La Real mañana o pasado tiene previsto anunciar el programa de actos organizados para despedir al capitán, entre los que destaca la entrega de la insignia de oro y brillantes del club. Para que Anoeta registre una gran entrada, el Consejo comunicó ayer que a partir del jueves a las 15.00, en la taquilla número 6 de Anoeta, los abonados y los desempleados podrán adquirir alrededor de 2.500 entradas. Cada uno podrá retirar cuatro entradas como máximo, presentando el carnet de socio o la cartilla del paro. En el caso de los abonados, cada persona podrá presentar dos tarjetas.

Mikel se despedirá de la manera que ha querido, con la Real en Primera, a un buen nivel que le ha permitido disputar 32 partidos, 27 titular, esta temporada, y por la puerta grande, que es lo que más ha primado al decidir que este era el momento. No quería salir por la puerta de atrás como ha visto dejar el club a los referentes de la cantera que ha tenido como compañeros en el vestuario en los últimos años: De Pedro, Idiakez, Alberto, Aranzabal, Aitor, Labaka...

Aranburu ha sido un ejemplo de lo que debe ser un jugador de un equipo como la Real. Ha sido fiel al club que lo llamó en edad infantil y nunca ha contemplado la posibilidad de fichar por otro equipo. Además ha sido un ejemplo de actitud en todas las facetas. No ha causado un solo problema en el vestuario con sus compañeros, ni en el campo con sus rivales ni ha protagonizado jamás ningún incidente ni ninguna polémica. Nadie se ha podido sentir ofendido o molesto por algo que haya hecho o dicho el azpeitiarra.

Recibió en 2007 tras el descenso el brazalete de capitán con la salida del club de Aitor López Rekarte en el momento más duro de la historia de la Real. Le ha tocado asumir durante cinco temporadas la responsabilidad de representar a la plantilla en situaciones críticas tras vivir un descenso, con cinco presidentes en año y medio, con uno de ellos que desquiciaba a todos, con un ambiente muy difícil, con impagos al entrar el club en ley concursal... Y siempre ha conseguido que de cara al exterior no saliera nada que pudiera perjudicar al club y que en el interior todo el equipo se centrara cada domingo en cumplir los objetivos marcados sin que nada de lo que le ha rodeado pudiera perjudicar a la Real.

Sus únicos problemas los ha tenido por implicarse con su sociedad y con las injusticias que vive, lo que le ha llevado a ser un jugador marcado por muchos. Pero hasta eso lo ha hecho con tal criterio que personas que piensan distinto lo han respetado. En eso también ha sido un ejemplo porque todos tienden a evitar posicionamientos públicos que pueden perjudicarles en su vida profesional, pero un futbolista debe ser sensible a su sociedad y ayudar en sus reivindicaciones. Y en eso también Aranburu ha primado el interés colectivo al personal.

También en su forma de jugar ha antepuesto el equipo al lucimiento personal. A pesar de tener una gran calidad técnica, lo más destacado de su juego ha sido su sacrificio para el equipo. Ve el fútbol como pocos, sabe dónde debe estar y qué hacer y es el tipo de jugador al que los compañeros siempre querían tener cerca en el campo. No solo les ofrecía ayudas y coberturas en todo momento, raro ha sido que les pusiera en alguna complicación. Cuando no veía un compañero en una buena situación, prefería seguir con el balón hasta encontrarlo que darle un marrón a nadie. Por eso en ocasiones ha conducido demasiado y perdido balones. Despedirse con 33 años recién cumplidos y 427 partidos oficiales pese a la grave lesión que tuvo refleja que ha jugado con todos los entrenadores y su marca será muy difícil de alcanzar en el futuro.

La gran pena es que esa cifra debía haber aumentado porque Aranburu ha demostrado que física y futbolísticamente todavía era un jugador importante para la Real en el campo y, sobre todo, en el vestuario. Muchos dan por buena su decisión porque así van a ver jugar a jóvenes como Pardo, pero es un problema tener seis medios centros que entre todos no han jugado en Primera ni la mitad de los partidos de Aranburu. Es importante apostar por la juventud, pero era necesario que en el centro del campo y en el vestuario esos seis jugadores tuvieran la referencia del capitán. Todo el vestuario pierde a su referente y es un riesgo muy grande si la próxima temporada no se empieza bien porque el entorno está revuelto y hay expectativas muy difíciles de lograr.

Será muy difícil que la Real tenga estabilidad en el futuro si no se recupera la figura del capitán que sigue en el club hasta que deja de ser importante en el campo y en el vestuario. Y ahí empieza lo más decepcionante de la retirada de Aranburu y que los jugadores interioricen que esa es la forma de dejar el club, dos años antes de lo que deberían, para poder salir sin escuchar pitos y por la puerta grande. Cuesta muchísimo sacar un buen jugador de Zubieta como para acortar los períodos en los que la Real pueda aprovecharlos en el campo y en el vestuario.

Hubiera estado bien que Mikel explicara con claridad la razón más importante que le ha llevado a dejar la Real ahora para que el entorno reflexionara. No puede ser que los jugadores tomen como ejemplo su despedida y piensen que deben dejar el fútbol antes de lo que le necesita la Real para poder salir bien. Y esto no es una crítica a la afición, sino a aquellos que pitan a los jugadores. Su brazalete lo va a recoger Xabi Prieto, que tiene contrato hasta 2017 y, a pesar de que es otro ejemplo de lo que debe ser un jugador de la Real como Aranburu, ha empezado a ser pitado. O se acaba ese mal hábito o el futuro será difícil.

El mejor homenaje a Aranburu no será solo llenar Anoeta y despedirle con la gran ovación que se merece, sino conseguir que ningún jugador más sea pitado y que nadie más a la hora de valorar si acepta la oferta de renovar de su club entienda que lo mejor es irse antes de lo que desee la Real para poder salir como él. Lo que más le gustará a Mikel es que Xabi Prieto sea respetado por el brazalete que lleva, que la Real vaya bien en el futuro y que nadie dentro de unos meses lamente su marcha.

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