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Mikel INSAUSTI | Crítico cinematográfico

Fue un «dingo»


Los recuadros informativos que aparecen al final de las películas, aportando datos históricos posteriores a lo narrado en pantalla, deberían ser actualizados con el paso del tiempo. Si se reedita en el mercado doméstico la película australiana de Fred Schepisi «Un grito en la oscuridad», que fue estrenada originalmente en 1988, convendría que un nuevo rótulo hiciese justicia a la versión que allí se ofrecía del caso de Lindy Chamberlain, confirmando su inocencia.

El cine no tiene la culpa de que la justicia sea tan lenta en todas partes, y de que la sentencia definitiva, exculpando a la señora Chamberlain, haya tardado 32 años en llegar. Los tribunales reconocen por fin que fue un dingo, un perro salvaje de las praderas australianas, el causante de la desaparición de su bebé durante una acampada. El problema es que esta mujer cumplió en prisión tres años por la cadena perpetua a la que se le condenó en primera instancia.

Estoy convencido de que fue Meryl Streep quién la sacó de la cárcel, con su apasionada defensa del personaje en la gran pantalla, transformándose incluso por completo mediante un corte de pelo y un teñido que le sentaban fatal, pero que eran los que llevaba Lindy Chamberlain en sus apariciones en los noticieros.

De haber servido cualquiera de las imágenes de la película como prueba en el juicio, no me cabe duda de que la verdadera protagonista habría sido absuelta mucho antes de los cargos que se le imputaban. Me imagino que ya habrá alguna secuela o documental en marcha, pues lo acontecido merece ser testimoniado como ejemplo del sufrimiento de un madre juzgada por toda la sociedad.

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