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ANÁLISIS | Crisis en la eurozona. Elecciones griegas

Grecia afronta otra etapa de austeridad

Los resultados de las elecciones legislativas del domingo en Grecia suponen al vicotria del partido conservador Nueva Democracia, pero solo obtuvo el sufragio de uno de cada cinco personas con derecho a voto. El discurso apocalíptico lanzado desde Europa y la promesa de suavizar las políticas de ajuste evitaron la victoria de Syriza.

Antonio CUESTA | Periodista

Grecia intentaba asimilar ayer la victoria del partido conservador Nueva Democracia (ND) dentro de los estrechos márgenes que permite el modelo neoliberal: el establecimiento de un gobierno de coalición en el menor tiempo posible, para tranquilizar a «los mercados», y la continuidad de las medidas de austeridad exigidas por Bruselas.

Ambas demandas fueron emitidas durante la noche electoral por los ministros de Finanzas de la UE, cuando aún faltaba un 30% del escrutinio, de modo que el líder conservador, Antonis Samaras, sucumbió a la presión y en su primera comparecencia pública ante la prensa afirmó lacónicamente: «respetaremos nuestra firma». En ese momento no hizo ninguna referencia a la renegociación del memorando de préstamo, solo horas después dijo no descartar esa opción pero vinculada a la formación de un amplio gobierno de coalición en el que estuvieran representados varios partidos.

Samaras reconocía que «no había tiempo que perder» ante la deplorable situación en la que se halla la economía doméstica, agravada por el parón institucional que han supuesto las dos convocatorias electorales y que ha sumido a la administración en un letargo indescriptible.

En la misma línea se expresaban ayer los principales periódicos griegos. «El veredicto de las urnas alivia al país», titulaba en portada el diario de mayor tirada «Kathimerini», mientras el editorialista alentaba a retomar «el diálogo con nuestros socios europeos, indispensable para la elaboración de nuevos planes para sacar el país de la crisis». El titular de «Ta Nea», «Gobierno inmediatamente», y el de «Ethnos», «un mandato para poner fin inmediatamente a la ingobernabilidad» del país, incidían en la urgencia que las instituciones europeas están imponiendo al nuevo primer ministro para que retome cuanto antes las medidas de ajuste, aplique nuevos recortes presupuestarios e inicie el vasto plan de privatizaciones pendiente. La lectura de que la victoria conservadora constituye un factor de estabilidad económica y financiera fue destacada por el diario «Eleftheros Typos» («Voto de esperanza») para quien «el resultado electoral ofrece al país su última ocasión de salir de la crisis». Sin embargo, la continuidad de políticas ampliamente rechazadas por la ciudadanía griega no puede conducir sino a nuevos y más duros enfrentamientos tanto dentro de la Asamblea Nacional como en las calles, en un contexto de alta conflictividad social.

Es muy tentador, como hicieron numerosos medios internacionales, afirmar que los ciudadanos griegos decidieron apoyar mayoritariamente la opción del memorando o las medidas de ajuste patrocinadas por Bruselas. Pero lo cierto es que solo una de cada cinco personas con derecho a voto lo hicieron por Nueva Democracia.

Los conservadores usaron el discurso apocalíptico, enviado desde Europa contra la Coalición de Izquierda Radical (Syriza), para atemorizar a la población y evitar el eventual triunfo de su líder, Alexis Tsipras. Y al tiempo lanzaron el mensaje de que la UE suavizaría sus políticas y les permitirían modificar las condiciones del préstamo. Ello evitó en buena medida que Syriza se alzase con la victoria, pero la arbitraria ley electoral hizo el resto. Los 50 escaños otorgados a ND por ser la lista más votada la sitúan al frente de la Asamblea Nacional con el 43% de la representación parlamentaria, habiendo obtenido un 29,6% de los votos. Por contra, Syriza con un apoyo electoral del 26,8% ha conseguido el 23,6% de los escaños.

Algo similar sucede si se analizan los resultados atendiendo a la división social existente entre quienes se oponen al memorando y los que expresamente lo apoyan. ND y el Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok), fervientes defensores de las políticas de ajuste neoliberal, solo han recibido un apoyo del 25,9% si se tiene en cuenta el número total de electores. La alta abstención en unos comicios tan cruciales como los de este domingo, que llegó hasta el 37,5%, únicamente indica el hastío de la ciudadanía hacia una clase política y un modelo bipartidista que no refleja la polaridad y diversidad de la sociedad griega.

El ascenso electoral de ND se debió en parte al caudal procedente de varias fuerzas de corte neoliberal que en la pasada convocatoria del 6 de mayo concurrieron a las elecciones en solitario. Y también a votantes del resto de las fuerzas políticas que buscaron de esa forma un gobierno acorde con los estándares europeos. Los griegos, por el momento, siguen apostando mayoritariamente por su permanencia en las instituciones europeas.

Syriza también consiguió incrementar su base electoral, subiendo diez puntos con respecto a la anterior cita con las urnas. Ahora cuenta con un importante apoyo dentro del Parlamento y un mayor respaldo social para continuar las movilizaciones contra las políticas neoliberales, faceta que nunca ha abandonado desde su creación. El Pasok continúa perdiendo votos, pero parece acercarse a su mínimo. Su oportunidad ahora será la de unir sus fuerzas con ND, y seguir integrando un gobierno encargado de gestionar los intereses de los capitalistas locales y de las instituciones financieras internacionales.

El cuarto grupo en el Parlamento será Griegos Independientes, dirigido por Panos Kammenos, quien fue expulsado de ND por votar en contra del memorando en febrero. Kammenos, un político derechista de corte populista, formó su partido junto al resto de diputados disidentes y en mayo obtuvieron el 10% de los votos. En esta segunda ocasión ha perdido fuerza pero tendrá su peso en el nuevo Parlamento.

Más preocupante es la revalidación del partido neo-fascista Amanecer Dorado. Sus actos de violencia y sus proclamas xenófobas y racistas no han impedido que 425.000 griegos lo hayan refrendado por segunda vez. Sus fuertes conexiones con la Policía no son suficiente para explicar la impunidad con la que actúan. Pese a definirse como antisistema y a sus bravatas contra la clase política en general, lo cierto es que su historial de agresiones tiene por únicos objetivos a inmigrantes y activistas de izquierda. No en vano estos no dudan en calificar al partido nazi como los «mamporreros del régimen» capitalista.

El partido moderado Izquierda Democrática ha mantenido un electorado fiel y ha calcado prácticamente los resultados de mayo. Pese a haberse decantado siempre en contra de las políticas de austeridad, existe la duda de si finalmente entrará a formar parte de esa coalición de «unidad nacional».

Uno de los grandes derrotados ha sido el Partido Comunista de Grecia que ha perdido prácticamente la mitad de sus votantes. Su negativa a cualquier tipo de negociación con Syriza y sus constantes ataques a la coalición han hecho que, posiblemente, muchos de sus partidarios optaran por cambiar su voto en un momento en que la victoria de la izquierda en Grecia se presentaba como una oportunidad histórica.

 

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