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ESTUDIO DE LA FUNDACIÓN IPAR-HEGOA

Independencia, datos para una opción muy real

En un momento en que el número de independentistas crece en Euskal Herria y esta opción está más presente que nunca en la agenda europea, la Fundación Ipar-Hegoa ha recabado el diagnóstico de expertos vascos. El resultado es un libro triple titulado «Euskal Estatuari bidea zabaltzen», que recopila razones y datos sobre la viabilidad de una Euskal Herria plenamente soberana y, por tanto, combate la propaganda estatal en contra, tan evidente en el cercano caso de Catalunya. El trabajo parte de disciplinas muy diversas, desde el territorio a la filosofía o la cultura. Aquí se recogen algunas aportaciones de carácter más jurídico y económico. La conclusión: sí, se puede.

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Ramón SOLA

Legalidad de la secesión cuatro vías y una clave: «legitimidad democrática»

Los detractores de la independencia de naciones como Euskal Herria fijan la primera trinchera en afirmar que no hay cauce legal para ello. Por contra, Iñigo Urrutia (doctor en Derecho de la UPV), Jon Iñarritu (licenciado en Derecho y diputado) y Zelai Nikolas (letrada de Administración Local) marcan hasta cuatro vías jurídicas diferentes para acceder a ser Estado.

La primera y más clásica fórmula es la del derecho de autodeterminación ligado a la descolonización; en el caso vasco no parece la más fácil de invocar, aunque técnicamente sí cabría hacerlo esgrimiendo el hecho objetivo de la conquista de Nafarroa hace 500 años.

Otra vía es la llamada remedial secession, en la que se establece que la independencia es aceptable cuando se presenta como el mejor «remedio» frente a una vulneración general de derechos o una situación de origen manifiestamente injusta. Se trata de una fórmula asumida por la Corte Internacional de Justicia, usada en su día por las repúblicas bálticas -evocando la conquista injusta de sus territorios por Rusia- y que en la actualidad puede tener como ejemplo a los kurdos de Irak. Para los autores, también Euskal Herria podría invocarla.

El tercer supuesto es el de la «secesión acordada», a través de la negociación con los estados correspondientes. Se ha materializado en casos como Montenegro o -de forma gradual- Groenlandia. Obviamente, es la opción que más facilita el reconocimiento internacional.

La cuarta vía es la secesión unilateral, adoptada sin el consentimiento del Estado de procedencia y cuya viabilidad pasa a depender del reconocimiento de otros estados externos. Es el camino que ha llevado a la independencia a Kosovo y también el que subyace tras la reciente aceptación de Palestina en la ONU como Estado observador (aunque no como Estado miembro, algo que requiere nueve votos a favor y ninguno en contra en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidos).

Llevado el debate al tema del reconocimiento internacional es ahí donde cobran importancia novedades doctrinales como el histórico dictamen del Tribunal Supremo de Canadá, que aceptó que, si la ciudadanía de Quebec avala la secesión por amplia mayoría y mediante una pregunta clara, el Estado canadiense tendrá que darle respuesta, ante Quebec y ante la comunidad internacional.

Un argumento recurrente de los enemigos de la independencia vasca es afirmar que el derecho de autodeterminación no tiene encaje en la Constitución española (o, como dijo Felipe González en Barakaldo en la pasada campaña, «existe, pero es de los españoles»). En realidad, los autores de este estudio explican que actualmente solo dos estados en todo el planeta incluyen el derecho a la secesión en sus cartas magnas: Etiopía y Saint Kitts eta Nevis (en el Caribe). Eso no ha impedido ser independientes a los países citados ni se lo impedirá a Escocia si así lo decide su población en 2014 (con el plácet del Reino Unido, que ni siquiera tiene constitución al uso). Todo ello lleva a concluir que hoy día «lo único realmente importante es la legitimidad democrática del proceso».

Europar Batasuna ez alde ez aurka, aurrekari falta dela-eta

Kataluniako aferan begi bistan gelditu denez, independentziaren aurkakoek Europar Batasuna ere oztopo bihurtu nahi dute, nonbait independentzia ekidingo lukeela irudikatuz. «Zein izango litzateke EBren jarrera sezesio kasu baten aurrean?», galdetu diote beren buruari Urrutiak, Iñarrituk eta Nikolasek. Eta ondorioa, hauxe: «Ez dago erantzun argirik».

Batetik, EBn «ez dago inolako araudirik gai honi buruz», aipatzen dute. Beraz, ez die formalki estaturik gabeko herriei sezesio eskubidea aitortzen, ezta debekatzen ere. Dakiguna da EBk malgutasun handiz jokatu zuela Alemaniaren batasun prozesuan, baita kide batzuk duela gutxi lortu edo berreskuratu dutela beren estatu izaera ere (Lituania, Letonia, Estonia, Txekiar Errepublika, Eslovakia, Eslovenia, Alemania batua). Serbia, Mazedonia, Kroazia eta Montenegro, estatu berriak guztiak ere, EBko kide izateko hautagaiak dira.

Kontsultatutako adituon ustez, Euskal Herriak independentzia lortuz gero, «doktrinaren arabera bi egoera gerta litezke: EBtik kanpo gelditzea eta EBn sarrera eskatu behar izatea, edo estatu kidetza zuzena lortzea ondorengotza bidez. Nolanahi ere, aurrekari falta dela-eta, bestelako aukerarik egon daitekeenik ere ezin da ukatu». Erabakia bata ala bestea izan, egileek uste dute kontuan hartu beharko luketela Euskal Herriak -edo Kataluniak, edo Eskoziak, edo Flandriak...- «hamarkadak daramatzatela Europar Batasunean, eta, dudarik gabe, eskakizun guztiak betetzen dituztela».

Tamaño ser pequeño es cada vez más una ventaja teórica y práctica

La afirmación de que su tamaño impide a Euskal Herria ser un Estado libre es otro de los mantras de los detractores de la independencia. Se trata de uno de los argumentos más fáciles de rebatir. Para empezar, en el planeta hay 196 estados y abarcan todos los volúmenes de población: desde China, con más de 1.300 millones de personas, a Tuvalu, con apenas 11.000 habitantes.

La media poblacional, ciertamente, es potente: 35,1 millones de habitantes por Estado si tomamos la referencia mundial y 18,5 por Estado si nos limitamos a la UE. Pero el economista Oskar Arantzabal se ha detenido en las ventajas de los «pequeños». A nivel teórico, se subraya su mayor cohesión interna, más competitividad por la especialización, más flexibilidad, menor gasto porcentual en Defensa... Y es en la práctica donde queda más evidente esta ventaja. Un indicador posible, aunque cuestionable por distintas circunstancias, es el basado en el Producto Interior Bruto per capita, que en 2010 daba como resultado que los cinco primeros estados son pequeños o muy pequeños: Qatar, Luxemburgo, Singapur, Noruega y Brunei. Aún resulta más evidente si se toma el Índice de Desarrollo Humano, basado en aspectos cualitativos más que cuantitativos: ocho de los diez primeros son pequeños Estados.

Islandia, Dinamarca y Noruega son casos destacados para Arantzabal, como Eslovenia, independiente desde hace solo 21 años.

Economía alta capacidad para mejorar los déficits estructurales

Uno de los temas estrella de la pasada campaña fue la afirmación de que una Euskal Herria libre no podría pagar las pensiones. En realidad, el del envejecimiento poblacional es uno de los escasos parámetros negativos para la independencia. Y, en cualquier caso, la tesis parte de un análisis muy parcial e interesado de los flujos con el Estado: según recuerda la economista Nekane Jurado, entre 2004 y 2009 Euskal Herria ha pagado a Madrid más de 11.700 millones de Cupo, pero el Estado solo ha invertido 3.520.

Los datos ofrecidos desde Gaindegia constatan que la mayor parte de los indicadores socioeconómicos de Euskal Herria están por encima del Estado español -pese a aplicarse las mismas normativas, como puntualiza Aitor Bengoetxea- y, muchas veces, también de la media europea. Es significativo el del Producto Interior Bruto per capita. Para Jurado, con 200 kilómetros de costa, Euskal Herria dispone de recursos hídricos suficientes y amplias opciones de lograr energías naturales. También destaca positivamente la capacitación del «capital humano», constatada en muchos índices. Y añade que la capacidad recaudatoria se puede aumentar toda vez que la presión fiscal es muy inferior a la europea (40,6% frente al 31,6% en la CAV y el 29,8% en Nafarroa). Todo ello permitiría compensar mejor los déficits en cohesión social y territorial, envejecimiento, concentración de renta, pobreza...

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