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Endika Montes Uña, Jose Jaime Villanueva Landaburu (*) | Militantes de las fuerzas que conforman EH Bildu y de ELA

Carta a Txiki Muñoz

Hay que desarrollar una estrategia de desobediencia civil, nos contestarás. Absolutamente de acuerdo. ¿Cuándo empezamos? ¿Con quién lo hacemos? ¿Hay posibilidades de que esa estrategia se desarrolle con una fuerza política que no sea EH Bildu? La respuesta es no.

Nos dirigimos a ti desde nuestra doble condición de militantes de las fuerzas que forman Euskal Herria Bildu y ELA; desde nuestra preocupación por las cuestiones de país, de proceso político, de oportunidad para el ejercicio de derecho a decidir; y desde nuestra implicación para conseguir el cambio socioeconómico que estamos convencidos que precisa Euskal Herria para que la ciudadanía, cada uno de nuestros vecinos y vecinas, disfrute del estado de bienestar y trabaje en condiciones dignas.

Somos militantes abertzales, independentistas de izquierda, y confesamos estar tan sorprendidos como disgustados con la actitud que ELA mantiene con Euskal Herria Bildu, la única fuerza política comprometida con el cambio político y socioeconómico.

No pedimos que ELA se inhiba en cuestiones de gestión institucional en el ámbito socioeconómico, no concebiríamos un sindicato que lo hiciera y, desde luego, no militaríamos en él, pero entre la crítica y el acoso y derribo al que se somete a la coalición media un abismo. También partimos del hecho cierto de que Euskal Herria Bildu no es infalible y no está haciendo todo bien. De hecho, reconocemos que a nuestros representantes institucionales les está resultando muy complicado desarrollar en su totalidad el programa electoral, pero a estas alturas no vamos a insultar la inteligencia de nadie deteniéndonos a explicar que eso sólo es posible disfrutando de una mayoría absoluta de la que no disponemos ni en la Diputación Foral de Gipuzkoa ni en el Ayuntamiento de Donostia (por citar los dos buques insignia de la gestión de Euskal Herria Bildu).

Damos por hecho que no es la intención del sindicato, porque tampoco militaríamos en ELA de ser así, pero lo cierto es que las críticas a Euskal Herria Bildu hacen mucho daño por un doble motivo: por una parte, porque se unen a las que recibe de la totalidad del resto de partidos políticos en esa estrategia de todos contra Euskal Herria Bildu que lo mismo sirve para excluirnos de Kutxabank que para forzar el cese de un diputado foral; y por otra parte, porque da a entender a la ciudadanía que todos los partidos políticos son iguales, independientemente de si dirigen sus esfuerzos a cambiar el modelo político y socioeconómico o a mantener el status quo vigente. Y eso no es justo.

Tomemos como ejemplo la política fiscal en Gipuzkoa. Todos sabemos, tanto los militantes de los partidos que componen Euskal Herria Bildu como los dirigentes y afiliados de ELA, que ni el presupuesto de Gipuzkoa ni los cambios en política fiscal han sido los que la coalición hubiese deseado, ya que ha habido que pactar con el PSE. Y como no es objeto de esta carta analizar la política de otras fuerzas, no vamos a entrar a calificar la política socioeconómica del PSOE, pero sí lamentamos que pactar con ellos ese tema haya sido la única opción. Es muy ilustrativo de la pobre ayuda que Euskal Herria Bildu está recibiendo para desarrollar el cambio de modelo que queremos. Efectivamente, es un triste consuelo decir que lo que se ha podido conseguir no era en absoluto nuestro techo y no cumple con nuestras expectativas.

Pero sí estamos orgullosos de poder decir que nuestros representantes institucionales han puesto toda la carne en el asador y que sus políticas están consiguiendo resultados. Y creemos que es de justicia reconocerlo.

Las cosas son más claras aún en lo que se refiere a la gestión de los recortes ordenados por Madrid. El Ayuntamiento de Donostia adelantará la paga extra de junio a enero y se ha comprometido a que los y las trabajadoras recuperen la paga 14 de este años durante la presente legislatura. Es decir, para cuando termine la legislatura habrán cobrado su sueldo íntegro. También la Diputación de Gipuzkoa ha encontrado la fórmula para que los y las trabajadoras cobren el sueldo que les corresponde en base a las 14 pagas.

Sin embargo, ELA ha montado una cacerolada en el Pleno del Consistorio de Donostia contra Juan Carlos Izagirre, pero no, por ejemplo, contra Javier Maroto o Iñaki Azkuna. De hecho, ni siquiera han transcendido de manera pública críticas a los alcaldes de Gasteiz y Bilbo.

Son actuaciones arbitrarias que no alcanzamos a comprender y que no nos atrevemos a calificar de maximalismo, ortodoxia o partidismo, pero sí sabemos que es una estrategia que no compartimos y que no responde a los objetivos que como militantes abertzales y de izquierda tenemos.

Se ha desarrollado una estrategia de confrontación con Euskal Herria Bildu desde el minuto 0 de su acceso a las insti- tuciones. Una estrategia que en muchas ocasiones se ha mantenido aun a sabiendas -la dirección del sindicato lo sabe- de que se juega con ventaja. ¿Por qué? Pues porque la labor institucional referida a la gestión de personal tiene áreas en las que hay que actuar con la debida discreción. Pero todos sabemos que se está haciendo mucho y de forma muy efectiva.

Parece que ELA empuja a los cargos de Euskal Herria Bildu a la inhabilitación. El compromiso de la coalición con este país es muy claro, hemos arriesgado mucho para propiciar el necesario cambio político, así que no creemos que nadie pueda decir que pecamos de prudencia, pero hay que reconocer que nadie nos ha explicado qué ganamos con 20, 30, 50 o 70 alcaldes inhabilitados. ¿Que cojan su puesto quienes ni por nada del mundo se van a comprometer con un cambio de modelo?

Hay que desarrollar una estrategia de desobediencia civil, nos contestarás. Absolutamente de acuerdo. ¿Cuándo empezamos? ¿Con quién lo hacemos? ¿Hay posibilidades de que esa estrategia se desarrolle con una fuerza política que no sea Euskal Herria Bildu? La respuesta es no.

Somos capaces de ver lo que Euskal Herria Bildu hace bien y lo que en estos momentos no tiene capacidad para hacer. Y creemos que esa autocrítica es también deseable en ELA. ¿Se trabaja desde el mejor de los talantes para conseguir acuerdos? ¿Somos conscientes de que no podemos imponer un derecho a veto sobre otros agentes? ¿Trabajamos teniendo presente que quienes han conseguido el aval de la ciudadanía para gestionar las instituciones son los representantes de EH Bildu y no los delegados sindicales de ELA? ¿Con este enfrentamiento estamos perdiendo oportunidades para desarrollar el cambio de modelo que todos deseamos?

Guste más o menos -y a nosotros nos gusta más- Euskal Herria Bildu es la única fuerza, LA ÚNICA, así con mayúsculas, con la que se puede contar para cambiar este sistema político y socioeconómico en la dirección en la que nosotros personalmente queremos y en la que ELA desea. Todas las demás fuerzas, las que tienen capacidad para gobernar, apuestan por seguir como estamos, con el modelo que nos ha traído a la crisis. Por eso, más nos vale buscar fórmulas para, como mínimo, no torpedearnos mutuamente y, en el mejor de los casos, comenzar a allanar el camino para trabajar en común.

Terminamos la carta con una sentencia muy simple pero que creemos que resume lo que piensan muchas de las personas de nuestro ámbito ideológico en este país: esta situación no es buena para nadie y ya estamos tardando -unos y otros- en buscar una solución.

(*) También firman este artículo Juan Ignacio Madrazo Rodriguez, Luziano Olano, Rafael Etxarri, Mikel Martinez Barranko, Tomas Azpiolea Romero, Ernesto Ramirez Lahuerta, Josu Cristobal Churruca, Joseba Andoni Llaguno Hurtado, Jose Ignacio Madariaga Lete.

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