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Cumbre de jefes de estado y de gobierno comunitarios

Un presupuesto esquelético, un churro

Josu JUARISTI

La UE es la suma de los intereses de sus estados miembros. Una obviedad. Pero la suma de dichos intereses no conforma, necesariamente, el interés europeo. Ni mucho menos. El acuerdo retrata un espíritu europeísta en retirada. Así lo reflejan algunos recortes. Y conviene recordar que en los 960.000 millones que han pactado participará el socio 28, Croacia, con lo que, proporcionalmente, el recorte es aún mayor.

De conformidad con el artículo 312 del Tratado de Funcionamiento de la UE, el acuerdo de los jefes de Estado y Gobierno es virtual mientras no lo apruebe el Parlamento. El Consejo espera que la inclusión de la siguiente frase en el punto 6 del pliego de conclusiones de la cumbre logre tal aprobación. Dice así: «Habrá ajustes técnicos automáticos cada año por la inflación». En esa «flexibilidad» se basan para pedir a la Cámara su visto bueno, pero es un argumento muy escaso para tan grueso tijeretazo.

Según el punto segundo de ese artículo 312, el Parlamento Europeo «se pronunciará por mayoría de los miembros que lo componen». Normalmente, el partido mayoritario (el Partido Popular, en este caso) logra sacar adelante lo que en el Consejo se impone tras un ligero maquillaje al alza para salvar la cara de la institución comunitaria por antonomasia, pero en esta ocasión los grandes grupos parecen decididos a utilizar la opción del voto secreto, como anticipó a medianoche Martin Schulz, con lo que el resultado puede ser más incierto.

Van Rompuy, en una nota en la que dedicó dos páginas a defender un acuerdo en el que ni tan siquiera él parece creer demasiado, calificó el compromiso alcanzado de «realista» (es víctima de las urgencias de los estados, vino a decir) pero quiso trasmitir la idea de que es un acuerdo «para el futuro (...) porque no ha sacrificado las inversiones en educación, investigación y crecimiento». Sí lo ha hecho. Van Rompuy debe rebuscar en el detalle (Erasmus, Horizonte 2020...) y hacer abstracción de la rebaja general para encontrar razones que justifiquen un optimismo que él está obligado a reflejar tras cualquier acuerdo en Consejo Europeo.

Van Rompuy acierta, no obstante, cuando dice que la UE no puede ignorar la «extremadamente complicada situación económica» en media Europa y que esta (los ricos) debe ser solidaria con quienes peor lo están pasando, pero casi se sumerge en las oscuras aguas del voluntarismo cuando promete que se gastará mejor y falla cuando aborda el tema de los recursos propios que el Parlamento Europeo demanda, porque se limita a esgrimir la típica retórica comunitaria del «hemos abierto perspectivas para posibles...», es decir, humo. Y el plan de empleo juvenil puede ser algo parecido, porque los estados decidirán cómo usar ese dinero y podrían caer en la tentación de quedarse con cada euro no gastado en esos u otros proyectos. Se parece demasiado a muchos fondos de cohesión que fueron mal aprovechados y peor empleados.

El tijeretazo y el modo de repartir el dinero viene dado por los intereses estatales de todos, no por el interés europeo o porque tengan un plan para el futuro del modelo de integración europeo. De eso hablarán tras las elecciones al Parlamento Europeo, en junio de 2014. Este es un presupuesto caracterizado más que nunca por el egoísmo de todos, de halcones y de gorriones, más necesitados que nunca estos últimos y con el Estado español hipotecado política y económicamente hasta 2020 en el Consejo de la UE porque en Bruselas Merkel le ha perdonado la vida con alguna migaja y la posibilidad de seguir siendo receptor cuando hace años que, tras la millonada en cohesión recibida (no, no busquen, apenas llegó aquí), debería ser contribuyente neto. El Sur y el Este pierden, porque querían-necesitaban más fondos, y también la Comisión.

Más de 24 horas después, hubo acuerdo, y 34.000 millones menos que en el anterior presupuesto (2007-2014). Barroso, quizás sin quererlo, hizo un buen retrato de esta UE: «Esto refleja lo que es posible acordar a 27» con la unanimidad. Cameron, exultante, se retrató sin pudor (a sí mismo y a otros): «He luchado contra quienes querían torpedear el cheque británico, y he ganado». Y los presidentes de los grandes grupos de la Cámara Europea anunciaron lo que los estados pueden esperar del último cuarto del partido (y quizás de la prórroga), que se jugará en Estrasburgo: «El Parlamento no puede aceptar este acuerdo tal y como está».

Alain Lamassoure, presidente de la poderosa Comisión de Presupuestos del Parlamento Europeo, lo dijo más claro: «De esta crisis, los dirigentes estatales han extraído la conclusión de que la solución pasa por una Europa más débil y menos solidaria. El Parlamento piensa lo contrario. Tras este acuerdo emerge una UE menos potente y menos europea, profundamente dividida entre intereses estatales contradictorios y sin margen presupuestario para los próximos siete años. El crecimiento y el empleo serán las primeras víctimas. Yo recomendaría al Parlamento cuestionar tanto el resultado como el método». Y eso que Lamassoure es del Partido Popular Europeo...

La Unión Europea ha dado lo mejor de sí misma, y le ha salido un churro.

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