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«Star Trek»: la perpetua odisea espacial de la nave Enterprise

«Star Trek» es objeto de culto para miles de personas en todo el mundo. Nació en la televisión, en 1966, y a tenor de los resultados que está cosechando su última entrega cinematográfica en EEUU, parece destinada a perpetuarse por los siglos de los siglos.
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Koldo LANDALUZE

A pesar de que hoy en día se la considere todo un mito, los inicios de «Star Trek» fueron muy inciertos. La primera entrega televisiva fue acogida con muy poco entusiasmo por los estudios NBC, ya que aunque la consideraron muy lograda, fue rechazada inicialmente por ser considerada poco infantil. Según los directivos de esta compañía televisiva, el primer capítulo incluía demasiadas connotaciones filosóficas, pocos alienígenas destructivos y ni siquiera había niños en acción. El argumento era demasiado complejo para el público infantil al que debía ir dirigida y, además, carecía de peleas, rayos flamígeros y, por si todo ello fuera poco, las mujeres que viajaban a bordo de la nave estelar Enterprise, vestían minifaldas. También aparecía un personaje muy singular llamado Mr. Spock, con orejas parecidas al diablo que podían confundir a los niños católicos. Por ello, los directivos de la NBC dictaminaron que ese siniestro personaje debía ser suprimido.

El proyecto parecía abocado a permanecer encerrado y olvidado en un cajón pero su creador, Gene Roddenberry, no estaba dispuesto a cambiar ni un ápice su idea espacial, amenazó con vender la serie a otra cadena y la única concesión que admitió fue elaborar un nuevo episodio piloto que se acercara al gusto de todas las partes. «Un lugar jamás visitado por el hombre» fue el primer episodio aprobado por la NBC y mostrado al público.

La teleserie original se exhibió entre 1966 y 1969, fue filmada en color y cada capítulo constaba de una duración de sesenta minutos.

El creador de esta saga seguida y divinizada por millones de seguidores logró realizar su mayor sueño, ser enterrado en el espacio que tanto le apasionó. Una vez fallecido, el cuerpo de Gene Roddenberry fue incinerado y sus cenizas fueron transportadas en un satélite espacial europeo en el año 1997 para ser diseminadas en la inmensidad del espacio.

Roddenberry siempre se consideró a si mismo como un niño grande. Tras combatir en la segunda Guerra Mundial a bordo de un caza, se dedicó a la escritura con intención de plasmar en papel todo el imaginario sideral que bullía en su cerebro. Sus novelas cortas alcanzaron una pronta repercusión y fruto de ello fue un contrato como guionista en la serie de televisión «Have Gun Will Traver». Esta experiencia le ayudó a conocer a varios futuros compañeros de su saga referencial «Star Trek», entre ellos DeForest Kelley -para quien escribió «333 Montgomery Street», Gary Lockwood -»The Lieutenant»- y Leonard Nimoy.

El propio Roddenberry rememoró de esta manera el despegue de aquella incierta serie titulada «Star Trek» que tenía como protagonista a un tal William Shatner «Al principio, al único que no le gustó ese primer episodio de Star Trek fue a mi padre, que se dedicó a pedir perdón a todos nuestros vecinos, ya que estaba convencido de que las aventuras espaciales eran una tontería enorme y que su hijo debería escribir solamente historias de vaqueros y indios».

A los dos años de ser emitida, la serie Star Trek bajó los índices de audiencia y los productores decidieron cancelarla, especialmente porque el coste económico de cada capítulo era muy elevado. Pero los seguidores de la saga decidieron unir sus esfuerzos y tras enviar multitud de cartas de protesta, el director de la Paramount declaró que la serie debía continuar, Roddenberry no daba crédito a lo que veía. Fue el primer sorprendido de esta situación anómala en la que los fans se juramentaban para prolongar la vida de una obra que habían hecho suya, Por si esto fuera poco, había sido puesto a la venta un merchandising sobre los personajes de la serie que desbordó las previsiones de venta previstas inicialmente. La NBC, simultáneamente, puso en marcha una serie de dibujos animados basada en Star Trek que logró un Emmy en el 74.

Gene Roddenberry no estaba convencido de la longevidad de su proyecto y elaboró otros guiones de ciencia ficción para la televisión. Curiosamente, ninguno de ellos pasó del episodio piloto. Transcurrían los años finales de los 70 y en la gran pantalla cobraba forma otro fenómeno estelar titulado «La guerra de las galaxias». Esta producción de George Lucas motivó a Roddenberry la escritura de un guión para la que sería la primera adaptación cinematográfica de su saga. Aunque la idea no agradó en un principio a la Paramount, la película fue rodada. No gustó a casi nadie pero recaudó el suficiente dinero como para que se diera luz verde a una segunda entrega. Desde ese instante, Roddenberry se convirtió en consejero de la franquicia y delegó los nuevos guiones a Harve Bonnett, quien contó con la ayuda inestimable de los dos pesos pesados de la Enterprise, William Shatner y Leonard Nimoy.

Para Shatner y Nimoy, «Star Trek» simboliza algo más que una profesión. Cuando Shatner, el capitán Kirk, se embarca en la Enterprise para llevar a cabo su misión final en «Star Trek VI», supuso un instante definitivo y cargado de nostalgia «El papel que se hace en una película -recuerda Shatner- tiene mucho que ver con la popularidad, ya que los que hacemos de justicieros y dirigentes buenos, siempre gozamos de más admiración que los malos. Mi personaje era bondadoso y fuerte a su manera. Me sentía muy a gusto con Kirk y el trabajo me divertía enormemente. Se supone que ya no tengo nada más que hacer en la vida ya que mi contribución ha sido muy importante. He sido el capitán Kirk para varias generaciones y espero ser recordado por ello».

Para Leonard Nimoy, su participación en «Star Trek» despierta los mismos sentimientos que han embargado a su gran amigo Shatner «No estoy seguro -afirmó el actor- que pudiera existir otro grupo de personas que pudieran haber llevado adelante y durante tantos años una empresa de estas características. Por eso estoy agradecido por haber participado en este proyecto. Spock siempre ha tenido un carácter áspero para conseguir sus deseos. De alguna manera, él es una incógnita. Yo creo que la parte interna de Spock siempre será un misterio».

En el año 1979 se rodó la primera entrega cinematográfica de «Star Trek». La película debía ser dirigida en principio por Bob Collins, pero dada la posible transcendencia que pudiera tener en el futuro, se contrataron los servicios del maestro Robert Wise, quien años atrás había realizado la mítica «Ultimátum a la Tierra». Wise era, además, un perfecto conocedor del original catódico y estaba acostumbrado a trabajar con pocos medios. «Star Trek» debía competir nada menos que con «La guerra de las galaxias» y en un intento por lograr un producto visual de cierto empaque, se reclamó la presencia del maestro de los efectos especiales Douglas Trumbull. La película no fue del agrado de nadie, ni siquiera de los fans. Por fortuna, la película fue respaldada con el paso del tiempo lo que permitió el rodaje de nuevas entregas y varias prolongaciones televisivas protagonizadas por una nueva generación liderada por actores como Patrick Stewart.

Pero el verdadero punto de inflexión de esta saga longeva llegó con un proyecto encaminado a dar un nuevo origen a Star Trek y, sobre todo, la contratación de J.J. Abrams -autor catapultado a la fama gracias a producciones televisivas como «Perdidos»- para que dotase de forma definitiva la nueva singladura protagonizada por una renovada tripulación de la «Enterprise» en la que Chris Pine y Zachary Quinto retomaban los roles respectivos del capitán Tiberio James Kirk y el vulcaniano Mr. Spock. El gran éxito que cosechó esta entrega del año 2009, animó a la Paramount a iniciar una nueva saga que ya cuenta con una nueva entrega, «Star Trek: en la oscuridad» en la que vuelven a participar los mismos intérpretes del filme anterior.

En esta oportunidad, los tripulantes de la mítica nave Enterprise protagonizan una odisea en un planeta asolado y tienen como objetivo capturar a un hombre que ha hecho saltar en pedazos toda la flota sideral. Las buenas críticas y, sobre todo, las recaudaciones millonarias que está cosechando en Estados Unidos, auguran un prometedor futuro a esta franquicia que parece destinada a perpetuarse en el tiempo. Lamentablemente para los fieles seguidores de «Star Trek», el principal artífice de esta renovada creación, el cineasta J.J. Abrams, ha sido fichado por la Disney para dirigir a su más directa rival espacial, la nueva y esperada trilogía de «La guerra de las galaxias». Pero esa es otra historia que acontece en una galaxia muy, muy lejana.

Una extraña cultura llamada Trekkie

¿Qué sería de la saga «Star Trek» sin su legión de fieles seguidores? Si nos atenemos a las singularidades de los trekkies -así se denomina a estos seguidores irreductibles-, se puede afirmar que el futuro de la crónica estelar de la Enterprise no gozaría de ese calado tan popular que le ha hecho resucitar una y otra vez. Dentro de este entorno tan particular se han desarrollado eventos, conferencias, documentales y una amplia biblioteca que incluye hasta un diccionario Klingon -la letal raza alienígena que amenaza la paz galáctica- y entre sus fieles seguidores figuran nombres tan ilustres como el físico Stephen Hawking -quien hizo un breve cameo en una de las entregas-, el mandatario estadounidense Barack Obama o el cineasta Quentin Tarantino el cual incluyó al inicio de Kill Bill lo siguiente: «La venganza es un plato que se sirve mejor frío» (Viejo proverbio Klingon). Para tener una dimensión cercana a lo que supone este fenómeno, nada mejor que perderse entre la multitud de páginas creadas por trekkies -o trekkers- y dar un paseo por canales como YouTube en los que podemos descubrir cómo es posible fabricar una réplica exacta de las pistolas utilizadas por la tripulación de la Enterprise. Mención especial merece la fórmula que se utiliza para saludar y que el propio Ibarretxe puso en práctica en aquella fiesta de disfraces basados en la saga «Star Trek» que fue organizada por la comparsa Gogorregi de las juventudes del PNV. K.L.

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