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Ainara Lertxundi | Kazetaria

La deuda pendiente de la ONU con Haití

En enero de 2010, un fuerte terremoto acabó por hundir a Haití en la miseria. Alrededor de 250.000 personas murieron en aquel devastador seísmo. Durante varias semanas, el país centró la atención de todas las agencias de cooperación. Pero, las donaciones y aportes materiales prometidos no lograron paliar las trágicas consecuencias de este desastre natural. Dos meses después, dos integrantes de Médicos Sin Fronteras que ayudaron sobre el terreno advertían de las condiciones de vida tan «vergonzosas» en las que se sobrevivían los afectados. «En Puerto Príncipe y fuera de la ciudad, visité numerosos lugares donde las personas sin hogar han encontrado refugio. El hacinamiento es tal que las personas literalmente duermen unas encima de otras. La gente lo ha perdido todo», relataba Colette Gadenne, quien coordinó las actividades de la organización.

En octubre de ese mismo año, todavía sin recuperarse, Haití se enfrentó a un nueva amenaza que persiste hasta estos días. Después de más de 100 años sin que hubiera cólera, miles de haitianos comenzaron a sufrir episodios diarreicos. En estos casi tres años, 650.000 personas se han visto afectadas por esta epidemia y más de 8.000 han muerto por su culpa. En los momentos más álgidos, se llegaron a diagnosticar más de 4.000 casos de cólera cada día en un país donde solo el 2% de la población tiene acceso al agua potable.

La pasada semana, un estudio realizado por estudiantes y profesores especializados en derecho y salud pública de la universidad de Yale (EEUU) certificó que el origen de esta epidemia está en la ONU, concretamente en un contingente de cascos azules nepalíes, cuyo vertido de materia fecal contaminó uno de los ríos del norte de la capital. La misma conclusión a la que llegó en 2011 una investigación previa.

Pese a la contundencia de estas evidencias, la ONU sigue aferrándose a la inmunidad que le otorga la Convención de 1946 para no asumir su responsabilidad y el pago de las indemnizaciones que le reclaman las víctimas. Una deuda que se prolonga en el tiempo con consecuencias dramáticas.

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