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El pentágono hizo suyo el lema hippie por excelencia: «haz el amor y no la guerra»

Aunque parezca una broma, no lo es. El Pentágono se planteó en 1994 conseguir una bomba no letal cuyos efectos fueran los de inducir a la homosexualidad entre las filas enemigas. Con ello se pretendía «minar su disciplina y la moral de combate».

De este proyecto se supo por primera vez a finales de 2004, gracias a la Ley sobre Libertad de Información, que obliga a la desclasificación de documentos oficiales al cabo de unos años, y sobretodo, gracias al seguimiento de Sunshine Project. Esta organización, con sedes en Austin (Texas) y Hamburgo (Alemania), trabaja para denunciar la investigación y el uso de armas biológicas después de la guerra fría.

En aquel momento, algunos pocos medios se hicieron eco y lo tomaron como un chiste. No fue hasta la semana pasada cuando el propio Pentágono reconoció que en algún momento se plantearon investigar en esta línea. El asunto, lógicamente, ha tomado otro cariz.

Según señalan distintas fuentes, todo empezó con una propuesta del Pentágono a los laboratorios Wright de las fuerzas aéreas, en Dayton (Ohio); según otras, fueron los laboratorios los que propusieron la investigación al Pentágono. Sea como fuere, la idea estuvo sobre la mesa, aunque posteriormente parece que todo el proyecto quedó en agua de borrajas.

Se trataba de crear una bomba no letal que contendría un poderoso afrodisíaco químico que penetraría por las vías respiratorias y cutáneas y sería susceptible de convertir a los soldados heterosexuales en soldados gays. A ello se destinaron 7,5 millones de dólares -5,6 millones de euros- en unas investigaciones llevadas a cabo con el máximo secreto posible.

Lo admiten pero le quitan hierro

El Pentágono admitió la semana pasada que la propuesta estuvo sobre la mesa pero negó que se hubiera destinado ningún presupuesto y dijo que pronto se había desestimado por poco ética.

Según el teniente coronel Brian Maka, formaba parte de una serie de propuestas sobre armas no letales, que incluía otros proyectos, como un producto químico que volvía a los enemigos muy sensibles a la luz del sol y otro que perseguía crear unas abejas extremadamente agresivas y ratas especialmente furiosas contra los soldados enemigos.

Otra propuesta de las que el Ejército de EEUU tuvo en su agenda pretendía que los soldados enemigos tuvieran una halitosis severa y duradera, de manera que se les pudiera reconocer incluso cuando se intentaran camuflar como civiles. Y otra parecida, que simularía unas flatulencias muy potentes.

Sin embargo, los científicos desestimaron estas últimas después de llegar a la conclusión de que en determinadas áreas del mundo están acostumbrados a estos malos olores. Algunas de estas propuestas se plantearon poco después de la Segunda Guerra Mundial.

Pero en Sunshine Project no están tan convencidos que la propuesta de la bomba gay se dejara tan rápidamente de lado. Edward Hammond, portavoz en EEUU, dice en la web de la organización que no cree que el Pentágono diga toda la verdad porque lo continuó teniendo en cuenta años después. Hammond asegura que en un CD-Rom del año 2000 de un organismo vinculado al Pentágono sobre armas no legales enviado a las Academias Nacionales de la Ciencia, se incluía este proyecto.

El ejército y los gays

Más allá de esta polémica, el tema ha permitido saber qué pensaba el Pentágono de los años noventa sobre los homosexuales y sobre sus capacidades militares. Pero aún en marzo de este año, el jefe del Estado Mayor Conjunto de los Marines, el general Peter Pace, cuyo relevo se anunció hace pocos días, causó un terremoto político y social cuando en una entrevista en el periódico «Chicago Tribune» calificó de «inmoral» la homosexualidad y dijo que el Ejército «no debería hacer la vista gorda ante este tipo de actos inmorales».

Pace se refería al debate que existe sobre la continuidad o no de la política de tolerancia hacia los homosexuales en el Ejército, siempre que no hagan ostentación de su opción sexual. Fue una medida que se emprendió durante la Administración Clinton en 1993 -un año antes de encargar la llamada bomba gay- en una campaña que tuvo por lema «Dont' ask, don't tell (No preguntes, no cuentes)».

Ahora, en plena precampaña para las elecciones presidenciales de 2008, el tema vuelve a estar sobre la mesa debido a la creciente importancia del voto de la comunidad homosexual en los comicios de EEUU. La mayoría de los candidatos del Partido Demócrata creen que ya es momento de superar estos tabús y de que los militares gays no tengan de esconder su orientación sexual en el Ejército.

Jordi CARRERAS Nueva York

millones

Presupuesto, en dólares, que el Ejército de EEUU destinó a la investigación de la bomba para convertir en homosexual a los enemigos.

la explosión de la llamada «bomba gay» ridiculiza al ejército de EEUU

Tan pronto como el Pentágono reconoció haber tomado en consideración el tema, los comentarios jocosos y ofendidos fueron en aumento. En el blog Republicoft.com se preguntaron por qué no se utilizó ninguna de estas bombas en las montañas de Afganistán, mientras en «Huffington Post» decían que «los imbéciles que tuvieron la idea deberían ser condenados a escuchar a Judy Garland de por vida».

Geoff Kors, de Equality California, dijo que «durante la Historia ha habido muchos hombres y mujeres homosexuales que han servido con distinción. Por eso es absurdo pensar en volver homosexual al enemigo». J.C.

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