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alpinismo Nepal

Jasemba un epílogo con sabor dulce

Los sudtiroleses Karl Unterkircher y Hans Kammerlander se hacen con la primera de la cara sur del Jasemba (7.350 m, Nepal). El ataque final les llevó veinte horas de escalada.

Andoni ARABAOLAZA | DONOSTIA

Nunca mejor dicho, a la tercera va la vencida. Tres expediciones en estos tres últimos años, y al final lo consiguieron. Sí, la historia particular de Unterkircher y Kammerlander con el Jasemba viene de hace tres años. Lo tenían en el punto de mira por varias razones. Una de ellas, por ser un sietemil realmente hermoso y retador; y la segunda, porque su cima por la cara sur seguía virgen.

Por lo tanto, lo lógico era apostar por el Jasemba, normal sobre todo para Kammerlander. Hace tiempo que se olvidó de los ochomiles, y desde que se quedó con trece de ellos (declinó terminar la lista de los 14), el alpinista sudtirolés ha seguido la estela de picos más bajos, técnicos en dificultad y desconocidos. A su compañero Unterkircher, también con un buen historial en grandes montañas (Everest y K2 en dos meses y sin oxígeno, en el 2004), le picó el gusanillo propuesto por Kammerlander para darle un tiento al Jasemba.

Un pico de 7.350 metros que se encuentra en la más que conocida zona de Solo-Kuhumbu; más concretamente se trata de la cima maestra del macizo del Nanpai Gosum, en las estribaciones de Nepal y Tíbet. En nepalí significa «la montaña de la fortuna». Una «fortuna» un poco especial para los componentes de esta expedición occidental. Y lo explicamos: tres años consecutivos de expediciones, y en una de ellas con final trágico. La primera visita de ambos alpinistas fue en el 2005. Al año siguiente, Kammerlander vuelve al Jasemba, pero esta vez acompañado, entre otros, por Lois Brugger. Tras un accidente en la misma montaña, Brugger pierde la vida. Y la última expedición, la de este año, ha sido la tercera y la vencida, con epílogo feliz incluido.

Un sueño hecho realidad

«Llevaba tres años soñando con esta montaña, y finalmente el sueño se ha hecho realidad. Le tenía un gran respeto, y es que se trata de una montaña verdaderamente difícil y peligrosa. Sólo cuando me encontraba en lo más alto de la pared, me di cuenta de los difícil que fue su conquista». Son declaraciones realizadas a Gara por el propio Kammerlander una vez finalizado el viaje de tres años al Jasemba.

No nos extraña que el alpinista sudtirolés estuviera prendado con la montaña. Desde su vertiente sur se nos presenta elegante y, a su vez, muy intimidatoria. Kammerlander, por su parte, la define como una norte del Eiger, pero más alta, más difícil y a más de 7.000 metros de altura. Y añade: «Karl y yo hemos trabajado muy bien; no tengo duda de que hemos realizado un gran trabajo. Por mi parte, me he encontrado verdaderamente bien. La vía que hemos abierto es muy bonita, pero al mismo tiempo muy exigente y muy peligrosa. No tengo ninguna duda al aseverar que se trata de la escalada más difícil de toda mi carrera alpinística». Son declaraciones de uno de los alpinistas que ha escrito historia en el himalayismo de los últimos 20 años. Si lo dice Kammerlander... pues está todo dicho.

Sí, la cordada firmaba el pasado 22 de mayo la primera a la cara sur del Jasemba. Una durísima jornada de 20 horas de escalada para 2.000 metros de ruta, una actividad memorable en palabras de los protagonistas.

El último capítulo de la expedición empezaba el 2 de mayo. Hartmann Seeber (cámara), Ernst Brugger (hermano del fallecido Lois) y Kammerlander llegaban al campo base, que se encuentra a 5.200 metros. Un día más tarde se les unía Unterkircher. Sin más dilación, los principales actores de esta actividad se ponen manos a la obra. El buen tiempo no les acompañó; diríamos todo lo contrario, ya que durante 21 jornadas tuvieron que sufrir las penalidades de fuertes nevadas y mal tiempo. A pesar de todo, supieron sacar partido y, en diferentes salidas, lograron equipar parcialmente la vía. Tras volver dos años seguidos con las manos vacías, Unterkircher y Kammerlander se decantan por montar un campo y de allí tirar directamente a cima. Nada de estilo alpino, pero, eso sí, lo más ligero posible. Los peligros que encerraba la pared les exigió equipar parte del recorrido que lleva del campo base (5.200 m) al C1 (6. 100m ). Para el 13 de mayo «aseguraban» la sección citada. Al día siguiente siguen escalando, pero las precarias condiciones climatológicas les obliga a renunciar, y para el día 16 se encuentran de nuevo en el base, tras fijar hasta 6.700 metros de altura. Es decir, hasta el punto más alto conseguido en la expedición del año anterior.

Bueno, el punto más alto entre comillas, ya que el altímetro les deparó una especial sorpresa. Por un defecto del altímetro de Hans, en el 2006, éste les indicó que llegaron hasta los 7.100 metros de altura. Pues no, esta vez, con mejor funcionamiento del aparato, se dieron cuenta que estaban a 6.700 metros. Por lo tanto, por delante se presentaba una sección de 650 metros, muy larga y totalmente inexplorada. Llegar a cima iba a ser una gran incógnita.

Pero después de tantas jornadas de parones, de idas y venidas, el intento definitivo al Jasemba por su cara sur se presentaba irrenunciable: Sólo faltaba decidir el día de cima. Y éste llegó el 21 de mayo. «El planteamiento era muy simple: subir al C1 lo más rápido posible y de allí, de tirón, a la cumbre. Superamos los primeros 1.000 metros de hielo, roca y mixto sin grandes problemas. Tras llegar rápidamente a los 6.700 metros (punto más alto de la expedición anterior), comienza la dura lucha en un terreno totalmente desconocido, muy difícil a primera vista, aleatorio y de gran compromiso. En definitiva, últimos 650 metros de órdago. Técnicamente fue una sección muy dura y con peligros objetivos. Los 2.000 metros de vía, en su conjunto, tenían las mismas características citadas. Era como la norte del Eiger, pero a mayor altura. En los últimos 650 metros no fijamos nada de cuerda. De ellos, 120 metros recorrían una afiladísima y precaria cresta de nieve en el abismo más absoluto».

Eran las 15:00 del 22 de mayo cuando Unterkircher y Kammerlander llegaban a la cima del Jasemba. En total, 20 horas de actividad para la primera de la cara sur del sietemil nepalí.

Sorpresa en el descenso

Pero todavía quedaba descender y, a pesar de tener fijada parte de la vía, otra sorpresa vuelve a sorprender a los dos alpinistas. Hacia las nueve de la noche, después de una peligrosa bajada, la cordada llega al C1, donde hace noche. Hasta ahí, todo seguía el guión establecido.

La sorpresa llegaba con las primeras luces de la siguiente jornada. Sin mayores contratiempos, Unterkircher y Kammerlander descienden 100 metros, pero, de repente, se dan cuenta de que las cuerdas fijadas no están en su sitio. Kammerlander no lo entendía: «No sólo desaparecieron las cuerdas fijas, también gran parte de la pared que se encuentra por encima del C1. ¡Ya no existía! Todo se lo llevó una enorme avalancha. Todo estaba cambiado, y el descenso se convirtió en un campo realmente resbaladizo. Menos mal que teníamos a mano un cordino kevlar de emergencia y un par de tornillos de hielo. Seguimos bajando con mucha precaución por una serie de cascadas de hielo y, finalmente, a las 14:00 estamos de nuevo en el CB. Llegué totalmente exhausto. Exhausto, pero al mismo tiempo sereno. Me acordé mucho de Lois, me acompañó durante toda la ascensión. Así, le hemos dedicado nuestra vía. Era un gran amigo y una bella persona».

De esta forma finalizaba la primera a la sur del Jasemba tras tres intentos en tres expediciones consecutivas.

Y hablando de primeras, los protagonistas de esta actividad indican que también puede tratarse de una primera absoluta. Bueno, saben que por la norte alguna que otra expedición ha hecho cima, pero de forma «ilegal». Es decir, sin la autorización del gobierno nepalí (hasta el 2003 estuvo cerrado por desencuentros con la vecina China); eso es, por los menos, lo que afirma la experta en estas lides, la británica Elizabeth Hawley. Dejando esos oficialismos a un lado, lo mejor es que nos quedemos con una interesante actividad y con una primera a la sur del sietemil nepalí.

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