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Viaje postnupcial a través del pirineo vasco

La migración de aves, un gran espectáculo natural

Los collados del Pirineo vasco situados entre la costa y el monte Ori son lugares privilegiados para contemplar el fenómeno migratorio de las aves, un espectáculo natural que no sólo fascina a ornitólogos y cazadores, sino a todos quienes tienen la suerte de contemplarlo. La degradación del medio ambiente y el cambio climático están modificando en los últimos años el comportamiento de algunas especies de aves.

Desde mediados del mes de julio, numerosas especies de aves procedentes del norte y centro del continente europeo utilizan los collados pirenaicos de menor altitud para superar esta barrera montañosa en su viaje migratorio. El fácil acceso por carretera convierte los pasos de Etxalar, Quinto Real, Lindus, Ibañeta y Ortzanzurieta en los lugares más visitados por los aficionados para contemplar las pequeñas o grandes concentraciones de las más diversas aves migradoras, lo que no significa que en el resto de collados pirenaicos no se pueda contemplar este espectáculo de las alturas.

Las especies más madrugadoras ya han atravesado el Pirineo. Milanos negros, milanos reales, halcones abejeros, aguiluchos laguneros, cenizos y pálidos, cigüeñas blancas y negras, águilas pescadoras, gavilanes, azores, ratoneros... han cruzado durante los dos últimos meses por territorio vasco camino del sur. Pero es a partir de ahora cuando el paso de las aves alcanzará toda su magnitud. Los campos y cielos se llenan de vida con la presencia de millones de pajaricos y miles de grandes aves que realizan la migración postnupcial, o pasa, una vez que han concluido su reproducción. Pinzones, estorninos, jilgueros, golondrinas y aviones zapadores lo hacen habitualmente de noche, al parecer guiados por las estrellas, para no ser presa de las aves rapaces.

Algunas de estas especies proceden de Escandinavia y Alemania, y recorrerán más de 3.000 kilómetros antes de asentarse en las vegas del Mediterráneo durante los duros meses invernales. Otras especies suelen triplicar esta distancia, e incluso atraviesan los más de 2.000 kilómetros del desierto sahariano para asegurarse el alimento y la temperatura que les permita su supervivencia. Las aves marinas llegan incluso a recorrer 18.000 kilómetros cubriendo unas rutas que, según sostienen casi todos los expertos, las tienen grabadas en sus genes.

La costa vasca no se encuentra dentro de estas rutas marinas, pero el Pirineo de Euskal Herria es uno de los principales pasos europeos para decenas de especies de aves «terrestres». Debido a la baja altitud de estos collados y a la existencia de bosques que proporcionan abundante alimento, las montañas de Lapurdi, Nafarroa Garaia, Nafarroa Beherea y Zuberoa canalizan la mayor parte del contingente de aves migratorias de Europa occidental.

En los últimos años la degradación del medio ambiente y el cambio climático están generando alteraciones en su comportamiento, ya que invernan cada vez más cerca de su zona de nidificación o incluso se quedan sin migrar. El caso más conocido es probablemente el de las cigüeñas, especie que en los últimos años se ha asentado no sólo en gran parte de Nafarroa sino en otros muchos lugares de Euskal Herria.

Los ejemplares jóvenes siguen realizando el ciclo migratorio, pero los adultos ya no recorren 10.000 kilómetros hacia el sur, sino que realizan pequeños desplazamientos hasta el centro de la Península Ibérica y regresan poco tiempo después, cuando las condiciones climáticas son más favorables. Algo similar está ocurriendo con las grullas, ya que una parte importante de ellas se quedan a invernar en las Landas porque los inviernos están siendo más benignos que hace unas décadas.

«Los cambios climáticos ya los estamos notando los humanos, pero a nosotros nos basta con ponernos o quitarnos un jersey. Sin embargo, los comportamientos de las aves son consecuencia de muchos años de evolución, incluso siglos. Algunas especies están respondiendo poco a poco a estos cambios climáticos. De hecho, se ha comprobado que han cambiado su área de invernada y que cada vez lo hacen más al norte, como está ocurriendo con el escribano palustre», informa el portavoz habitual de Gurelur, Toño Munilla.

Observatorio, telescopio y prismáticos

Esta asociación ecologista dispone en Ibañeta del Centro de Migración de Aves Roncesvalles-Orreaga, probablemente el único de Europa de estas características que se ha construido sin ninguna ayuda oficial. A lo largo de sus 14 años de existencia ha recibido la visita de más de 80.000 personas, incluidos miles de escolares de Nafarroa y de las provincias limítrofes, así como grupos de ornitólogos dedicados a la observación de aves y aficionados en general.

Situado a 1.057 metros de altitud, en un terreno muy accesible que fue cedido por la Colegiata de Orreaga para un periodo de 50 años, este centro abre sus puertas el día 1 de julio y permanece abierto hasta finales de noviembre, cuando cesa el fenómeno migratorio. El centro dispone de un observatorio, telescopios y prismáticos para poder contemplar con mayor precisión y comodidad el paso de las aves migratorias.

La niebla suele ser bastante habitual en este hermoso paraje atravesado por el Camino de Santiago, lo que en muchos casos impide contemplar la pasa de aves. Pero tiene la ventaja de que en este centro los visitantes pueden ver, totalmente gratis, una amplia exposición sobre el fenómeno migratorio que este año ha sido renovada. Una serie de paneles explican los problemas que afectan a estas aves, y en especial los peligros que les acechan en su larga travesía (muerte por electrocución, choque con tendidos eléctricos, caza...). También se explican los sistemas que utilizan para ahorrar energía, como es el aprovechamiento de las corrientes térmicas. Algunas de las especies más emblemáticas están fielmente reproducidas en maquetas, como si estuviesen en pleno vuelo. También dispone de vitrinas con materiales didácticos y de una pequeña biblioteca sobre el complejo mundo ornitológico. Se trata de un centro referencial en todo el Pirineo vasco para disfrutar de este espectáculo del cielo. Varios expertos en la migración de aves atienden a los visitantes en euskara, castellano y francés, y la exposición está traducida también al inglés.

Desde mediados de setiembre suelen acudir diariamente a Lindus y al puerto de Ibañeta varios miembros de Organbidexka Col Libre, una organización ecologista que tiene en el collado del mismo nombre, cerca del monte Ori, el más importante centro de recuento de aves migratorias de todo el Pirineo. «Yo no hago conteo científico, pero sí tengo memoria. Los fines de semana suelo ir a ver la migración de aves, y compruebo que lo que se ve ahora no tiene nada que ver con lo que se veía hace veinte años. Se está produciendo un retroceso importante en casi todas las poblaciones de aves. Es evidente que el cambio climático influye, pero también es cierto que el medio ambiente se está degradando a marchas forzadas. Cada vez hay menos zorzales, menos palomas y menos de casi todo. La disminución de la población de una o varias especies es un bioindicador que nos dice que algo va mal», advierte Toño Munilla.

No obstante, precisa que en los campos y bosques de Nafarroa muchas especies siguen encontrando el alimento necesario para atravesar con éxito la cadena pirenaica o para recuperar las reservas energéticas perdidas tras su paso por estas montañas.

La más numerosa es sin duda el vencejo común, un pájaro negro en forma de hoz que se ve habitualmente durante el verano en muchos pueblos y ciudades. Pero las más espectaculares son las grullas, ansarones y palomas, especies que todavía están por llegar a los collados de Euskal Herria.

La fascinación de las especies raras

El caso de las grullas es uno de los más conocidos, no sólo por sus característicos vuelos en formación para ofrecer menor resistencia al aire, sino por los escandalosos sonidos que emiten a su paso. Para los más entendidos, resulta fascinante disfrutar con el paso de especies que hasta hace unos cuantos años eran muy escasas, como la cigüeña negra o el águila pescadora, pero también les duele comprobar que cada año es menor el paso de otras especies, como es el caso de las palomas migradoras. Aquellas inmensas bandadas que hasta no hace mucho tiempo atravesaban una tras otra los collados vascos, se han convertido en un espectáculo cada vez más difícil de ver.

El grueso de cada especie suele coincidir en unos pocos días o semanas para efectuar este viaje postnupcial, pero también se dan pequeños picos antes y después de estas fechas. Las condiciones climatológicas, como la dirección del viento o la proximidad de un fuerte temporal, condicionan las fechas en que las distintas especies efectúan sus vuelos otoñales camino del sur.

Iñaki VIGOR

«las autoridades navarras contravienen la normativa europea»

La tradicional enemistad entre cazadores y ecologistas suele alcanzar su punto álgido en otoño, con motivo de la pasa de las aves migratorias, y algunas normativas no suelen ayudar precisamente a mitigar esta confrontación. Toño Munilla recuerda que en los montes de Nafarroa el fenómeno migratorio comienza aproximadamente hacia el 15 de julio, al tiempo que acusa al Gobierno de este herrialde de no tener en cuenta este dato y permitir la caza en épocas prohibidas por las directivas europeas. «Estas directivas prohíben cazar durante las épocas de nidificación y crianza, pero en Navarra se permite hacerlo precisamente cuando los ejemplares jóvenes de aves están aprendiendo a sobrevivir por sí mismos. Los perros, escopetas y vehículos todoterreno quebrantan la tranquilidad de las especies durante la crianza, por lo que debería estar prohibido. Además -agrega el portavoz de Gurelur-, permiten cazar una especie migratoria como es la tórtola común, que está en peligro de extinción». I.V.

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