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Desde Behobia a Donostia entre «secesionistas» y «profesores de gimnasia»

El pasado domingo, más de 12.000 personas corrieron la Behobia-Donostia. Buena me- teorología y mejor ambiente, según reflejaron todas las crónicas. ¿Todas? No. Dos periodistas-atletas de un rotativo español ofrecen su muy particular versión de la popular carrera.

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San Sebastián se sometió el pasado domingo a una invasión consentida: 14.000 corredores venidos de toda España inundaron sus calles para participar en la Behobia-Sebastián (sic), tal vez la carrera de 20 kilómetros con más tirón del calendario por la belleza del paisaje por el que transcurre, el calor humano que se respira en ella y el incansable -y en ocasiones siniestro- carácter reivindicativo que la envuelve».

Así comienza la particular crónica de la Behobia-Donostia que firman dos redactores de «El Mundo» tras completar el pasado domingo el recorrido de la popular prueba atlética y que se puede leer en su edición digital -www.elmundo.es/elmundodeporte/2007/11/12/masdeporte/1194894300.ht-ml- bajo el título de «Entre `abertzales' y a la carrera» y con un subtítulo que reza «Deporte, independentismo y manifestaciones proetarras, mezcladas a partes iguales».

En primer lugar describen los momentos previos. «El viejo tren deja Amara para adentrarse en el corazón industrial donostiarra: Pasajes, Oyartzun (sic)... Nombres de localidades donde la libertad política está en entredicho y donde la lucha callejera y las manifestaciones proetarras son moneda corriente».

Finaliza el trayecto y llegan hasta la salida: «Un par de trotes para entrar en calor y empezamos a ver que desentonamos. Nuestro idioma es puramente minoritario. Miles de corredores hablan vasco con fluidez, lo que aleja la creencia de tantos de que ésta es una lengua muerta que sólo tiene vida en los caseríos de valles recónditos. El segundo idioma es el francés y muy cerquita se encuentran el español y el catalán, representado por clubes atléticos de Gerona o Mataró. Algunos de ellos participan especialmente del ambiente independentista de la prueba».

Los dos periodistas-atletas hacen un poco de turismo: «Minutos antes de empezar posamos frente al Mesón El Faisán, un restaurante fronterizo que meses atrás fue clausurado por el juez Grande-Marlaska por ser parte del entramado financiero de ETA y que dio origen a decenas de informaciones sobre un chivatazo policial a la banda terrorista».

«Seguimos el carrusel fotográfico fijándonos en deportistas que lucen dorsales en los que exigen la libertad de los presos terroristas o, al menos, que cumplan las penas en el País Vasco. Hay catalanes que se suman al coro con sus propias propuestas: `Una nació, una selecció', corean pensando en sus combinados de hockey, fútbol y fútbol sala».

Y arranca la carrera: «Antes de llegar al avituallamiento del kilómetro 5, y muy cerca de Ventas, pasamos junto a un desvencijado caserío que nos recibe con música vasca a todo volumen. Una especie de mezcla de txalaparta electrónica con acordeón que nos ayuda a apretar el paso todavía más». Superan Gaintxurizketa y llegan a Lezo. «A la entrada del pueblo nos espera un grupo de familiares de presos etarras con sus correspondientes fotografías. Gritan por la libertad de sus héroes, de sus `gudaris', de sus encarcelados políticos y, cómo no, lo hacen ante una audiencia que les aplaude y corea con ellos `Gora Euskadi askatuta'».

«Pendientes y mostacho sublabial»

«Salvamos el escollo reinvindicativo pero entre la serpiente de corredores se siguen colando deportistas que llevan colgadas con imperdibles imágenes de sus parientes entre rejas. `Yo corro por Jon, yo por Mikel, yo por Amaia...'. Evidentemente, la mayoría lleva un `look abertzale' que nos recuerda a los miembros de la Mesa Nacional de Batasuna o a los dirigentes de ANV: melena larga, muchos pendientes, mostacho sublabial...».

«Para superar el rompepiernas de Lezo nos distraemos fijándonos aún más en los que corren disfrazados, otra de las tradiciones de esta competición. Los hay vestidos de payaso vasco, de preso, de cocinero e, incluso, uno que va desnudo». Lamentablemente, no explican las peculiaridades de un disfraz de `payaso vasco', aunque cabe deducir que se refieren a una de las fotos con la que ilustran el reportaje y en la que se ve a un hombre en bicicleta, con la cara pintada y una camiseta del club Aviron de Baiona, que tiene la ikurriña en ambas mangas.

Otra imagen, tomada en Behobia y en la que aparecen dos festivos gigantes, tenía a primera hora de la tarde un pie de foto que aseguraba que los muñecos representaban «los nombres de dos etarras ausentes, glorificados como `gudaris' de la patria vasca». Después, los gigantes pasaron a ser «profesores de gimnasia dispuestos a correr con este armatoste sobre sus cabezas para reivindicar que no se reduzcan las horas de euskera en los colegios». Al margen de que los profesores de gimnasia corrieron en el Boulevard y de que su protesta es para que no se reduzcan las horas de Educación Física, los gigantes de la imagen portan bien visible un dibujo en defensa de la cueva paleolítica de Praileaitz, en Deba.

El relato continúa con la travesía por el puerto de Pasaia: «A pocos metros de los asistentes que nos gritan `aupa, venga, ya falta poco...' vemos a un humilde guardia civil, la única autoridad `100% española' que ha tenido el coraje de contemplarnos en primera línea mientras hacía su ronda. Eso sí, tan rígido él, parecía completamente fuera de lugar entre tanta euforia secesionista».

«El barrio de Trintxerpe nos recibe con música autóctona en directo, chistularis, tamboriles y acordeones...». Superado el alto de Miracruz, llegan a Gros. «Ya prácticamente han dejado de asombrarnos las ikurriñas y los portadores de carteles con mensajes relacionados con la banda terrorista ETA. Son desgraciadamente parte de un paisaje de imposible normalidad». Y por fin cruzan la meta: «...A nuestra derecha queda la Alcaldía. Ni qué decir tiene que la fachada color tierra de La Concha no luce la bandera española -o nosotros no la vimos-. Imaginamos que al bueno de Odón Elorza -en la cola como un atleta más en la recogida de dorsales- simplemente se le olvidó».

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