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Gaizka Urkijo Profesor de Educación Primaria

Triste aniversario

lírica» recitaba otra vieja canción. Desconozco el estado de la lírica, pero sí puedo afirmar que malos tiempos corren para la escuela pública

Decía una vieja canción: «Vamos a beber, siempre hay algo que celebrar». Por desgracia para quienes trabajamos en la enseñanza pública, nosotros no tenemos nada que celebrar. Esta semana se cumplirá un año desde que el Departamento de Educación del Gobierno vascongado nos impusiera un convenio pactado con la minoría sindical (CCOO) y que nada bueno ha traído a la escuela pública en general ni a las condiciones laborales de los trabajadores que dependemos de dicho departamento.

«Malos tiempos para la lírica» recitaba otra vieja canción. Desconozco el estado de la lírica pero sí puedo afirmar que malos tiempos corren para la escuela pública. Además de no aceptar las demandas del profesorado encaminadas a la mejora en la atención a nuestro alumnado así como a reforzar la calidad de la educación que ofrecemos (apoyadas dichas demandas por la totalidad de sindicatos, a excepción de CCOO), ha dividido a éste gracias a la creación, mediante una mísera retribución monetaria, de profesores de primera y de segunda.

Tras ese nefasto convenio, el nuevo currículo hizo su aparición en escena causando gran confusión entre el profesorado. Cómo nos va a afectar, qué cambios supondrá, está o no en vigor... Una de las consecuencias directas de las que más se ha hablado es la reducción de las horas de Educación Física, con lo que ello supone.

Pero no es la única asignatura en que se reducen horarios, otras, en cambio y pese a no tener nada que ver una con otra, se unifican reduciendo nuevamente los horarios a ellas dedicadas y finalmente nos enteramos a final de curso que también el método de evaluación cambia.

Pero esto no es todo y a lo largo del curso han ido surgiendo nuevas piedritas que dificultan nuestro caminar, minan nuestra moral y, como siempre, perjudican más al más débil, en este caso a los sustitutos. Primero fue la pérdida de estabilidad de los interinos (algo conseguido tras una larga pelea), después el incremento de la puntuación a quienes han trabajado en la enseñanza privada y finalmente el mismo tratamiento para los profesores... de religión! Gracias a ello no son pocos los sustitutos que no han hecho sino verse retrasados en sus posiciones en las listas y por tanto aumentar su incertidumbre laboral.

«Luché contra la ley y la ley ganó» cantaban The Clash y eso es lo que han debido pensar los sindicatos pues, pese a la fuerza que teníamos en las movilizaciones que llevamos a cabo hace más de un año, han dejado vilmente que esa fuerza se deshinche, actuando en realidad como un cortafuegos de las reivindicaciones del profesorado.

UGT firmando recientemente el maldito convenio, no porque ahora crea que es bueno sino a cambio de un delegado. En una asamblea reciente el delegado de ELA ni siquiera se sonrojó al declarar que «esta batalla está perdida», ¿no sabe acaso que la única batalla que se pierde es la que, como ellos han hecho, se abandona? STEE-EILAS haciendo gala de una indefinición absoluta no se decide a impulsar medidas de protesta ni a apoyar las pocas aun existentes y LAB en aras a mantener la escasa unidad sindical no se decide a actuar en solitario.

Finalmente quedamos nosotros, el profesorado, y poco bueno hay que decir de nuestra actitud. Pasamos de pedir un bokata de txorizo (pues deberíamos exigir mucho más que aquello con lo que empezamos) a mendigar un triste pintxo de mortadela en forma de mísero complemento económico otorgado a los tutores.

Al mismo tiempo nos quejamos de la ausencia de los sindicatos y protestamos incesantemente en los pasillos, pero nunca pasamos a la acción. En mi viejo tocata suena Eskorbuto, grupo punk de mi pueblo, y su mensaje es claro: «Aunque queramos, quizás no podamos, pero sin duda que lo vamos a intentar». Y he ahí el verdadero problema. ¿Seremos capaces de intentarlo?

El próximo curso será un año definitivo y nosotros tenemos dos opciones: mantenernos firmes en nuestras demandas y cuantas más creamos necesarias (pedir por fin el bokata de jamón que la escuela pública se merece) y forzar a los sindicatos a volver al buen camino o, por el contrario, dar la razón al representante de ELA y abandonar la batalla siendo conscientes de que de esta manera perderemos definitivamente la guerra y daremos carta blanca al Departamento de Educación para seguir pisoteando nuestros derechos y arruinar la escuela pública vasca.

Ese es nuestro reto, pero... ¿seremos capaces? ¿Lo vamos a intentar?

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