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Eszenak

Actos de desobediencia poética

Josu MONTERO | Escritor y crítico

En una sociedad misógina, androcéntrica y patriarcal, las mujeres se dividen en tres: vírgenes, paridoras y putas. Mi cuerpo se convierte en una agresión contra la sociedad, en protesta, en un acto de desobediencia. Castigo mi propio cuerpo para desobedecer. Me autolesiono para revolverme contra las lesiones que causa el rol que nos han impuesto desde el nacimiento. Utilizo la violencia poética para defenderme de la violencia real». Así habla Angélica Lidell de su última obra «Yo no soy bonita». El pasado fin de semana se cerró el Festival de Teatro de Burgos, Escena Abierta, con dos mujeres, dos de los creadoras escénicas más estimulantes y rompedoras con las que contamos en el Estado español. Esa bestia de la escena que es A. Lidell, alma mater de Atra Bilis Teatro, y la sorprendente y audaz coreógrafa y bailarina Sol Picó. Lástima que sus visitas a Euskal Herria sean tan escasas. Picó presentó un esbozo de «El Llac de les masques», que estrenará en marzo en el barcelonés Mercat de les Flors; con su desparpajo y su coña habituales, y con forma de concierto de rock and roll, Picó nos habla de crisis personales: «¿Cómo hemos llegado a esto? ¿De qué se compone nuestra frustración?».

También desde el pasado fin de semana y hasta pasado mañana, la compañía vasca Ur Teatroa estrena en el madrileño y alternativo Teatro Pradillo su último montaje «Cartas de amor a Stalin». Se trata de una pieza del dramaturgo de moda, Juan Mayorga, acerca del doble filo de la literatura y de las peligrosas relaciones entre arte y poder. En la URSS postrevolucionaria y estaliniana de los años 30 el escritor Mijail Bulgákov es censurado por el régimen hasta el silencio; Bulgákov se dedica a escribir carta tras carta a Stalin con el vano y servil empeño de convencerle, de seducirle, lo que acaba convirtiéndose en una depurada forma de autotortura. En su delirio se le aparece un condescendiente y cruel padrecito Stalin, encarnado por el gran Ramón Barea; sólo su mujer actúa de contrapeso en ese proceso de desgarramiento interior. Pura historia, más sorprendente que la más depurada ficción.

Esta semana se ha producido a bombo y platillo el cambio de guardia en la garita del Imperio. Recuerdo, rebusco y hallo un fragmento de una obra teatral de otro enfant terrible del teatro hispano, Rodrigo García -que también nos visita poco-. Dice así: «Elegimos políticos que tienen como objetivo principal apartar lejos de nosotros la miseria y toda clase de malestar y llevarlos lejos, es decir, generar miseria en sitios remotos. Elegimos a conciencia a esta clase de gente que sabe hacer su trabajo con seriedad, diplomacia y educación, y luego somos desagradecidos: los criticamos y hasta hacemos manifestaciones en la calle. Llevar la miseria lejos de nosotros, generar todavía más miseria allí donde ya había miseria más que de sobra y luego echarnos a llorar, llorar al ver tanta desgracia ajena. Tiene su coña». Al tiempo. Telón.

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