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José Luis Orella Unzué catedrático senior de Universidad

Economía social de mercado

La mayoría de los gobiernos, entre ellos el español y el francés, siguen apostando por una renovación del neoliberalismo, al que se esfuerzan en resucitar mientras tratan de maquillar los efectos sociales más devastadores, como el paro. El autor rechaza esta estrategia y apuesta decididamente por la economía social de mercado que reivindica la huelga convocada para mañana en Hego Euskal Herria.

Un conjunto de centrales sindicales vascas ha convocado para mañana una huelga general para el País Vasco y Nafarroa con el ánimo de denunciar este sistema económico que nos ha llevado a la crisis más profunda de los últimos setenta años y con el ánimo de ir aflorando un nuevo sistema económico para el siglo XXI.

El capitalismo no acabará en el 2009, porque hay muchas variedades de capitalismo y porque el capitalismo occidental pretende sobrevivir cuando sea maquillado con reformas sustanciales.

Los períodos económicos que ha tocado vivir a nuestra generación están encuadrados en el Socialismo comunista y el Capitalismo neoliberal que propugna una libertad extrema de mercado. El neoliberalismo instaurado por la dama de hierro Margaret Thatcher alentaba la iniciativa privada, la privatización de los bienes estatales y la demolición de las cuotas fiscales. El ideólogo del neoliberalismo Milton Friedman abogaba por las desgravaciones fiscales, los incentivos monetarios y la relajación de los controles. La aplicación de estas normas ha llevado al capitalismo a la desregularización, al aumento desorbitado de la casta de los oligarcas, a los abusos financieros. Y con todos estos elementos en marcha se ha arribado a la profunda recesión y al caos económico en el que nos encontramos.

La solución ante el desastre al que nos ha llevado el neoliberalismo no es volver de nuevo al socialismo ni a un capitalismo neoliberal remozado.

Sin embargo, las medidas tomadas hasta el momento van en una camuflada renovación del neoliberalismo. Algunas de estas medidas son las siguientes: el lavado de cara de los bancos, la elevación de las cuotas fiscales, la profusión del papel moneda y las nacionalizaciones. John M. Scott apunta en la línea de una renovación del neoliberalismo con la vuelta a las bases del negocio bancario, el reconocimiento de las pérdidas, la introducción de los diversos planes de rescate, la consolidación del sector y la configuración de un nuevo marco regulatorio. En esta vía de renovación del neoliberalismo en la que coinciden tanto el PSOE como el PP se mueven todas las medidas tomadas hasta ahora como la rebaja de los tipos de interés, el aumento del gasto público, las ayudas a los bancos, la impresión de un dinero fresco en cantidades industriales, la rebaja de los precios hasta llegar a la deflación, la normalización del sistema bancario, la estabilidad crediticia, la compra de cédulas hipotecarias hasta el monto de los 60.000 millones de euros por parte del BCE, la mejora de la financiación de los bancos, las medidas puntuales de apoyo a la burbuja de la construcción y del automóvil para reactivar sus respectivas economías y la reducción del pluriempleo de los consejeros de las grandes compañías.

Creen que con estas medidas se puede paliar el aspecto social de la crisis, es decir, la caída de afiliaciones a la Seguridad Social, el aumento del paro, la exigencia de la movilidad social y cambio de residencia, el abaratamiento del despido y los contratos temporales.

Más aún, esta renovación del neoliberalismo pretende justificar la conservación de la misma ética social global que ha circulado hasta el momento de la crisis, la cual potencia la faceta consumidora de los ciudadanos buscando como norte de la vida únicamente el placer y el vivir el momento, es decir, el clásico carpe diem.

Sin embargo, las centrales sindicales convocantes de la huelga pretenden abrir el camino para un nuevo modelo como es el de la economía social de mercado. Este nuevo modelo económico exige dos cambios fundamentales entre sí complementarios: por una parte requiere un cambio de estructuras y por otra una transformación social ciudadana.

Esta búsqueda y recambio de estructuras económicas implica una renovación de los líderes que es el objetivo primario de un taller universitario, que impulsa el Instituto Ignacio de Loyola de la Universidad de Deusto en San Sebastián y que celebraremos en noviembre de este año. Nacimiento de nuevos líderes tras una transformación personal interna personal y que en lo exterior exige un nuevo equilibrio ético y moral entre la producción y el consumo.

Estos nuevos líderes plantearán estructuralmente dos urgencias. La primera es la superación inmediata de la crisis neoliberal para lo que se necesitaría, primero, una conversión en viviendas de protección oficial de todas las viviendas no vendidas en los dos últimos años que vienen cuantificadas en unas 650.000; segundo, la renegociación de las hipotecas avalada por el ICO; tercero, la potenciación de las instituciones de microfinanciación ya que el 91,5% de los veintitrés millones de empresas europeas son microempresas con menos de nueve trabajadores; cuarto, la instalación de una renta básica o salario social para todos, no sólo para los parados sin subsidio, sino para todos aquellos que entran en riesgo de exclusión social y laboral.

La segunda urgencia que deberán encarar estos nuevos líderes es la implantación de una economía social de mercado que sea sostenible con la ecología y con la pobreza mundial. Es decir, una economía de libre mercado pero con un firme cuadro legal no nacional, sino europeo o global de gobernanza, que regule la empresa privada, la cual deberá contar con un liderazgo social en el que confluyan para el corto y medio plazo los intereses de los accionistas y los afectados y la sostenibilidad ecológica y ética ante la pobreza mundial.

Y para eso se necesitará establecer reglas claras de control a los bancos, a las recalificaciones de los ayuntamientos y al endeudamiento de los particulares. Tendrán que organizar la empresa en vista al beneficio compartido, al estilo de las buenas cooperativas, de modo que los trabajadores vean la empresa como cosa suya porque genera riqueza material, trabajo y valores. El objetivo de estos nuevos líderes, como dice Adela Cortina, será crear empresas en las que sus valores meta sean la responsabilidad, la transparencia y la confianza.

Con el neoliberalismo todas las empresas han presentado un balance de Responsabilidad Social Empresarial en sus memorias anuales. La mayoría de los líderes del neoliberalismo han actuado con la legalidad, pero han sido irresponsables e inmorales, cínicos y egoístas de corto plazo, porque han buscado sólo el rendimiento económico y político inmediatos. Debería ser posible llevar ante los tribunales para que arrostren las consecuencias legales personales todos los banqueros, economistas, consejeros y empresarios enriquecidos antisocialmente. Porque, con o sin mala intención previa, han causado homicidios involuntarios contra miles de pobres, de trabajadores y de viudas. Ante la imposibilidad de ser juzgados, a todos estos infractores les queda socialmente la obligación de devolver lo sustraído públicamente como lo están haciendo los líderes de los partidos ingleses o por medio de una filantropía abierta y manifiesta.

Pero no bastará el recambio de estructuras sino que es necesaria una transformación social ciudadana. En este plano, cada ciudadano tendrá que aprender de la crisis sufrida y en consecuencia reequilibrar la doble vida como productor y como consumidor. Max Weber, en su ya conocido trabajo sobre la ética protestante y el espíritu del capitalismo, exigía que los ciudadanos se rigiesen por valores como el esfuerzo, la puntualidad, la disciplina y la voluntad de aceptar una gratificación aplazada. A este esfuerzo de regeneración, la ética personal de la economía social de mercado exige que no sea ideal cotidiano el lema del carpe diem sin una visión ecológica, de que los bienes son escasos y de que una gran parte de la población mundial vive sumida en la pobreza absoluta material y cultural.

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