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Osasuna sumará otra década en primera división

Chorreo de felicidad en El Sadar tras sobrellevar una agónica temporada

Por segunda temporada consecutiva, Osasuna volvió a salvar el pellejo in extremis, imponiéndose en la última jornada al Real Madrid y con la incertidumbre del resultado durante los 90 minutos. El público animó hasta extremos insospechados y sufrió de la mano de los suyos quienes, presa de los nervios, estuvieron muy agarrotados hasta la expulsión de Salgado.

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Real Madrid

1

Osasuna

2

Natxo MATXIN | IRUÑEA

Osasuna sumará otra década más en su palmarés en la máxima categoría del fútbol estatal. No sin repetir los apuros de la última jornada, como ya ocurriera la pasada temporada, y que se está convirtiendo en una mala y peligrosa costumbre, poco acorde a la clase que atesora la plantilla, una de las más completas en lo que a calidad se refiere, aunque quizá haya ido perdiendo algunos de los valores -rasmia, entrega y fuerza- por los que siempre ha destacado el club navarro.

No sólo los jugadores salvaron su estatus deportivo y económico con la permanencia gracias a la victoria sobre el Real Madrid, sino que su técnico, José Antonio Camacho, también conservó el puesto de trabajo y continuará, salvo sorpresa mayúscula, una campaña más dirigiendo el apartado deportivo de la escuadra rojilla, tal y como anunció hace algunas semanas su presidente, Pachi Izco, aunque la labor del técnico murciano despierta pasiones encontradas entre la parroquia rojilla.

La mano del de Cieza se verá en las próximas semanas cuando saque el bisturí y realice la profunda remodelación que se espera en el plantel, pero eso será otra historia porque ayer la noticia fue la inmensa fiesta en la que se transformó El Sadar cuando Teixeira Vitienes pitó el final del choque.

No hay jolgorio sin sacrificio y la grada tuvo que sudar de lo lindo para ver a los suyos salvados. La presión por lo que había en juego agarrotó sobremanera a los anfitriones, quienes saltaron al césped acongojados, como si el estadio no fuera suyo. Sin forzar la máquina, el Real Madrid se hacía con el balón, justamente lo contrario que había exigido Camacho la víspera.

Una peligrosísima cesión de Nekounam a la que tuvo que reaccionar rápido Miguel Flaño fue el mejor paradigma de lo que sucedía sobre la hierba del estadio iruindarra. Osasuna no estaba metido en el choque ni conseguía conectar dos pases seguidos y la pelota duraba escasos instantes en las botas de los navarros.

0-1 demasiado fácil

Por estar advertidos no era. Su míster ya les había prevenido de la definición e individualidades del rival si le permitían mandar sobre el cuero. Y ahí llegó el disgusto cuando Higuaín -la bestia negra del año pasado- se marchó demasiado fácil de Monreal y chutó cruzado ante un Ricardo que también dio la impresión de poder hacer más.

El silencio fue sepulcral. La cosa se ponía francamente mal y la reacción debía ser inmediata para no salirse del partido y dejar que los merengues lo comandaran a su antojo. Hubo suerte y cuatro minutos después Plasil puso la igualada con un gol que se debió adjudicar en gran parte al fallo garrafal de Iker Casillas.

Tras el 1-1, fueron los mejores momentos locales. Juanfran pudo adelantar a Osasuna, pero su empalme se fue increíblemente fuera. Los de Camacho volvían a las andadas minutos después: sin presión, encogidos en su campo, con errores continuos en la salida del balón y la hinchada pidiéndoles de manera diáfana más intensidad en su trabajo.

Las contenidas arrancadas de Robben y la movilidad de Higuaín desataban el terror ante la posibilidad de que los blancos volvieran a horadar la meta rojilla poniendo la salvación muy cuesta arriba. Paradójicamente, Nekounam pudo aportar cierta tranquilidad si su disparo a colocar no lo hubiera sacado la cabeza de Marcelo cuando Casillas ya estaba batido.

Los rojillos no debieron hacerle mucho caso a su entrenador en el descanso porque saltaron con la misma empanada en la segunda mitad. Los merengues, mandones y perdonando, como Marcelo, que pudo anotar solo y acabó cediendo atrás y desperdiciendo la ocasión.

Expulsión de Salgado

Hacía falta un golpe de timón y ello ocurrió con la expulsión de Michel Salgado. Espoleado por la favorable coyuntura numérica, Osasuna vio la oportunidad de ponerse por delante. Cuatro minutos más tarde Juanfran lo hacía posible y el delirio se apoderaba del graderío. Los rojillos lo tenían en su mano y no podían dejarlo escapar.

Los iraníes pudieron evitar la congoja final a la parroquia si hubieran acertado, especialmente Masoud, más pausado de lo debido para las características del choque. Perdió un mano a mano con Casillas por su lentitud y cada balón que descuidaban los navarros era una situación de nerviosismo añadida, dada la fragilidad que mostraban los de Camacho.

Sin embargo, las ocasiones seguían cayendo del lado rojillo. Plasil se impuso a su par en el salto tras un contragolpe y su cabezazo se fue al larguero. No podía ser que la salvación se consiguiera sin más, sin esa dosis de extremo sufrimiento que se ha estado viviendo durante toda la campaña.

Los anfitriones al menos supieron matar el partido. Faltas y pérdidas de tiempo trataron de frenar el ritmo del Real Madrid, pero no pudieron evitar que el miedo se metiera en el cuerpo cuando Van der Vaart -el mismo que echó a los rojillos de la previa de la Champions- sacó una falta al borde del área y Ricardo la sacó con solvencia. Los minutos se consumían y Huntelaar, con su autoexpulsión, contribuía a la victoria balsámica de la escuadra navarra. La suerte estaba del lado rojillo y la permanencia, conquistada.

 
Camacho: «La afición rojilla no se merece sufrir tanto»

Aliviado por el deber cumplido aunque haya sido en el último momento, el técnico rojillo, José Antonio Camacho, reconoció que «esta afición no se merece sufrir tanto; es por lo único que estoy un poco triste, aunque también es verdad que salvarse así trae consigo una mayor explosión de júbilo final», explicó el murciano.

«Aunque un poco tarde, hemos cumplido con el objetivo, pero me hubiera gustado haber salvado a Osasuna antes. Hemos pasado por momentos muy difíciles, pero nunca hemos arrojado la toalla, incluso cuando estuvimos a muchos puntos del cuarto por la cola. A partir de ahí, salimos como cohetes, pero luego nos acabamos confiando», inició su primer esbozo de análisis de la temporada.

«Osasuna ha dado la cara en todos los campos y nos han pasado cosas muy raras, algunas que no dependían de nosotros. En otras ocasiones sí que hemos perdido cosas que teníamos conseguidas. Hemos regalado mucho y en ciertas jugadas acabamos tirando los partidos», prosiguió.

Interpelado sobre cómo había vivido el choque ante el equipo que lo vio nacer como jugador, Camacho se mostró muy tranquilo, incluso demasiado. «No he sufrido mucha tensión porque he visto que el equipo podía ganar. Los 90 minutos se le iban a hacer muy largos al Real Madrid por la falta de motivación. En cualquier caso, han demostrado que son profesionales y no nos han regalado nada», matizó.

Una vez conseguida la meta, el de Cieza también habló de su futuro y lo dejó en las manos del presidente rojillo, Pachi Izco. «Si él quiere, seguiré. Veremos cómo podemos confeccionar la próxima temporada, pero dos años librándose el equipo en las últimas jornadas es significativo», dijo.

Por su parte, el mandatario osasunista eludió comprometerse ante la prensa. «No es momento de tomar decisiones», aseguró, si bien ya hizo público hace unas semanas que el ex seleccionador español seguiría si se conseguía seguir un año más en Primera.

Por su parte, el preparador blanco, Juande Ramos, destacó que su equipo trató de dar «la mejor imagen posible porque no queríamos que se desvirtuara la competición, con varios equipos implicados en el descenso. Por eso ha sido un partido de nervios y la verdad es que resulta difícil contrarrestar la falta de motivación porque ya teníamos cubierto el objetivo desde hace tiempo y no podíamos ir ni para arriba ni para abajo», dijo. N.M.

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