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Alvaro Reizabal Abogado

El sastrecillo valiente

Me consta que nuestro Sastre nunca quiso ser, ni será, Rey de nada, pero está en nuestros votos llevarlo a Europa para que sea la voz de los sin voz, y haga oír, también, el mensaje de este pueblo que lucha por preservar su identidad

Ya estamos otra vez a vueltas con las elecciones. Esta vez los abertzales de izquierdas vamos a tener la oportunidad de emitir un voto que no sea el nulo que últimamente nos veíamos obligados a echar en la urna para, de esa manera, cuantificar el expolio a que nos someten en cada una de las ocasiones en que no nos permiten votar a nuestras opciones.

Ya era demasiado escándalo y dicen que algún alto cargo del Tribunal Europeo que visitó recientemente la sede del Constitucional español, apuntó la conveniencia de que no se homologara la decisión del Supremo de ilegalizar a Iniciativa Internacionalista, porque podía perjudicar las decisiones de su Tribunal sobre el resto de procesos de ilegalización pendientes. Sea por eso o por lavarse la cara, lo cierto es que en las elecciones del próximo domingo tendremos opción de votar a una lista que, sin ser la nuestra, nos da asilo político en este difícil momento.

La campaña a nivel estatal ha demostrado que los partidos utilizan estos comicios para mandar lejos de Madrid, deshaciéndose de ellos, a sus mamuts. Tal es el caso del zángano Mayor, con un discurso franquista, coqueteando con los curas pedófilos y desvariando con el aborto, al tiempo que se postula como defensor de todos los imputados por corrupción de su partido, que son muchos, calificándolos como lo mejor de los españoles (!). En este tema de la corrupción el PP cierra filas, porque también Rajoy pone la mano en el fuego por sus queridos presuntos.

Metidos en campaña, los peperos han encontrado el filón para desviar la atención del caso Gürtell valiéndose de la hija de Manuel Chaves y las subvenciones a la empresa que representa.

Siempre se ha dicho que de la corrupción no se sabe más porque todos tienen sus miserias que ocultar y si uno tira de la manta, el otro levanta la alfombra y al final todos en pelotas. Pero en España, como en la Italia del Golfo de Cerdeña, Berlusconi, la corrupción no tiene coste político. Es como si a la gente le pareciera algo consustancial al sistema, lógico y con lo que la sociedad ha de ser condescendiente. Es un coste social, como los muertos en accidente de tráfico. Es más, uno de los argumentos más utilizados para exculpar a Camps es que resulta impensable que fuera a venderse por algo tan nimio como unos simples trajes que no pagó a su sastre. Es poco botín.

Hablamos de sastres y me viene a la cabeza el cuento «El sastrecillo valiente», que con su ingenio venció al unicornio, a los gigantes y hasta llegó a ser Rey. Me consta que nuestro Sastre nunca quiso ser, ni será, Rey de nada, pero está en nuestros votos llevarlo a Europa para que sea la voz de los sin voz, y haga oír, también, el mensaje de este pueblo que lucha por preservar su identidad. Yo no haré caso del gobierno que recomienda a los abertzales de izquierda votar a sus enchufados Neo-Sordos. Votaré al Sastre Valiente.

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