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«Islamabad tenía que haber atacado a los talibán en Pakistán hace mucho tiempo»

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Inayatullah Khan
Miembro de la ejecutiva central del ANP (Partido Pastún de Pakistán)

Khan, líder político del principal partido político pastún en Baluchistán Este, realiza desde Quetta un análisis de la situación de esta etnia, que denuncia el sometimiento que padecen por parte de baluches y punjabíes, además de mostrarse radicalmente contrario a los talibán, pastunes en su mayoría, a quienes considera ajenos a su cultura y defensores de intereses extraños a su comunidad.

Karlos ZURUTUZA

Llegamos media hora tarde a la cita pero el retraso está justificado: esto es Quetta. La avenida Noordar, principal arteria de la ciudad donde se encuentran todas las oficinas gubernamentales, ha sido sellada esta mañana por bloques de hormigón ante el rumor de que un camión cargado de explosivos ha entrado en la ciudad. Y es que, a tan sólo una hora de la frontera afgana y a dos de Kandahar, el corazón de Quetta late al ritmo de lo susurros en las madrasas y el runrún de su colorido bazar: talibán de turbante negro y muje- res bajo burkas azules; tayikos de nariz aguileña, uzbecos lampiños, hazaras de ojos rasgados... hasta los punyabíes católicos locales saben que el mullah Omar vive aquí, custodiado por su guardia personal baluche, así como por el mismísimo Ejército pakistaní. Y lo último que circula en la que se da en llamar «capital talibán» es que se prepara una gran ofensiva de la OTAN en la zona y en la vecina Dalbandin, un poco más al sur. El frente abierto hace escasas semanas en las norteñas Swat y Waziristán no significa que haya que «descuidar» las montañas al sur de Afganistán...

Del taxi al moto-rickshaw, y de éste a la moto-taxi, hasta que, por fin, Inayatullah Khan nos recibe con un apretón de manos y tres besos en la mejilla, como mandan los cánones centroasiáticos. El líder pastún es un hombre espigado y de maneras pausadas, y responde a las preguntas en un inglés perfecto. No en vano nació a la sombra de la bandera británica, que ondeó en esta tierra hasta el final de la Segunda Guerra Mundial.

Al poco de empezar la entrevista, entra en la estancia Aminullah Khan, jefe tribal de los achakzai, también pastunes. Le saludamos con el respeto que le otorga su linaje y, sobre todo, sus años. Y luego retomamos la conversación.

¿Cuál es la situación actual del pueblo pastún en Pakistán?

Pakistán está controlado por los punjabíes mediante el aparato civil y militar. Los sind, los baluches y los pastunes no somos más que ciudadanos de segunda, pueblos aplastados bajo la bota de Islamabad. No tiene usted más que ver que el nombre para nuestra región es aún NWFP (Provincia de la Frontera Noroeste), un residuo de los tiempos de los ingleses. El Gobierno regional pastún ya lo ha cambiado por Pukhtuanwa (Pastunistán), pero Islamabad no lo acepta. Seguimos viviendo bajo un régimen colonial aunque, en mi opinión, los pastunes vivíamos mejor con los británicos.

Usted es el principal líder político de los pastunes en Baluchistán Este. ¿Hay tensiones entre ambos pueblos?

Lamentablemente, no hay armonía entre baluches y pastunes. En esta ciudad (la principal de Baluchistán bajo control pakistaní), los pastunes somos más del 70% de la población, pero los baluches copan todos los cargos de relevancia de Gobierno regional, en el que no hay un solo pastún. La situación es más compleja de lo que puede parecer a simple vista: nosotros hemos vivido junto a los baluches en esta tierra desde hace siglos, pero sí que es cierto que esta región ha recibido una inmigración masiva de pastunes que huían de las sucesivas guerras de Afganistán desde que entraran los soviéticos. Conviene recordar, no obstante, que ninguno de ellos vino aquí por su gusto. Asimismo, además de pastunes, llegaron uzbecos, tayikos, hazaras... Hay que pensar también en ellos. Ya desde tiempos de los británicos, la misma autoridad baluche propuso la fórmula 50-40-10 para la división del poder en la región: 50% para los baluches, 40% para los pastunes y 10% para otras nacionalidades. Pero, como ya he mencionado antes, esto no se respeta.

Identificar a los pastunes con los talibanes es práctica habitual en Occidente. ¿Considera usted que se está «demonizando» a su pueblo?

Los pastunes somos un pueblo estructurado en torno a una rígida sociedad tribal mientras que los talibanes y sus mullahs están totalmente al margen de esta organización.

Si bien es cierto que, en origen, los talibán eran todos pastunes, eso no implica que hoy día todos los pastunes sean talibán. Muchos parecen olvidar que los talibán son un grupo muy heterogéneo en el que también hay árabes, baluches, tayikos, e incluso punjabíes. Los pastunes somos alrededor de 25 millones en Pakistán y entre 15 y 20 en Afganistán. Los talibán no constituyen ni un 1% de ese total.

¿Cuál es, en su opinión, el origen del fenómeno talibán?

Los talibán fueron influenciados por los mullahs con el apoyo de agentes externos, los cuales tenían su propia agenda durante la ocupación soviética de Afganistán. Todos aquellos países que apoyaron la lucha del pueblo afgano contra los rusos, unos 120, son los responsables de ello. Tenían sus propios intereses políticos, sociológicos, estratégicos... Cuando los rusos se retiraron, ellos también lo hicieron, abandonando a su suerte a un país destruido por la guerra e inmerso en un conflicto civil entre clanes fuertemente armados. Sólo dos países en todo el mundo reconocieron al Gobierno talibán de Kabul: Pakistán y Arabia Saudí aunque, mayormente, fueron Estados Unidos y Pakistán los que crearon este monstruo. Nosotros fuimos los únicos que rechazamos esa injerencia extranjera y avisamos de lo que podría acarrear hace ya 30 años. La Caja de Pandora está abierta y hoy es nuestro pueblo, una vez más, el que más está sufriendo las consecuencias.

¿De dónde ha de venir la solución a este problema?

Los talibán sólo pueden ser controlados mediante un esfuerzo conjunto de EEUU, Reino Unido, China, India, Rusia...Por un lado, hay que atajar de raíz el origen de este fenómeno, que se encuentra en el atroz subdesarrollo al que está condenado Afganistán, y que constituye un caldo de cultivo para el integrismo. Por otra, hay que usar la fuerza militar de forma decidida contra sus plazas fuertes.

¿Justifica usted entonces la operación militar que se está llevando a cabo en las áreas tribales de la frontera noroeste?

Pakistán no ha reaccionado hasta que ha empezado a sufrir ataques en Islamabad. Ellos crearon al monstruo y, al final, se han dado cuenta de que constituye un peligro real para todo el mundo. Y subrayo «todo el mundo».

En las últimas semanas ha habido un cambio de estrategia muy importante. Tras capturar Buner, el Ejército se está concentrando en Swat. Pero los ataques suicidas se siguen sucediendo en Islamabad, e incluso en Lahore. Y no olvidemos la catástrofe que supondría un sabotaje en la central nuclear de Kahuta. Hoy mismo (por ayer) he oído que ya hay mujeres suicidas preparadas en Waziristán...Creo que Islamabad tenía que haber atacado a los talibán en Pakistán hace mucho tiempo. Para mí, la incógnita es hasta cuándo puede Islamabad mantener la ofensiva.

Considerando que los talibán difícilmente llegarán a 10.000 y son, en su mayoría, analfabetos, ¿cree usted que podrían hacerse con el control del arsenal nuclear paquistaní?

Le voy a responder con otra pregunta: ¿Cree usted que un grupo de analfabetos es capaz de llevar a cabo un atentado de la envergadura del 11-S?

Hay quien apunta a que desestabilizar definitivamente el país y provocar su desintegración está en la agenda de Washington...

Está claro que EEUU tiene una agenda muy definida, basada, como todos sabemos, en el control de los recursos energéticos de la región. Pero el mayor problema para nosotros es que Pakistán carece de ningún tipo de agenda, es simplemente un país dependiente y manipulable según los intereses externos. No obstante, no creo que haya un interés en que Pakistán vaya a desintegrarse porque eso es algo que no interesa ni a Washington ni a India ni a China ni a nadie. No es posible controlar la región con un Pakistán inestable.

Ante las elecciones en Afganistán a finales de este año, todo apunta a que Hamid Karzai, también pastún, saldrá reelegido. ¿Será un buen presidente?

Karzai es muy inteligente y ha jugado muy bien sus cartas. Todo el mundo sabe que es el hombre de Washington en la zona pero, desgraciadamente, es la opción menos mala. Tenemos que aceptar que la única posibilidad real de reconstruir un país como Afganistán ha de venir de mano de Karzai. No hay otra alternativa.

Ya que hablamos de elecciones, ¿qué opinión le merecen los recientes acontecimientos en Irán?

Las informaciones que recibimos todos son contradictorias. Me siento incapaz de afirmar con rotundidad si se ha producido o no un fraude electoral. Irán ha sido hasta hoy un país estable pero resulta evidente que Ahmadineyad se está enfrentando a una situación inédita desde la revolución del 79. No obstante, no creo que haya una «mano negra occidental» tras las movilizaciones de la oposición. Con el anterior presidente de EEUU no tendría ninguna duda, pero pienso que Obama no está interesado en desestabilizar Irán.

 

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«Los pastunes somos el 70% de la población, pero los baluches copan todos los cargos de relevancia del Gobierno regional»

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