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Raimundo Fitero

Controladores

Las imágenes acumuladas crean desazón. Las retóricas discursivas abundan en la cerrazón. Se necesitan controladores de los múltiples movimientos emocionales que circulan en abierto o encriptados. Los televidentes pasivos sufrimos excesos de soflamas radicales. Ver los mensajes de SMS en Intereconomía o Veo7, es contemplar una realidad social y política incuestionable. Se pide sin reparos, sin despeinarse, gratis total: la pena de muerte, la intervención de los ejércitos, la violencia y la guerra sucia. Por separado o en un mismo mensaje. Que nadie se inmute, eso es libertad de expresión. Al igual que todo cuanto se les ocurre decir a los tertulianos. Es, claro está, su libertad de expresión.

Vemos una circunstancia con un ministro con pinta de subastero de chatarra, actualmente manoseando el destino de los trabajadores de manera absolutamente demagógica, al que se descubre mucho mejor por su entorno, por su rictus, que por sus corbatas y peinados peperos. Celestino Corbacho confunde casi todo, y entre sus confusiones es colocar a guardaespaldas en vez de periodistas para los asuntos de comunicación. Ha sucedido con un periodista de TVE al que se le ocurrió hacer uso de su perspicacia periodística y preguntarle al hilo de una noticia de alcance algo al ministro en el pasillo. Se para, contesta con una cara de perdonavidas y cuando se retira aparece su secuaz, le da la bronca al joven periodista y le amenaza. Textualmente: «Voy a quejarme y lo has hecho muy mal, muy mal. Es más, voy a pedir quién eres y evitar que vengas a este ministerio en la medida de lo posible». ¿Alguna duda?

Son los tiempos, los malos tiempos, para la libertad de expresión, para el periodismo, para todo lo que no sea propaganda o manipulación. Insistiremos: es imperdonable que se convoquen ruedas de prensa y no se admitan preguntas. Es imperdonable que el ochenta por ciento o más de las informaciones que se publiquen, se emitan por radio o televisión, se refrían en Internet, tenga su origen en gabinetes de prensa y no haya contraste ninguno. Así nos va, por eso hacen falta más controladores de la subjetividad con denominación de origen.

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