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El último mamífero

Ines INTXAUSTI | Crítica de televisión

Por fin se ha desenmascarado al superhombre de Cuatro que semana tras semana aparece en los lugares más aparentemente recónditos de la tierra, en situaciones forzadamente peligrosas y actuando de una manera fingidamente artificial como si fuera el último superviviente universal. Más o menos como el concurso de Telecinco entre seudofamosos de todo a cien pero con un equipo de seis personas mucho más preparado que el de la cadena de Jorgejavier.

He visto cinco o seis programas en los que el ex soldado británico Bear Grylls (un nombre ad hoc donde los haya) actuaba de manera salvaje pero necesariamente instintiva (doy fe que yo misma actúo así en muchas otras ocasiones rutinarias) mientras hablaba a una cámara que sostenía otro ser humano frente a él y otros tantos hasta completar el sexteto amigo. En la tundra ártica peló -literalmente- una especie de gran oveja, uro o yo qué sé lo que era aquello. Pero no lo hizo en tiempo real. Comenzó con su ímpetu habitual mientras hablaba como si tuviera (lo tiene, lo tiene) un cuchillo entre los dientes y de repente el saco del animal aparecía del revés de manera que la sanguinolenta parte interior quedaba al descubierto y la piel se había convertido en un reconfortante saco natural para dormir. Como esto no le pareció farsa suficiente -tampoco me lo pareció a mí-, arrancó el corazón del animal y le pegó un buen tarisco. No le vimos masticarlo y mucho menos tragarlo, así que sospecho que lo escupió mientras su asistente le limpiaba la boca con bicarbonato y le hacía un lavado de estómago a base de brandy.

Era evidente que Grylls estaba narrando algo seguramente necesario, recomendable y sobre todo posible en el caso de que un solo ser humano sólo pareciera muy solo por aquellas latitudes. Pero este ser humano no era, ni mucho menos, él. El espacio televisivo de Grylls hay que enmarcarlo dentro de los programas buscadores del más difícil todavía sin olvidar el origen de todos ellos en Jackass. Eso y el falso valor añadido de pertenecer a la parrilla del canal Discovery Channel hacen que se trate más de un juego para adolescentes que algo verdaderamente serio.

Sin llegar al peligro de Myth Chasers, también en Discovery Channel. Yo he disfrutado de mis últimos días de vacaciones en Órgiva, capital de la Alpujarra, y en verdad les digo que este lugar bien se merece una visita del National Geographic. Los últimos mohicanos residen aquí. Son generosos y seguramente por ello sobreviven como, seguramente, no podría hacerlo este Grizzlly Bear de juguete quien después de asomarse durante unos minutos a nuestra pantalla se retira a su resort para vomitar insectos.

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