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César Arrondo Profesor en la Universidad Nacional de La Plata, Argentina

Por un polo soberanista sin tutelas

El pueblo vasco no necesita que nadie le marque la agenda política ni que nadie se arrogue la representación del conjunto

La construcción de un polo soberanista debe expresar la voluntad de los partidos abertzales, luego de realizar una necesaria reflexión sobre lo actuado y la lectura de la realidad, la cual nos muestra claramente que el bloque constitucionalista español se ha hecho cargo del Gobierno de la Comunidad Autónoma Vasca como consecuencia de la atomización del campo nacionalista y la prohibición de concurrir a elecciones de un sector de la sociedad vasca que se adhiere a Batasuna. Cabe destacar también la falta de humildad del nacionalismo en su conjunto para intentar buscar un acuerdo de mínimos entre los partidos que tienen como norte trabajar para cristalizar las aspiraciones soberanistas de la nación vasca.

Tal vez para muchos la hipótesis de «cuando peor mejor» sea el escenario perfecto de cara al futuro, allá ellos. Pero cabe recordar que fue en Irlanda donde se desarrollaba un enfrentamiento interminable entre británicos y el IRA, lo cual sólo hacía posible involucrar a nuevas generaciones en un conflicto interminable, condenándolos a vivir envueltos en estado de acción y represión permanente. Pero un día primó la cordura, y quienes hasta ayer se enfrentaban en todos los planos se sentaron en una mesa generosa, sin exclusiones, y comenzaron a buscar mínimas coincidencias. En tal sentido, acordaron desde el primer día que el conflicto era de naturaleza política y que la resolución del mismo, sólo debía provenir en clave civil y por las vías políticas y democráticas.

En Euskal Herria, más allá de las condiciones actuales, se ha trabajado y se continúa trabajando de forma pública y discreta por la construcción de un polo soberanista, cuyo objetivo es que los partidos políticos tomen en sus manos la negociación política con los estados español y francés con el propósito de iniciar una acción que permita desbloquear la situación de parálisis actual y comenzar a trabajar por la vigencia del legítimo derecho a decidir del pueblo vasco y, en consecuencia, cristalizar su autodeterminación. En tal sentido, imaginamos una mesa de negociación entre partidos políticos vascos y los gobiernos de los estados involucrados en el mismo, en este caso, el Gobierno español, para resolver la cuestión política, y otra instancia de negociación entre el Gobierno de Madrid y ETA para que a partir de los rituales necesarios se acuerde el fin de la organización armada.

El pueblo vasco no necesita que nadie le marque la agenda política, como así tampoco que nadie se arrogue la representación del conjunto. Hay miles de personas de diferentes partidos nacionalistas vascos que esperan ansiosamente que el conflicto político finalice, y para que ello ocurra hay que seguir trabajando, apoyando a todas y todos los aberzales que apuestan por lograr la vigencia del derecho a decidir y la autodeterminación de Euskal Herria, por las vías civiles, pacíficas y democráticas. En tal sentido, seguiremos trabajando con todas nuestras fuerzas, día a día, por la construcción de un polo soberanista sin tutelas.

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