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Maite SOROA | msoroa@gara.net

Realidades diferentes


Basta repasar la prensa españolísima para constatar que lo nuestro y lo suyo son dos realidades tan diferentes que merecen vivir cada cual por su cuenta. Ildefonso Ussia para por ser uno de los columnistas más laureados de la fachenda hispana. Al leer le concluimos que es urgente establecer un cordón sanitario en torno a gente que dice esas cosas.

Ayer se congratulaba de lo que en Euskal Herria se considera un drama: «Es bonito. Me gusta ver a Otegui, Usabiaga y al Rufino detenidos. Descansa el ánimo la evidencia de sus detenciones». Ya ven, en nuestro país la inmensa mayoría piensa justo lo contrario.

En tono de pretendida ironía, asegura que las y los militantes de la izquierda independentista «además de malvados son pesadísimos» y trata de mofarse de reivindicaciones de la sociedad vasca: «Que si los derechos históricos que no se encuentran en ninguna Historia, que si el sufrimiento del pueblo vasco que no ha sufrido, que si la reunificación de los presos comunes por delitos de terrorismo que están en la cárcel por matar a inocentes, y todas esas patrañas que han metido en la cabeza de los niños y jóvenes vascos durante decenios». Durante cuatro decenios, los de Ussia nos calentaron la cabeza con sus melonadas, que si el invicto caudillo, que si la Reconquista, que si moros y cristianos... Ellos sí son pesados.

Luego se pone a insultar y faltar a la verdad: «Es bonita la escena de su ingreso en la Audiencia Nacional. Otegui es el chulo, el matón de barrio con ropa de marca asilvestrada según la moda. Usabiaga, el sindicalista camuflado con un poder casi omnímodo en el mundillo de las bestias. Y Rufino es Rufino, y así está el pájaro (...) Y los tres viven de eso. Que ya me dirán ustedes en qué trabajan Otegui, Usabiaga y el Rufino. Viven del dinero que entregan los empresarios y ciudadanos amenazados. Y eso es delito». Delito es mentir, Ildefonso.

Pero tengo para mí que tanta insistencia es reflejo de inseguridad, de debilidad: «es bonito que caigan y vuelvan a caer. Ante un juez no pueden encontrar argumentos. Ni ante el juez Pedraz. Y hay que aceptarlo y celebrarlo con naturalidad. En las cárceles están muy bien, se les trata muy bien, pueden ser visitados por sus familiares, les autorizan y admiten paquetes y regalos, si el bromuro no les afecta les organizan encuentros primaverales...». Mejor hiciera Ussia en darse una vuelta hoy mismo por Donostia, disfrazado con una peluca roja y una nariz de cartón. Verá la realidad vasca. 

 

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